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miércoles, noviembre 26, 2008

Alumbramiento

He esperado casi una década para darme el lujo de anunciar a toda voz que mi poemario acaba de ser publicado. Ha de resultar obvio que no me compete hablar de sus luces o sus sombras, pero sí quiero comentar brevemente los oscuros parajes por los que ha transitado este libro que desde sus inicios he escrito y reescrito hasta la saciedad.

En el principio era el verbo —en La Habana de finales de los noventa— y entonces el mamotreto llevaba por título El jardín de la inocencia, guiño que respondía a la peor de las intenciones, ya que éste era un texto que era de todo menos inocente, plagado como estaba de infamias —literales, literarias y de cualquier índole—, y en donde primaba el verso libre y las referencias directas a lugares (comunes) de la capital y el resto de la isla.

Poco después de concluir el borrador inicial hice mutis por el foro habanero. De ahí que del mutismo pasara a la primera mutación del manuscrito, que ocurriría ya en suelo neoyorquino, cuando sustituí una docena de poemas por sendos sonetos y eliminé el texto que nombraba al todo, razón por la que su título pasó a ser Ciudad de invertebrados, partiendo del poema que le otorgaba cierta unicidad al mejunje.

Entre 1999 y 2002, algunos fragmentos de esa Ciudad de invertebrados fueron recogidos en antologías que ni yo recuerdo y el poemario tuvo un primer editor en potencia: un personaje radicado en Nueva York, anglosajón y monolingüe, que estaba empecinado en sacar una edición en la que ambas lenguas aparecerían a contracara. Las traducciones las trabajé con espátula fina, mi esposa y una traductora oriunda de la Gran Manzana, con quien la colaboración merecía haber ido mucho mejor de lo que en realidad fue. A finales del 2001, el editor me comunicó que ya tenía las galeradas listas y, sin preámbulos ni advertencias, me pidió que cofinanciara el libro. En el acto le di las gracias. Y le retiré el manuscrito.

Dos años y otros tantos borradores después —en los que seguí eliminando versos libres y favoreciendo el soneto—, contacté a par de editoriales españolas. Ambas quisieron publicar el libro. Y ambas me pidieron sendas contribuciones pecuniarias. Uno de los editores llegó a decirme que el estigma estaba en mi mente; que no olvidara que Eliot se había autofinanciado sus publicaciones. Y yo, que en días de lluvia me caracterizo por mi buen humor y mi mala leche, le di las gracias y con aire de bolero le respondí que prefería que el libro se quedara inédito antes que tener que pagar un centavo por su publicación. Y el manojo de papeles regresó a la gaveta a dormir el dulce sueño de los (in)justos.

En abril de 2004, envié el manuscrito a Pureplay Press y al par de meses recibí respuesta del editor —que devendría amigo y colega, en ese orden—: a recomendación de su lector de poesía —que luego, para mi sorpresa y fortuna, me enteraría de que había sido el irrepetible Néstor Díaz de Villegas—, Pureplay Press publicaría mi Ciudad de invertebrados. El libro entraba en cola y saldría de ella y a la luz a finales de 2005 o principios de 2006. Aleluya. Finalmente aparecía un editor que correría con todos los gastos de publicación y se ocuparía como Dios manda de ese incómodo etcétera que obstaculiza al mundo editorial. Ay, pero no todo lo que tiene buenas intenciones está destinado a dar frutos. Y a mediados de 2006, el editor y yo, de mutuo acuerdo y por contratiempos que no vienen a colación, decidimos que no era oportuno que mi libro apareciera bajo su sello.

Ya para ese entonces, tres cuartas partes del animal estaban compuestas de sonetos y el resto incluía desde haikús, hasta epigramas, pasando por alguna que otra descarga (no hay otro nombre) desgranada en prosa poética. Fue entonces que me encomendé a Petrarca y opté por entregarle mi libro en su totalidad al endecasílabo. Le quité las referencias directas a la capital y el resto de los lugares (comunes) de la isla y reinventé el manuscrito que en algún momento se jactaba de su falsa inocencia como un ciclo de sonetos. En este borrador (del cual ya he adelantado subrepticiamente algún que otro texto en Belascoaín y Neptuno), el monstruo asumió su verdadero título, Los culpables, cerrando de ese modo el círculo que había comenzado con pretendida (y, mal que me pese, real) inocencia.

Dos editoriales, dos, recibieron este manuscrito. Dos editoriales, dos, quisieron publicarlo, pero al final me decanté por Linkgua, entre cuyas ventajas añadidas figura el hecho de estar radicada en Barcelona y tener un editor que ha devenido amigo y lee este blog y le tiene no poca fe al libro.

Dada la bienvenida formal, estimo que el momento es propicio para cambiar de tema. El resto lo dirán los lectores a quienes, como botón de muestra, dejo un soneto escogido al azar (que, por demás y como todos saben, no existe):

Ajeno, febril, fugaz, incongruente,
el tiempo le sucede en su mesura.
Recuerda algún pincel, la partitura
y la inquieta impresión del sol naciente,

el vicio de la edad y la ironía
de las fronteras y de los encierros,
de las falacias y de los destierros
de cada eternidad y cada día.

Amó a su prójimo entre cartas mudas.
Aprendió a respirar en tierra extraña
y el aire, limpio y grave, fue el dilema.

Sus fobias confabulan con sus dudas.
Su pluma tiene forma de guadaña.
Quemó las naves en aquel poema.

martes, noviembre 25, 2008

Castro I en caída libre

La flexibilidad que el sátrapa nunca tuvo en vida la derrocha su monigote. Lo pueden zarandear con el ratón y tirarlo de un lado a otro. El jueguito es adictivo. Y terapéutico.

PD: Me entero por PD que la animación Flash es de Ulises Álvarez.

El joven y el mar

¿Qué fue del jovial mancebo
que con el barbudo un día
se perdió de pesquería
buscando el Pescado Nuevo?
¿Le servía de placebo,
como la foto propone?
Pues el barbudo le pone
el bronceador en el lomo
y el bronceado, con aplomo,
lo mira y lo descompone.

***
Foto: Del archivo (y cortesía) de Camilo Loret de Mola.

lunes, noviembre 24, 2008

Raúl Castro le comunica al Convaleciente su próxima gira por el hermano pueblo de…

Habrá que irse a Venezuela,
lo dice el sobrino Chávez
—gorila que, como sabes,
cocina en nuestra cazuela—.
Habrá que meterle espuela,
habrá que hilar bien finito,
habrá que cantar bonito
para alcanzar nuestra meta:
limosna con escopeta,

¡merengue con platanito!

H/T: Penúltimos días.

domingo, noviembre 23, 2008

Raúl Castro canta una canción folclórica dedicada a La China

Yo quiero un modelo chino,
vestido de camuflaje,
que me enseñe modelaje…
¡Y adiós mi fuero interino!
(¿O era mi fuego uterino?).
Yo quiero un chino, modelo,
envueltico en terciopelo,
muy jovial y rozagante.
Yo quiero mi Rocinante.
¡Paz aquí, gloria en el cielo!

sábado, noviembre 22, 2008

Tarde de gatos

Transcribo una crónica de Max.
***
Sabía que esa tarde miamense había salido a la calle con mi mejor cara de bobo. El carácter de la misión así lo requería: comprar latas de comida para gatos en Wal Mart, encargo de un tío medio loco que dedicaba sus últimos años a mantener cuanto gato callejero deambulaba por los alrededores de su casa.

Al llegar a la tienda me dirigí a la sección de los “pets” y me detuve a llenar mi carrito. Una jovencita, delgada y poco agraciada, se acercó a mí y en tono bajo me habló en un idioma incomprensible —confundida sin dudas por mi aspecto anglo— sobre una gran tragedia. Me entregó un pedazo de papel de libreta escrito a mano donde decía, en inglés, que tenía dos niños anormales y estaba sin trabajo, por lo que solicitaba mi ayuda.

“Debe ser recién llegada —pensé—; desconoce que en un Wal Mart de Hialeah no hay anglos y sólo compran cubanos y miembros de la raza sufrida”.

“Jovencita —le dije en español con amable tono—, Ud. tiene mejor puntería que Sara Palin, porque a ella de cinco le salió un manolo, pero usted tiene de dos, dos”.

Reaccionando con violencia me arrebató el papel de las manos y, mientras se alejaba, me espetó:
—¡Viejo comemierda!

Y sus palabras, en el ya olvidado acento lawtense, trajeron a mi memoria los recuerdos de mi barrio: la Calzada del 10 de octubre, la loma de la iglesia, el paradero de las guaguas, los pinos de la loma del burro…

Terminada la compra me dirigí al parqueo y comencé a llenar la parte trasera de mi humilde automóvil. Un carrazo grande, algo viejo, paró a mi lado y se bajó el cristal eléctrico de la ventanilla del pasajero.

—¡Oiga, amigo! — se dirigía a mí el chofer del carro, cubanazo, medio tiempo, más cargado de cadenas que un galeote—. Estoy sin trabajo y necesito comprar unas inyecciones para las piernas —me dijo, mientras mostraba en su mano algo que parecía un frasco de medicina.

—Amigo, yo también he caído en desgracias —le dije—. Vea usted que estoy comiendo arroz con comida de gatos como si fuera picadillo, pero puedo resolverle un par de laticas.

—¡Váyase pa´ la p…ga! —me contestó airado.

“Preferiría no hacerlo”, iba a responder al mejor estilo de Bartleby, pero aceleró el carro y salió en busca de otra víctima.Con mi alma permeada por una gran paz espiritual decidí que era mejor regresar a casa para ver la última película de Pacino y De Niro —pirateada, por supuesto— que me había prestado mi hija.

viernes, noviembre 21, 2008

Estampas habaneras (V)

La iglesia de Reina
Teresa Dovalpage

La torre puntiaguda, con su aguja neogótica, se alza y se estrella contra el cielo. Como flecha de piedra viva, dirían los cutres poetas de antaño. Como un misil intercontinental, dicen los prosistas, más cutres aún, de hogaño.

Es una tarde de domingo. Acabo de bajarme de una guagua. (Vaga que soy, mi apartamento, en Carlos III y Espada, dista menos de seis cuadras de Reina. Pero son tiempos anteriores al período especial). Me bajo de la guagua, digo, cruzo Belascoaín y camino hacia el templo con precaución de buhonera ilícita.

Antes de entrar al portal —no muy limpio y con algunos olorcillos que de beatíficos poco tienen— observo cautelosa a mi alrededor. Izquierda, derecha, otra vez izquierda y huye que te coge el moro. A la entrada está la portería, donde la inefable Teresita Bacallao o Esperancita reciben lo mejor posible a todo al que se le ocurra asomar las narices por allí. No son muchas narices las que ven, por cierto. En aquel tiempo (un día cualquiera de los años 80) la religión no se ha puesto de moda todavía y la posibilidad de que el Papa visite la isla colinda con la ciencia ficción.

El altar es de mármol y los vitrales representan, supongo, escenas de la Biblia. Nunca me detengo a mirarlos. Hay algo de subversivo (sí, no lo borro: ¡subversivo bien!) en asistir a una misa de domingo en la iglesia de los jesuitas. Bajo las bóvedas, góticamente ojivales, se han sentado los cuatro gatos que suelen venir a esta hora. La misa de los jóvenes, por las mañanas, es algo más concurrida, pero tampoco multitudinaria, eh. Las filigranas del altar son un tejido de Aracné en alabastro, bronce y mármol. Quizá si las viera ahora me inundarían de admiración babosamente turística. Pero aquel domingo no me importaban los ventanales, ni los vitrales ni el clasicismo ni los arcos. Lo importante era la callada complicidad del templo y de la torre que lo vigilaba, con su aguja neogótica como un misil intercontinental.

jueves, noviembre 20, 2008

Convenio político-religioso-comercial entre los pueblos hermanos de Cuba y Rusia

Erigiremos un templo
a esta iglesia compañera
(que es ortodoxa y señera)
y daremos un ejemplo
—esas cuestiones contemplo—
de tolerancia a la intrusa
iglesia ortodoxa rusa
sin seguidores cubanos:
¡les cambiaremos habanos
por zapatos de gamuza!

miércoles, noviembre 19, 2008

Inventario de Miami

(a Zoé Valdés, que inspiró este soneto con una excelente crónica)

Hay soledad y hay falta de cabilla,
pingas paradas, chochas que chorrean,
castristas reciclados que chochean,
pero ya no hay país ni maravilla.

Es la ciudad de la mierda con lujo
(la mezcla es tan nefasta, tan cubana,
tan propia del Vedado o Centro Habana).
Resisto sus embates y su embrujo,

evito sus mil poses, en detalle:
su botox, sus botes y sus embotes,
su arte de realismo socialista,

me quedo con la gente de la calle
que no arma ni desarma despelotes

y me es mucho más grata que el dentista.

martes, noviembre 18, 2008

Abajo quién tú sabes

1
Estaba repasando unas fotos de mi antiguo barrio con la esperanza de que me ayudaran a escribir una escena de mi segunda novela cuando me vino a la mente el periodo de finales de los ochenta y principios de los noventa, época en que el futuro ministro de relaciones exteriores y por aquel entonces presidente de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), Robertico (sic) Robaina empezó a organizar conciertos multitudinarios que atraían a la muchachada adormecida y abúlica y que terminaron por secuestrarle a la “novísima trova” lo poco que le quedaba de rebelde,
haciendo coexistir en infeliz tarima a Fidel Castro y Carlitos Varela, esos grandes genios del espectáculo que, al parecer, tenían un público en común. Recuerdo aquellas cintas blancas en las cabezas y las garabateadas consignas en negro que las recorrían de un lado a otro y daban cuenta de un optimismo inmerecido, de una victoria abrumadora sobre un enemigo invisible. Aun me cuesta olvidar todos los letreros producidos en masa que entonces y de la noche a la mañana cubrieron cada superficie plana de la ciudad con colores tan chillones como el triunfalismo que preconizaban y que repetían ya fuera sobre paredes de concreto, portones de madera o rejas de metal: «Te seré fiel, Revolución» y demás estupideces al uso.

2
Si alguien me preguntara cuál es el colmo de la adulación —desgracia que abunda en mi tierra y se conoce con los más carismáticos nombres de guataconería o chicharronería—, sin chistar ni pensármelo dos veces —y dejando al margen las genuflexiones del ministro cubano de (in)cultura en la presentación del más reciente libro de su comandante—, respondería que una pintada progubernamental en un muro de alguna calle de cualquier ciudad, sobre todo si la ciudad en cuestión es La Habana o alguna otra de ese país de las sombras largas y chinescas.


3
Adoptar el grafiti —que como todo fenómeno contracultural surgió precisamente para hacerle resistencia al establishment— para apoyar al status quo es no sólo una bajeza, sino una ironía indescriptible. Y viceversa.

4
Aquí me detengo un minuto a imaginar posibles escenarios de cómo fue a parar dicho letrero al muro:

- Un “revolucionario” —al amparo de la noche y de la policía que lo vigila y protege— con aro balde y paleta y lechada de mala muerte pinta la inscripción.
- Un policía atrapa a alguien con las manos en la masa, alguien que estaba a punto de hacer grafiti, esto es, grafiti verdadero, es decir, grafiti subversivo. El oficial lo conmina a modificar el mensaje. Ya conocemos el resto.
- Un chiste que rondaba hace década y media en la capital cubana describía a un personaje que había terminado de escribir en un muro: “Abajo F”, cuando una patrulla que hacía la ronda nocturna lo descubre, lo detiene y lo increpa por sus acciones, a lo que el artista gráfico responde: «¿Me pueden aclarar cómo se escribe Flinton?».

Sólo así se explica ese “Viva Raúl” que aparece en la foto que ilustra esta nota.

lunes, noviembre 17, 2008

Buzón de quejas y sugerencias

Dejen aquí sus insultos
comunistas trasnochados,
envidiosos, amargados
(adolescentes y adultos),
adoradores de cultos
(guevaristas, guerrilleros),
cederistas, jineteros,
sapingonautas, chivatos,
negros, blancos y mulatos,
pirómanos y bomberos.

domingo, noviembre 16, 2008

Oda al hambre vieja

Ay, pasteles de guayaba,
que se pegaban al cielo
de la boca y con recelo
de ustedes me alimentaba
cuando el hambre me asaltaba
en el medio de la vía
y huyendo a la policía
los compraba en bolsa negra,
mi estómago no se alegra,
¡se retuerce todavía!

sábado, noviembre 15, 2008

No a la Cornucopia (edicto encontrado en el imperio del sol decreciente)

El Mundo habló hace poco del delito
—uno de tantos en la imberbe tierra—,
delito diluviano y de postguerra:
todo el que coma más de un huevo frito,

quien tenga una cebolla en la despensa
un melón, un tomate o una piña,
por mucho que cultive la campiña,
por mucho que coopere en la defensa,

por mucho que se desgaste las suelas
marchando ante la enérgica Tribuna,
chivateando a tirios y a troyanos,

jamás podrá escapar de las secuelas
por jugar en el bando de la luna

con acaparadores y gusanos.
____

viernes, noviembre 14, 2008

Estampas habaneras (IV)

Mi escuela alegre y bonita
Teresa Dovalpage

Entre los libros que traje de Cuba está el más conocido de Edmundo D’Amici. Y ayer precisamente, desempolvando mis libreros, di con aquel viejito, ya bastante despeluzado ejemplar de Corazón.

Por muchos años creí que el tal libro debía ir junto a los de Bradbury en el clóset que en mi casa fungía como biblioteca. Aquellos maestros preocupados y amables, aquellos estudiantes respetuosos que (con una excepción) pueblan las páginas de Corazón no podían ser realidad, ¿eh?

Ay, mi escuelita primaria, centro habanera y barriotera... Si D’Amici la ve, le da un infarto. Creo que la calle donde estaba era Sitios, pero no puedo asegurarlo. Lo que sí me atrevo a jurar era que el olor que se sentía apenas transpuesto el umbral era a comida agria, a leche requemada, a sudor, a bocas no lavadas, a aguas albañales, a mierda y, leve, indiscretamente, a ratón. Ratón que habitaría una de las mil hendiduras de las desconchadas paredes de las aulas, que no se pintaban jamás.

“Mi escuela alegre y bonita” rezaba la calcomanía de la puerta, sin duda puesta allí por un geniecillo maléfico e irónico. Pues la escuela primaria José Joaquín Palma tenía poco (si es que tenía algo) de estas dos cualidades.

Y si sólo fuese el edifico de categoría Z... pero los maestros, señor... ¡los maestros! El ejemplo para las nuevas generaciones, los forjadores del futuro...Y veo de nuevo a María, que tendía los pañales de su hija a secar en el aula, en una tendedera improvisada entre pupitres. Y a Elena, la terrible, que dejaba a su hijo levantarles las sayas a las chicas y no sabía sumar. (Elena, no su hijo). Y al boquirroto de Juan, que llenaba la clase de coños y carajos cuando no le prestaban atención. Y a Emma, la pobre Emmita, cuyo marido, querido o significant other iba al aula a dormir la siesta. Lo llamábamos indistintamente Esopo (como al jorobado de Enrique de Lagardere, porque era maletúo) o el Bello Durmiente...

Cuántos recuerdos y evocaciones me han traído, por asociación contrastiva (si tal término existe) el tropezar de nuevo con ese libro maravilloso y sci-fi que es Corazón.

jueves, noviembre 13, 2008

Jardines invisibles en la Feria del Libro de Miami

LOS NOMBRES DE LA NOCHE, de Carlos Pintado
LOS FRUTOS DEL VACÍO, de Heriberto Hernández
SEÑAL DE VIDA, de George Riverón
UNA DOCTRINA DE LA INVISIBILIDAD, de Manuel Sosa
Fecha: 13 de Noviembre
Lugar: La Casa de Tula
1513 SW 8 Street
Miami, Fl, 33135

El corojo se rompe hoy, a las 7pm, en La Casa de Tula. No se lo pierdan. Dichosos los que puedan asistir. Y que alguien me haga el favor de darle un abrazo a Sosa de parte mía.
Nota: Estos libros podrán adquirirse los días 14, 15 y 16 de Noviembre, durante la XXV Feria Internacional del Libro de Miami en el stand de Bluebird Editions (Stand 346 E. 3th ST entre NE 1st Ave and NE 2nd Ave.) Aquí, detalles sobre los libros.

De las emergencias cotidianas

Les dejo una anécdota muy simpática que le sucedió a Ana T. —amiga que habita en tierras tapatías— cuando, meses atrás, se apareció en una librería de Guadalajara a preguntar por mi novela.

***
Dice Ana T.:

Fui con la señorita encargada de los libros a preguntarle si tenía Salidas de emergencia. Como me habías comentado que sólo estaba disponible por Amazon.com se me hizo raro que me contestara que sí y muy amablemente me señaló en dónde estaba, le pregunté que en qué estante y me miró con asombro. «¿Cómo?», me dijo y le volví a preguntar si tenía “el libro” titulado Salidas de emergencia; ja ja, la señorita había pensado que le preguntaba por las salidas de emergencia de la librería, en fin... Ya he conseguido el libro a través de Amazon.com. Pero me reí un buen rato en la librería.

miércoles, noviembre 12, 2008

Sapingonalia (una isla)

El sapingo me llama resentido
(cuando critico a Castro) y da un respingo.
No le gusta mi ataque al Gran Sapingo.
Ay, sapingo, carente de sentido,

que defiendes la gloria del Partido,
y el trabajo del sábado y domingo,
¿que no sabes quién es el Gran Sapingo?
Gran Sapingo es un pingo malnacido,

es un pingo malquerido y malcriado,
que se aferra al poder cual garrapata
y que quiere fundirse (o confundirse)

con la patria, el escudo y el estado
y sueña con dar muerte y con dar lata,
pues sólo así consigue divertirse.

martes, noviembre 11, 2008

Tema del patriota y el traidor

O patriota o traidor, de ti depende.
¿O son uno los dos? (En vano el día
que teñimos de sangre la alegría
sobre nuestras cabezas pende y pende).

El patriota saldrá mares allende
a enarbolar nuestra ideología
y el traidor tomará la misma vía,
mas su fuga será mares aquende.

¿O es que acaso el traidor y su patriota
son las dos fases de un ciclo que cierra,
de un círculo cuyas puntas se besan?

¿Es mi traición patriótica esta nota
y el patriota quien huye de su tierra
y el traidor ése a quien las barbas mesan?
______

lunes, noviembre 10, 2008

Jardines invisibles en la Feria del Libro de Miami

LOS NOMBRES DE LA NOCHE, de Carlos Pintado
LOS FRUTOS DEL VACÍO, de Heriberto Hernández
SEÑAL DE VIDA, de George Riverón
UNA DOCTRINA DE LA INVISIBILIDAD, de Manuel Sosa
Fecha: 13 de Noviembre
Lugar: La Casa de Tula
1513 SW 8 Street
Miami, Fl, 33135
Hora: 7.00 p.m.
Dichosos los que puedan asistir.

Nota: Estos libros podrán adquirirse los días 14, 15 y 16 de Noviembre, durante la XXV Feria Internacional del Libro de Miami en el stand de Bluebird Editions (Stand 346 E. 3th ST entre NE 1st Ave and NE 2nd Ave.) Aquí, detalles sobre los libros.

Esquina con primavera rota (III)

¿Qué exaltación, qué gozo canta el bardo?
¿Le embriagan el salitre y su quejido?
Su verso vuelve a ser un ciervo herido:
cultiva hiel, arena, ortiga, cardo.


Sus días multiplican la mentira.
Sus noches son silentes desengaños.
Su tierra es el país de los extraños.
Su verbo estalla, pero no conspira.

Ha vivido derrotas innombrables.
La inmensidad del átomo le aterra.
Sus madres languidecen tiernas, solas.

Su asombro y su credo son maleables.
Sus hijos no volvieron de la guerra.
Sus nietos se perdieron en las olas.

domingo, noviembre 09, 2008

Oda al correo basura

Masha me pide que vote.
¿Quién es Masha? Es una rusa
que me escribe (la muy intrusa),
y quiere que me alborote
enseñándome su escote,
sus piernas largas, su pelo,
que es, para muchos, desvelo,
pero a mí no me hace mella
porque yo tengo mi estrella
y mi pedazo de cielo.

sábado, noviembre 08, 2008

Esquinita cruel, del Vedado, barrio aquél…


El edificio rojo que aparece en la foto —en la esquina de 25 y G— es el “Palace”. Para ponerlo en letra de bolero, de aquel palacio ya no le queda ni el recuerdo. El edificio grisáceo que se le enfrenta desde el otro lado de calle —no sé desde cuándo— lleva el nombre —el apellido— de nuestro más ilustre suicida: “Chibás”.

Los primeros años de mi infancia y —luego de un hiato por provincias—, en mi más temprana adultez, antes de mudarme a los predios de Belascoaín y Neptuno, viví en el séptimo piso del Palace, en un apartamento que se jactaba de un envidiable balcón a la Avenida de los Presidentes —avenida a la que, para ponerlo en letra de bolero, de aquellos presidentes ya no le quedaba ni el recuerdo—. El Palace se podría haber jactado también de un cajón de aire que daba a uno de nuestros cuartos y por el que, muy a mi pesar, me mantenía al tanto de quién le pegaba los tarros a quién, o me enteraba del mal que se iba a morir la puta de la madre de Fulana, o me llegaba la grata noticia de que en la triste bodega de 25 y F estaban vendiendo el arroz (con piedras) correspondiente al mes anterior. Fue en esta caja de resonancias, gloria de glorias, donde aprendí en mis primeros años todas las malas palabras que debía tener en su léxico cualquier habanerito en ciernes.

Más que edificio, aquello era un solar vertical. Pero el solar interminable, que —mirado desde abajo— quería perderse en el cielo como la
columna infinita de Brancusi, me regaló una tía y el consecuente par de primas, así como un resquemor por el chisme y los elevadores viejos y, para mi sorpresa, a décadas de distancia, aún me trae recuerdos entrañables.

Este blog se pudo haber llamado 25 y G. Hago constar.

viernes, noviembre 07, 2008

Estampas habaneras (III)

Los restos del Manzanares
Teresa Dovalpage

En la esquina de la Avenida Carlos III —no hay manera de que me salga llamarla Salvador Allende, ¿verdad, Néstor Díaz de Villegas?— y San Francisco hubo un cine llamado Manzanares muchos años atrás. Cuando me mudé de Lawton —¡querida Víbora!— en 1971, ya el cine había dejado de serlo y las únicas películas que se proyectaban allí eran las que se pasaban en sus afiebradas cabecitas los borrachos del barrio. Cuando salían del bar Cincuentenario, al que ya me referiré más adelante, se dirigían a lo que fuera sala de proyecciones, convertida en cementerio de papeles y botellas vacías, y allí daban del cuerpo o mataban impunemente el tiempo. Al menos eso se decía en el barrio.

Un día, cuando tendría yo nueve o diez años, se me ocurrió llegarme por allá una tarde a curiosear. Como los gatos, tengo atracción magnética por las puertas cerradas. Abrí sin dificultad aquellos portones de madera carcomida y hedionda y entré... al aire libre porque en el cine no quedaban techos ni paredes ni la madre que los parió. Pasé al fresco. Y allí, bajo el sol de la tarde, estaba sentado un borrachito triste. Tenía una botella al lado y los pantalones por los muslos y una cosita fláccida, más triste que su alcohol, entre los dedos.

No sentí miedo, ni ganas de huir. No me quedé traumatizada. Lo que me sobrecogió fue una pena enorme cuando aquel borrachito me mostró el pellejo que le colgaba entre los dedos sucios y me dijo con voz velada por las lágrimas: «Muchachita, esto ya no sirve pa' na'».

jueves, noviembre 06, 2008

Oda a la serpiente que se muerde la cola

¿Pero nadie ha dicho nada
de este post tan ocurrente,
tan gracioso y tan candente,
tan movido cual lambada,
tan sabroso cual fabada,
y que derrocha modestia
y es, del castrismo, molestia
y es oasis en el éter
y es para el alma un catéter…?

Lector, ¡no seas tan bestia!

martes, noviembre 04, 2008

Crónica electoral

No me compete decir que éstas fueron mis primeras elecciones, pues ya había votado —yo y otras 28 personas a lo largo y ancho del país— en las que se efectuaron en 2006. Recuerdo que cuando me aparecí en el colegio electoral, con mi licencia de conducción y una sonrisa de oreja a oreja, los voluntarios reaccionaron con cierta sorpresa (por no decir suspicacia) ante mi entusiasmo de primerizo. A la ligera, la diferencia más notable entre el electorado del 2006 y el del 2008 es que en aquella ocasión los votantes no se movían con el tumbao que tienen los guapos al caminar. De hecho, si mal no recuerdo, el número de votantes en el estado de Nueva Jersey estuvo por debajo del 20% durante esos comicios, efectuados entre los presidenciales de 2004 y 2008. (Aclaro que no me molesté en verificar la cifra de votantes de hace par de años y, puesto a ser preciso, tampoco me interesa; de paso, invito a los lectores a que piensen que, como el 47.3 % de las estadísticas a nivel mundial, ésta la inventé en el acto).

En lo que respecta a participación ciudadana, no me queda duda de que el 4 de noviembre de 2008 el panorama ha sido bien distinto: a pesar de que no me encontré con la multitud enardecida —ni el gato en casa, ¡todos a la Plaza!—, cocinándose a fuego lento en una cola que le daría dos vueltas a la manzana, me alegró constatar que entre mi entusiasmo por ejercer el voto y la urna que me acogería para tal efecto mediaba una modesta fila india que hizo que, desde el momento en que entré al recinto hasta mi salida, tardara media hora para adentrarme en la cabina improvisada a señalar con una cruz quien a mi juicio ha de regir los destinos de esta tierra (que es azul y también es roja) durante los próximos cuatro años.

En las afueras del colegio, se me acercó una periodista del Star Ledger que estaba involucrada en la famosa encuesta de salida (exit poll, para los anglófilos). La atrajo mi innegable cara de cumpleaños y el hecho de que mi esposa me tomaba fotos a la entrada del recinto. Cuando supo que éstas eran mis primeras elecciones presidenciales, me comió a preguntas. La primera: ¿a quién le había dado mi voto? A lo que contesté preguntándole si era legal lo que me preguntaba. Verán: el voto, además de secreto, tiene sus reglas y una de ellas establece que en un determinado perímetro de los colegios electorales queda prohibido hacer campaña a favor de ningún candidato —lo que incluye mencionar por quién se vota—, para evitar ejercer influencia en quienes no saben si decantarse por el pollo medio crudo o la mierda con vidrio molido —la analogía es del desopilante David Sedaris; Enrisco ya la desmenuzó con su acostumbrada gracia y buen tino—.

La periodista me explicó lo obvio: que ya no me podía influenciar pues había votado. (Debí haberle dicho que no lo decía por mí, que para mí, nada para mí, camaroncito; ¿qué he de querer yo?, pero Masicas y el resto de los votantes que venían acercándose, en teoría, podían haber escuchado mi respuesta y haber cambiado de opinión en los últimos diez metros, que por acá, al parecer, somos muy volátiles. Pero era una bella mañana de otoño, así que le dejé pasar la perogrullada). Le susurré mi candidato y mis razones. Y cuando escuchó que ésta era mi primera elección presidencial, pero no por el hecho de haber recién alcanzado la mayoría de edad —usaba espejuelos con algo de aumento, de ahí que me tomara por alguien mucho más joven—, sino por haberme naturalizado norteamericano hace sólo dos años, perdió interés en lo que tenía que decir. El brillo regresó a sus ojos cuando escuchó mi país de origen, pero ya era yo quien iba en retirada. (Mi esposa me aclara que no, que ni la mención de la isla pavorosa —la imagen feliz es de Juan Abreu— le hizo recuperar el interés perdido: la mujer tenía una misión: entrevistar nuevos votantes que fueran jóvenes y de cualquier raza menos la blanca). No hice más que despedirme de ella cuando me encontré con uno de mis vecinos. Mientras lo saludaba, una voz que salió de la nada, le dijo: «Si eres republicano, las elecciones son mañana. Regresa entonces». Todos rieron. Nadie cuestionó si la broma era legal en esa parte de las afueras del recinto. Entonces, casi sin notarlo, me puse a tararear el estribillo de una canción de Superávit: «Elegir nunca asegura acertar». Y me fui, con la enorme satisfacción del deber cumplido, alegre, como el jibarito, silbando así por el camino.

Votar con todo

Se vota con las narices,
se vota con la cultura,
con la cara fresca y dura
y con estas cicatrices…
Ya comeremos perdices
después del dichoso voto
y armaremos alboroto
cuando gane el candidato
que es blanco y negro (mulato)
o el viejo que fue piloto.

lunes, noviembre 03, 2008

Éramos la leche (II)

El amigo al que aludo en “Éramos la leche” me acaba de enviar una nota a mi correo personal. En vista de que me sacó alguna carcajada y con su permiso, la publico aquí, usando —a petición suya— el nombre de guerra del susodicho. Incluyo, también, un fragmento de mi respuesta. Ya que estamos: omito nombres (los reduzco a iniciales) para proteger a inocentes y culpables.

Por último: perdonen lo escatológico del intercambio; no olviden que este blog versa principalmente sobre Cuba.
***
Y dice Carmona caja quinta, cazador de mulatas y sus derivados:

Como te prometí, leí tu blog el domingo y créeme que me sacó una sonrisa. Aunque tengo que reconocer que es una adaptación libre a las memorias. Si mal no recuerdo, lo del chorro incontenible de diarrea fue debido a unas tripas de res que se comieron J., El Caballo, A. y L. (entre otros) que estaban pasadas de tiempo, pero como tú sabes, nosotros en esa época teníamos el estomago blindado y nos cagábamos en la noticia (valga la redundancia) y le metíamos el diente a cualquier cosa (…). Pues retomando el tema: recuerdo que estábamos en una práctica docente y lo más sobresaliente no fue lo pedagógico de la estancia sino lo popular. Ahora sí, nunca olvidaré que el chorro de mierda corría por las paredes del meadero, pues había que practicar la cagada de altura desde el entre-baño para no ensuciarse los pies. ¿Cuántos recuerdos, verdad? Pero, de todas formas, me divertí, además me hiciste recordarlo. Te mando un abrazo bien grande y te prometo que de vez en cuando te haré comentarios sobre tu blog.

***
Y le respondo:

Ah, si por eso mismo quería que leyeras el texto. Resulta que estamos hablando de dos episodios completamente distintos. Lo de la mierda voladora ―atribuida indistintamente al J., L., A., El Caballo, etc.―, aconteció como bien dices durante una etapa de práctica pedagógica en una secundaria o preuniversitario becado. Y ocurrió tal y como lo cuentas: tripas de puerco lavadas hasta la saciedad, cocinadas hasta lo crujiente y devoradas hasta el hartazgo. (Y, ya que estamos, ¿cómo olvidar el campo de papas adyacente y nosotros recogiéndolas en medio de la noche para hervirlas y acompañar el banquete de intestinos porcinos? ¿Y cómo olvidar a L., encuero en medio de la larga carretera y la noche fría, con el pelo recogido en un moño y unas botas Centauro que partían el alma? ¿¡Y qué hacía L. encuero a esa hora, tiritando?! Ah, los misterios de la vida y juventud, divino tesoro. Pero déjame aclararte que este episodio fue en tercer año de la carrera, que era el primer año en que el Pedagógico nos mandaba a las famosas prácticas docentes.

Lo del trabajo suspendido por mierda producto de las longevas latas de leche evaporada y sus fétidas consecuencias ocurrió antes, en una escuela al campo y fue así como lo cuento. Fue en el curso en que todos ―tú, C., F., yo― pedimos licencia, que fue cuando estábamos en segundo año, si no me equivoco. Tú habías pedido la licencia al iniciar el curso. Y por eso te perdiste la rebelión intestinal. Yo la pedí en diciembre, antes de concluir el primer semestre (pues con el cúmulo de ausencias que tenía en Historia de la Revolución Cubana no me iban a dejar presentarme a exámenes). Y esta etapa al campo fue en octubre. De tal suerte (es un decir) me tocó morder el cordobán. Y beber leche caducada.

Todo esto para decirte que me ha dado un alegrón enorme que te hayas dado el brinco por el blog. Y para reiterar que tomé prestado tu apartamento del Pastorita (y tu edificio de Retiro Radial) para ambientar escenas de mi novela ―que llora en los anaqueles de tu casa, esperando que la abras―. Si no tienes tiempo para meterle el diente al libro (cosa que entiendo), por favor, regresa al blog de vez en cuando. Estoy rescatando esa parte de nuestra historia que, mal que nos pese, vale la pena recordar.

Breve tratado sobre la salsa agridulce

¿Cómo explicarte, incauto, ese concierto
de idioteces malsanas, repetidas,
de vidas malgastadas, pobres vidas,
de naves que se alejan de su puerto,

del hambre vieja, del odio insepulto,
de años arando con la misma yunta,
del grito que responde a la pregunta,
de un pueblo que se dice libre y culto:

libre para aplaudir a la cultura
del puño, del garrote y la mordaza
y del terror que deja sus secuelas?

¿Cómo explicarte, incauto, que perdura
la aversión —¿la nostalgia?— por la casa
que pisaron un día nuestras suelas?

domingo, noviembre 02, 2008

Éramos la leche

¿Qué puedo decir en mi defensa? ¿Repetir lo de “ladrón que roba a ladrón tiene mil años de perdón”? Pues no. Aquí hago constar los hechos.

Estábamos en medio de una de esas forzadas etapas de la escuela al campo. En aquella ocasión, asistíamos con el nunca bien ponderado —razones sobran— Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”, enclavado en lo que antes fuera el Cuartel Columbia y que aún hoy, en la tierra del eufemismo, se conoce como “Ciudad Libertad”.

El campo de concentración —o campamento, como prefieran— estaba en las afueras de La Habana. Creo que por aquellos días estibábamos cargamentos de tomate (supuestamente destinados a la capital), plantábamos fresas (sí, fresas), recogíamos café, boniatos, papas, naranjas o cualquier otro grano, cítrico o tubérculo que jamás llegaría a los huérfanos comercios estatales asignados a nuestros parientes capitalinos. No puedo precisar la tarea que “nos encomendara la revolución” aquel semestre. El lapso en mi memoria quizá se deba a que corrían los noventa. Teníamos hambre. Y bebíamos como si el mundo se fuera a terminar con cada trago. (No es justificación, pero vivía convencido de que para digerir —o soportar— la realidad cubana era imprescindible un estado mínimo de ebriedad).Tampoco recuerdo de quién fue la idea —quién quedaría, oh, de autor intelectual del asalto a la cocina—, pero me consta que actuamos en plan Fuenteovejuna: ¡todos a una!

Bajo el amparo de la madrugada, el candado voló por los aires y entramos —borrachines confesos, chivatos tapiñados, niñas bien, puticas malas, repitentes optimistas, profesores distinguidos, ¡todo mezclado!— al cuarto en penumbras que hacía las veces de despensa. Para nuestra sorpresa y deleite, encontramos docenas de latas de leche evaporada, que, como ha de resultar lógico, consumimos de inmediato —en estado casi febril (esto lo confirmaríamos más tarde)—, en medio de aquella larga noche láctea.

A la mañana siguiente, la mierda daba al techo. La oración anterior no es metafórica. Una epidemia de diarrea se desató entre los moradores del local. Los baños no daban abasto. Los deshidratados iban y venían. Las pastillas de sales hidratantes eran repartidas (por primera vez) con carácter democrático. Y antes de que los camiones llegaran a transportarnos a los surcos —camiones que transportaban animales al matadero—, ya el alto mando universitario había decretado la cancelación de la jornada laboral. ¡Trabajo suspendido por mierda! ¡Hurra! ¡Qué gran imagen revolucionaria!

No hizo falta ningún personaje de Arthur Conan Doyle para develar el misterio del caos intestinal. Tampoco (por primera vez) se pudo responsabilizar a la CIA de tamaña cagástrofe. El campamento que nos acogía, en época anterior, había sido una unidad militar. La despensa de marras guardaba lo que los dulces guerreros cubanos conocen como reservas de guerra. Pero esto lo aprenderíamos luego, cuando un amigo —lector ocasional de este blog— se me acercó con la evidencia: en el fondo de una lata recién consumida, la fecha de vencimiento databa del año en que habíamos venido al mundo.

sábado, noviembre 01, 2008

Se busca

Agente literario que responda
correos y llamadas y recados
y lea manuscritos terminados
y tenga su buen gusto y buena onda

—que prefiera el David a la Gioconda,
el ajedrez al póker o los dados,
tristes tigres a tigres disecados,
y sepa por qué va Pilar oronda,

y, ya que estamos, que deteste a Castro,
que haya leído a Orwell y a Kundera,
bostece si se le menciona al Gabo

o cualquier escritor politicastro—,
que trepe como buena enredadera

y me encuentre editor escandinavo.

viernes, octubre 31, 2008

Estampas habaneras (II)

Mulata en la terraza
Teresa Dovalpage

Desde la Terraza Florentina del Hotel Capri, que está en el centro del Vedado, la Habana se extiende bajo la brisa de la tarde, mulata en bikini que se rasca los pechos tendida junto al mar.

Las azoteas son casi todas rojas o anaranjadas. En los jardines del Hotel Nacional relucen dos piscinas como transparentes charcas azules. Su melena gruesa y oscura no puede ondear al viento, pero ella la sacude y hay un olor a sal. De las chimeneas de la refinería sale un humillo gris. Las casitas aisladas parecen de muñecas y ella se amarra a la cintura una toalla de flores. Rompen la simetría de los tejados bajos rectángulos desafiantes que se elevan al cielo. La cúpula redonda del Capitolio, las sólidas construcciones del Habana Libre y del Focsa, la graciosa elegancia del Nacional toman otra dimensión al contemplarse desde arriba. Ella se quita la parte superior del bikini y sus pezones se elevan erectos hacia el sol. Ya te lo dije: La Habana es una mujer.

jueves, octubre 30, 2008

De cómo la realidad imita al arte (que imita a la realidad)

A veces sueño despierto. Se me ocurren diálogos en los que —con humor mordaz y lógica avasalladora— confronto lo mismo a revolucionarios light que a los amanuenses más tozudos de ese monstruo de mil cabezas que es el castrismo y que parecen habitar en todas partes, incluida mi más desbordante (y masoquista) imaginación.

Mis parlamentos —en el ensueño— gozan de una elocuencia envidiable. Los repito —los ensayo— una y otra vez, respetando las pausas correspondientes a las respuestas —en ocasiones como salidas de Granma— de mis interlocutores.

Ya apertrechado con este arsenal retórico, espero a la próxima ocasión —una fiesta, una reunión de trabajo, una cena en casa de amigos de amigos, el vagón de un tren— y, cuando viene al caso, menciono que soy cubano.

No tarda en aparecer el primer lugar común. Y menos tardo yo en sacar mi artillería.

Al margen de algún que otro disgusto, esto es divertidísimo y saludable.

Huelga aclarar que lo recomiendo como terapia.
___
Título: The nightmare
Artista: Henry Fuseli
Año: 1781

miércoles, octubre 29, 2008

Motivos de Anteo

Ya ven que aviso con tiempo...

Política doméstica

1
Digamos que mi padre me pega a diario. Digamos que me tiene malnutrido. Digamos que no puedo abrir la boca en casa por temor a las más insólitas y terribles represalias. Digamos que le tengo que repetir de vez en cuando a este señor que tengo una infancia muy feliz. Digamos que mi vida es, en el mejor de los casos, una miseria. Digamos que en más de una ocasión me han visto con un ojo amoratado. Digamos que la familia de algún amigo conoce lo precario de mi situación y decide tenderme una mano. Digamos que una noche, colmada la copa, decido escaparme de casa. Digamos que en la fuga me arrolla un carro, me pasa un tren por arriba, me parte un rayo, me voy por un tragante… ¿La familia de mi amigo es responsable de esta muerte?

2
El gobierno cubano culpa a los Estados Unidos de los balseros que desaparecen rumbo a sus costas.
___
Título de la obra: ¿Seremos como quién? (díptico)
Artista: Rafael López-Ramos
Técnica: acrílico & tinta / lienzo crudo
Medidas: 36 1/2" x 37"

martes, octubre 28, 2008

De la crítica (¿de las artes visuales?) llevada a sus más ridículas consecuencias

El popular cantante cubano —naturalizado italiano— Paulo FG estrena video clip y promociona su venidera gira por tierras del norte. Para matar el aburrimiento vespertino, escuché la canción, que no está ni mal ni bien, pero cuyo video hizo que me saltara una liebre. De tal suerte, invito a los lectores a que le echen un vistazo y respondan el siguiente cuestionario:

La obsesión con el juguito de naranja y el plato de frutas (que aparecen una y otra vez en el clip) es:

a) una provocación a los televidentes cubanos;
b) un acto de diversionismo ideológico (contra el sistema socialista y, peor aún, contra el sistema digestivo);
c) más que la pretendida mansión con su escalera acaracolada, la bella modelo, las ropas que quieren ser de marca, las gafas que limitan el acceso a los ojos del cantante, la cadena de oro que casi lo asfixia, la piscina con forma de ameba y hasta la existencia del video mismo… una muestra del casi inalcanzable status del susodicho;
d) todo lo anterior;
e) todo lo anterior y más.

Credo

Yo no soy ni obamero, ni racista,
ni demócrata, ni republicano,
ni miembro del exilio, ni cubano
de aquella isla macabra y costumbrista.

Escapé de la jaula populista,
de su sangrante historia y su tirano,
de su ciudad perdida, de su habano
y de su alergia pluripartidista.

Cansado de reveses y derrotas,
de infamias calculadas y de engaños,
de sangre, de mentira, de vendetta,

ya no creo ni en patria ni en patriotas,
descreo de pastores y rebaños...
Ahórrate conmigo la etiqueta.

lunes, octubre 27, 2008

¡Ciao, Cuba!

1
Cíclico, torpe, predecible, con el andar cansino de quien ha tenido un largo día, así regresó en la noche del sábado el tópico típico del trópico. Habíamos asistido a una presentación de
Ciao America —un film independiente, de pocos recursos y muchos aciertos— y, al final de ésta, salimos a cenar un (des)nutrido grupo de amigos, conocidos, perritos y gatitos. El restaurante: italiano, para no desentonar con el largometraje. La conversación: amena, evitando en todo momento el elefante rosado de las inminentes elecciones norteamericanas. Y, de repente, al otro extremo de la mesa, el bombazo: «Tengo ganas de ir a Cuba mientras todavía esté Fidel o Ricardo (o como quiera que se llame su hermano) en el poder».

El mal gusto es el buen gusto de la gente de mal gusto.

2
Ya que estamos: no me gustan las apuestas, pero hay veinte dólares en mi bolsillo que dicen que a este señor jamás se le habría ocurrido espetarle a un exiliado chileno: «Tengo ganas de ir a tu país mientras todavía esté Pinochet en el poder». Ya sé que no se puede comparar a ambos golpistas. ¡Faltaría más! Que el dictador cubano casi triplicó el número de víctimas y la permanencia al mando de su homólogo del Sur. Y, para colmo y mayor escarnio, Castro ha dejado una economía en ruinas.

3
El sábado no tuve que involucrarme. Al otro extremo de la mesa, L. —cubano también— me ahorró repetirme como un disco viejo. Le dio al turista (de dictaduras ajenas) un breve repaso de las indignidades nuestras de cada día. La cara del tipo me recordó un poco a mi perra la primera vez que vio la nieve. Sus ojos gritaban: «¡Inconcebible!».

4
Se repite aquí y allá que hablar con alguien que no está dispuesto a escuchar es como argumentar con la pared. Esto es impreciso. La pared —cualquier pared— puede carecer de raciocinio y facultades auditivas, pero tiene una ventaja: no está capacitada para responder estupideces.

5
El intercambio sabatino tuvo un final feliz. Después de todo, el curioso prestó atención y limitó las tonterías al mínimo. Para curarlo de su ignorancia, al final de la velada, me las di de médico de la familia y le receté algunos libros y documentales cubanos. No hay que preocuparse. Le advertí que los tomara con mucha agua. A pesar del desparpajo que quiere caracterizarnos, en el fondo —y a ratos en la superficie—, somos bastante densos.

domingo, octubre 26, 2008

Dos Ríos

Transcribo un soneto de Néstor Díaz de Villegas.
***


Dos Ríos dividió sangre cubana
de un solo manantial inagotable:
una corriente es clara y navegable,
la otra es oscura, peligrosa y vana.

Dos patrias tengo yo: irreconciliable
con mi dolor es la sonrisa arcana
—una sombra vestida de jarana—
de Cuba y de la noche inescrutable.

Territorio de sacrificios dobles
—un pantéon por dos dioses disputado—
entre las palmas reales y los robles.

Tumba es la cuna que nos ha tocado,
hijos bastardos de tus fines nobles:
poeta ecuestre, padre derrotado.

sábado, octubre 25, 2008

Marquito El Lechero

Transcribo un fragmento de R.U.Y., de César Reynel Aguilera.
***
Era más fácil bronquear en el barrio. Los pececitos míos nadie los toca, la playita es mía y de mis socios, el que se meta con ellos se tiene que fajar conmigo. Hasta que apareció Marquito El Lechero. Déjame sacar la cuenta, sí, fue a finales de tercer grado; y dale con los nombres, Bro, imagínate lo que te dé la gana, el tipo era hijo del lechero, o era más blanco que el uniforme de los lecheros, o se robaba los litros de leche de las puertas de las casas. Asume la historia que más te convenga y déjame en paz con eso de los nombres.

El caso es que me estaba bañando en la playita y llegó el Mao corriendo a decirme que Marquito El Lechero le estaba quitando la cubeta a Bettina. A correr Ruy por el diente de perro, allí estaban, en el canalito con fondo de gravilla que está a la altura de calle Catorce. Bettina jalando por un lado y el bandido por el otro. Figúrate, me sentí el salvador de la amada en peligro, le grité que dejara el abuso, el mira-fondo era mío y no me daba la gana de prestárselo. Me desperté en la casa. Lo único que recuerdo es Marquito saliendo del agua y corriendo como un lince para arriba de mí. Después me contaron que me empujó por el pecho y caí de cabezas contra una piedra. Me llevaron para el hospital y estuve en observación la noche entera. Hipólito callado, Yeya peleando y Padrino explicándome las ventajas de aprender a cuidar la distancia.

A la semana regresó la noticia, Marquito El Lechero se estaba bañando en la playita de calle Doce, y estaba cantando “Vikingo, Vikingo, Ruycito no se baña los domingos”. Para allá fui a gritarle que esa vez iba a tener menos suerte. Yo en el aspaviento y el tipo rondándome con una piedra en la mano, hasta que me puso de frente al sol y, búmbata. Qué clase de pedrada me echó por el güiro, no la vi venir, el Ruy para la clínica de los becarios a que le cocieran la cabeza. Hipólito sin decir ni esta boca es mía, Yeya que había ido a hablar con la familia de ese niño y le dijeron que yo era el que lo buscaba, Padrino filosofando, cualquier cosa puede ser un arma, hay que estar atento al contrario, un emperador romano esperó a que el sol estuviera frente al enemigo para atacar.

En eso me pasé aquellas vacaciones. A donde va el Ruy. A fajarse con Marquito El Lechero. De donde viene el Ruy. De fajarse con Marquito El Lechero. Quién ganó. Marquito, no ves que el Ruy está llorando. Piedra, palo, puños, diente de perro, asfalto, cemento y tierra, de todo comí. Hasta en el agua me ganó. Se hizo el ahogado, y cuando saqué la cabeza salió detrás de mí y me dio una leña que lo que te cuente es poco. Yeya pidiéndome que dejara eso, siempre hay alguien más fuerte. El viejo no decía ni pío, y Padrino enseñándome a boxear, la guardia, sube la guardia, cierra los codos, no dobles la muñeca, el golpe regresa por donde salió, es como si tuvieras un tubo delante de los puños, Ruyci, por ahí sale el golpe y por ahí regresa, cuando golpeas los nudillos tienen que rotar, tienes que hacer un cuarto de giro con el antebrazo, eso te da fuerza en la pegada y te protege de las lesiones, no te vayas pa’lante, si pierdes el equilibrio te matan, la guardia, Ruycito, la guardia, eso es, uno, dos, y, un-dos. Tú sabes lo que pasa, que estás muy relajado, te pasas el día en la nadadera y eso te quita velocidad, tienes que hacer planchas, saltar la cuerda, claro, pa’ que los músculos se tensen y mejoren los reflejos. La gente salta la cuerda, los boxeadores la pasan por debajo de su salto. Estás avisando el golpe, mueves el brazo pa’ arriba y pa’ abajo antes de tirar, eso avisa al contrario, el factor sorpresa es muy importante, eso es, sin avisar, o mejor, mueves un puño y lanzas el otro, la finta, eso se llama finta, y el que la aprende siempre tiene ventaja. Oye Hipólito, este niño es un león tusa’o, me lo voy a llevar pa’l Palo Caga’o, a cujearlo un poco. Allá me iba con Padrino pa’ uno de los peores barrios de la Habana, llegaba y escogía uno de mi tamaño. Ruycito, perdiste, pero peleaste mejor, te vi más rápido. Creo que estás listo para el Lechero ese.

Esquina de Doce y Primera. Marquito, tu madre; y me dieron una leña que pa’ qué. Cualquier cosa que inventara me la estaba esperando. Como si hubiera nacido sabiendo. Padrino me regañaba, lo dejaste que se te pegara, tú no te das cuenta que a los puños ya no puede contigo, y entonces que es lo que hace, se te pega, y tú lo dejas, eso no es cuerpo a cuerpo, eso es maraña callejera. Te atrabancó contra la reja del hogar de ancianas y por poco te mata. Hasta las Siervas de San José salieron a ver la leña que te estaban dando. Lo dejas que se te pegue, y después no te deja vivir, te agarra y te mete los dedos en todas partes, ten cuida’o, Ruycito, ten cuida’o, mira que yo no quiero ser abuelo.

Pobrecito yo. Tenía la autoestima por el piso. Los socios casi ni me saludaban, y yo andaba convencido de que era porque no podía ganarle a Marquito. Pero después supe que era por otra cosa. Habían perdido el bichero. Se lo pidieron a Yeya prestado y se les perdió. El Mao se fue para lo hondo y se le cayó, por más que intentó bajar a buscarlo no pudo llegarle. Fueron a buscar a Hipólito y cuando regresaron ya no estaba, o confundieron el lugar, el caso es que evitaban decírmelo, a lo mejor con la esperanza de que el viejo les hiciera otro. Pero yo no lo sabía. Coño, y llegó Marquito con el bichero en la mano, y le grité ladrón, y él a explicarme que se lo había encontrado en el mar, sabía que era mío y venía a devolvérmelo. De nuevo le escupí el ladrón y volvió a darme una pela de antología. Me fui para la casa llorando, al rato llegaron los socios a explicarme que era verdad lo que decía Marquito, ellos habían perdido el bichero y les daba pena decírmelo. Hipólito abrió la boca, me pidió que me vistiera de limpio, teníamos que salir. Me llevó hasta calle Diez, buscó a Marquito en su casa y me hizo pedirle disculpas por haberle dicho ladrón. El socio me tendió la mano y se disculpó por haberse metido con Bettina. Quién se acordaba de eso, a partir de ese día fuimos buenos socios.

viernes, octubre 24, 2008

Enrevesamientos III

Algunas definiciones —y sus equivalentes vernáculos— según Max.

- Aunque el primate hembra cubra sus desnudeces con ricas telas del Lejano Oriente, como tal primate ha de quedar.
(Aunque se vista de seda, la mona, mona se queda).

- Si tu órgano visual no capta una mala impresión, tu bomba sanguínea no se altera.
(Ojos que no ven, corazón que no siente).

- Cuando observes gustoso y complaciente como el ácaro taladra tu dermis, te harás insensible a la comezón y en caso de que el escozor exista, éste no te perturbará en lo más mínimo.
(Sarna con gusto no pica y si pica no mortifica).

- Podrás cubrir tu cuerpo con ropaje religioso, pero eso no indica que estés dedicado a ritos y sacrificios en el monasterio.
(El hábito no hace al monje).

- A través de su cavidad bucal, encuentra el fin de sus días el pelágico ser.
(Por la boca muere el pez).

- Disfruta, diviértete, con los eslabones enlazados entre sí, pero... ¡nunca con el primate!
(Juega con la cadena, pero no con el mono).

- Expulsaste el excremento con tal falta de tino que se derramó fuera del bacín.
(Te cagaste fuera del tibor).

- Escaparé con tal premura que mis zapatos deportivos de goma arderán hasta consumirse.
(Voy quemando el tenis).

Estampas habaneras

Por más que lo he intentado, no he podido convencer a Teresa Dovalpage de que abra un blog. Pero salí ganando. De ahora en adelante, Dovalpage escribirá —para deleite de los lectores de Belascoaín y Neptuno— una columna, que de mutuo acuerdo hemos nombrado “Estampas habaneras”. La frecuencia será semanal. Quedan advertidos: cada viernes, en esta esquina virtual, un flashazo de La Habana.

***
La Habana de noche

Teresa Dovalpage

Vista desde lo alto, La Habana se abre como una mujer o como un libro. Las calles parecen más limpias, los caminos más claros, y el sol como un perfume o como un halo. Ese sol que lo pinta todo de un blanco ardiente, que le saca brillo a la vida cuando lo ves tras la ventanilla del avión o la vidriera de una tienda o de un restaurante, con el aire acondicionado metiéndose en tus poros. Ese sol, que cuando lo tomas en la playa te pone del color que siempre quisiste tener, y que es un lujo allá en tu tierra.

Pero resulta que aquí, cuando tienes que caminar diez cuadras bajo ese mismo sol, cuando no miras a La Habana desde lo alto, sino desde abajo, bien abajo, desde las calles sucias, con los camellos corriendo delante de la gente, o la gente corriendo detrás de los camellos, quién sabe, sin un sitio donde tomar medio vaso de agua y cuidándote de las bicicletas, con hambre, con sed, con peste (peste a sol), entonces el libro se aplasta de golpe entre tus manos y la mujer, sudorosa, te patea. La Habana se te cierra, se te comprime y hasta miedo te da.

Eso cuando es de día. Porque de noche es diferente. De noche, los quinqués fantasmean detrás de las ventanas, hasta que empiezan a agonizar por la falta de alcohol. La oscuridad te empuja si sales a la calle, te hace caer en los baches, avisa a los ladrones de que vienes y pone piedras y vidrios rotos debajo de tus pies.

La Habana de noche es la ciudad de los sueños dormidos, aunque quienes los sueñen estén despiertos. Cuando no te puedes dormir por el calor y los mosquitos, y ya se han agotado todos los temas de conversación, los chistes y las quejas, entonces no queda más remedio que soñar, con los ojos abiertos o cerrados o a medio abrir. Nos llevamos los sueños a la cama y con ellos amanecemos al otro día, al buche de café aguado y frío y a la cola del pan.

jueves, octubre 23, 2008

Alicia Alonso declara, a propósito del ballet “Che”, que estrenará el Ballet Nacional de Cuba

Un ballet al Comandante
será difícil, sangriento,
como su espíritu cruento
de matón itinerante.
Un ballet espeluznante,
un ballet infame y fuerte,
un ballet de gracia inerte,
un ballet sin virtuosismo
que será más de lo mismo:
ballet sin patria y con muerte.

Boceto para cuatro estaciones

Al principio fuimos curiosos y paganos.
Rastreamos en cada catedral
en busca de un tumulto de estatuas pretenciosas,
sacerdotes como momias de sangre congelada,
peregrinos dispersos entre la sed y la abundancia.

El segundo estadio fue salvaje.
Vivimos dentro de los zorros, el mar, las codornices.
Llegamos a tiempo para descubrir los juguetes,
las sábanas manchadas de semen y mujer fantasma,
las bifurcaciones de caminos y los pactos destrozados.

Aunque evitamos descendencia propia
nos llenaron de sobrinos erectos como menhires
(ángeles caídos, supimos más tarde).

Aprendimos a eyacular y a descender
de las colinas prohibidas. Nos impusieron
el ritual del nudo en la corbata
y la servilleta abierta en el regazo.

Esta muerte es producto del exceso.
Cualquier danza fértil
ayudará a profanar nuestro letargo.

miércoles, octubre 22, 2008

Comunicado del Consejo Nacional de las Artes Plásticas

Aniquilar galerías
se ha convertido en un arte
y tiene un portaestandarte:
Rafael de la Osa Díaz.
¿Quién ha hablado de osadías?
Hablamos de servilismo,
del más tierno oportunismo
tan rampante en nuestra tierra.
¡Vivan los hijos de perra
y el marxismo leninismo!

martes, octubre 21, 2008

Retrato de escritores en ciernes

Te daré mi manuscrito
y tú me darás el tuyo.
Leeremos con embullo.
Diremos: «—¡Qué bien escrito!».
«—Gana el Nobel, facilito».
«—Yo no respeto ese premio».
«—No me atrae ningún gremio».
«—Soy un escritor asceta».
«—Mi público: la gaveta».
«—Seré maldito y abstemio».

lunes, octubre 20, 2008

José Franco en Paris (que es una fiesta)

Reproduzco una invitación que extiende Zoé Valdés, para los dichosos que pernocten en la Ciudad Luz... Luego no digan que no les avisé con tiempo.

***
Hola, amigos, el pintor cubano José Franco expone en París, en la galería Les Vergers del Arte [14 rue du Perche, 75003 Paris – 01 42 72 00 42 – 06 67 28 23 01], con la coordinación de Lunáticas-Productions y de ZV Lunáticas, editorial de Zoé Valdés. El vernissage es el [jueves] 30 de octubre [a partir de las 6:30 p.m.].

Gracias,
Zoé Valdés

Las ediciones ZV Lunáticas son a cuenta del editor.

La diplomacia cubana visita al hermano pueblo de…

Pérez Roque está de gira
se ha posado en tierra azteca
como mosca en la manteca,
como imbécil que delira.
¿Su equipaje? La mentira.
Su misión: inflar el globo,
darle a la píldora adobo
y al mal tiempo mala cara.
A ver quién se lo dispara.
¿Éste piensa que uno es bobo?
***
Y dice Jorge Salcedo:
¿Quién se dispara a Pérez Roque?
Los hermanos mexicanos,
los hermanos argentinos,
los borbones, Moratinos,
los Correa, los coreanos.
Cocaleros bolivianos,
iraníes, rusos, chinos,
cardenales, adivinos,
sabandijas, simbabuenses,
sátrapas liliputenses
y socotrocos andinos.

Te prometo el mundo entero
para el primero de enero.

domingo, octubre 19, 2008

Compendio de publicaciones cubanas, recientes e históricas

A la izquierda (y en orden alfabético) figuran los nombres reales de algunas publicaciones oficialistas cubanas. A la derecha: los nombres que deberían tener, en aras de reflejar más fidedignamente su contenido.

Se aceptan colaboraciones.

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Adelante – Retirada
Ahora - ¿Hasta cuándo?
Bohemia – Abulia

Calibán - Caníbal
Cine Cubano - ¿Cine cubano?
Cuba Debate - Cuba asiente

El Caimán Barbudo – La lagartija sin cola
El Habanero – El santiaguero
Granma – Grandpa
Guerrillero – En la luchita
Invasor Digital – Hacker
Juventud Rebelde – Senectud taimada
La Demajagua – La demorona
La Jiribilla – El sapingo
Opciones – Él
Pionero – Chivato
Revista Opina – Revista
Aplaude
Revolución y Cultura – Revolución: ¿Y Cultura?
Somos Jóvenes – Peinamos canas
Temas – Timos
Trabajadores – Ociosos
Tribuna de La Habana – Letrina de La Habana
Vanguardia – ¿Quién es el último?
Venceremos – Vamos tirando

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Y dice Zoé Valdés:

La Jiribilla - La Zancadilla
Cine Cubano - Cine Rumano

***
Y dice N:

Juventud Rebelde - Generación prostática
Granma - ¡Un ratón, abuelita, un ratón!
Somos Jóvenes - Pacotilleros
Revista Zun Zun - Cubito de Ave


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Y dice Jorge Salcedo:

Adelante – Un paso al frente
Ahora - Ahorita
Bohemia – ¡Se acabó!
Calibán - Cannabis
Cine Cubano - Cinemanteca
Cuba Debate - NeoComm.com
El Caimán Barbudo – Los endemoniados
El Habanero – El Templete
Granma – Barquito de Papel
Guerrillero – Jinetero
Invasor Digital – Dial-up Siempre
Juventud Rebelde – Los Cinco
La Jiribilla – Ladilla
Opciones – Cero
Pionero – Chivatito
Revista Opina – Atrévete
Revolución y Cultura – La Raspadura
Somos Jóvenes – Jineteros (No confundir con Guerrillero)
Temas – Tomas
Trabajadores – Asalariados
Tribuna de La Habana – Tribunales de La Cabaña
Vanguardia – Chivatón
Venceremos – Veremos
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Y dice Teresa Dovalpage:

Mar y pesca - Tilapia y gracias
Opina - Como nosotros o cállate
Semanario Palante - Semanario Patrás
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Y dice heleno:

Clave - Clava
Plural - Singular
Casa de las Américas - Cacería en América
Revista del Vigía - Revistas de usurería
Temas - Tomas
Criterios - Cretinos
Resonancias - Reverencias
Videncia - Vergüenza
Vitral - Vítrea
Encuentro - Encuérate
La Habana Elegante - La Habana Humillante
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Y dice Eduardo Frías Etayo:

Granma - Titanic
Revolución y Cultura - Enemigos íntimos
Revista Opina - Se Permuta
Temas - Temes
Zunzún - El Gallo De-Morón
Juventud Técnica - Paleolítica
Alma Mater - Huérfanos
Tablas - Flojas
***
Y dice Tirofijo:

Tablas - Jaque mate

sábado, octubre 18, 2008

Secuencia en blanco y negro




Jamming session con César Reynel Aguilera.
Foto: © Jennifer Grossman.