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viernes, noviembre 21, 2008

Estampas habaneras (V)

La iglesia de Reina
Teresa Dovalpage

La torre puntiaguda, con su aguja neogótica, se alza y se estrella contra el cielo. Como flecha de piedra viva, dirían los cutres poetas de antaño. Como un misil intercontinental, dicen los prosistas, más cutres aún, de hogaño.

Es una tarde de domingo. Acabo de bajarme de una guagua. (Vaga que soy, mi apartamento, en Carlos III y Espada, dista menos de seis cuadras de Reina. Pero son tiempos anteriores al período especial). Me bajo de la guagua, digo, cruzo Belascoaín y camino hacia el templo con precaución de buhonera ilícita.

Antes de entrar al portal —no muy limpio y con algunos olorcillos que de beatíficos poco tienen— observo cautelosa a mi alrededor. Izquierda, derecha, otra vez izquierda y huye que te coge el moro. A la entrada está la portería, donde la inefable Teresita Bacallao o Esperancita reciben lo mejor posible a todo al que se le ocurra asomar las narices por allí. No son muchas narices las que ven, por cierto. En aquel tiempo (un día cualquiera de los años 80) la religión no se ha puesto de moda todavía y la posibilidad de que el Papa visite la isla colinda con la ciencia ficción.

El altar es de mármol y los vitrales representan, supongo, escenas de la Biblia. Nunca me detengo a mirarlos. Hay algo de subversivo (sí, no lo borro: ¡subversivo bien!) en asistir a una misa de domingo en la iglesia de los jesuitas. Bajo las bóvedas, góticamente ojivales, se han sentado los cuatro gatos que suelen venir a esta hora. La misa de los jóvenes, por las mañanas, es algo más concurrida, pero tampoco multitudinaria, eh. Las filigranas del altar son un tejido de Aracné en alabastro, bronce y mármol. Quizá si las viera ahora me inundarían de admiración babosamente turística. Pero aquel domingo no me importaban los ventanales, ni los vitrales ni el clasicismo ni los arcos. Lo importante era la callada complicidad del templo y de la torre que lo vigilaba, con su aguja neogótica como un misil intercontinental.

9 comentarios:

Max dijo...

Muy bonito Teresa.

Trabajé en el edificio masónico varios años de la década del 70 y visitaba a menudo la Iglesia del Sagrado Corazón; más con afán contemplativo y meditativo que religioso. Es una de nuestras más bellas piezas de arquitectura gótica. Lanzada hacia el cielo con sus torres (perdón, su torre, que no es Notre Dame) sólo le falta la plaza frontal donde una gitana y su cabra tejan leyendas maravillosas.

Esa esquina de Reina y Belascoaín posee grandes contradicciones sociales que merecen una estampa aparte.

Saludos

Yoana dijo...

Las iglesias de La Habana son especiales, preciosas. Yo pasaba mucho por esa esquina, pero pocas veces entré a esa iglesia, iba más a la del Carmen en Infanta y Neptuno, y luego en la Víbora a Los Pasionistas, que para mí es la más bella de todas las iglesias habaneras. Si que era un acto subversivo en aquella época -cualquier "actividad" religiosa te "marcaba" como gusano. Gracias por la estampa Tessy. Un saludo,

Rosa

Raquel dijo...

Teresita:

No dejas de impresionarme. Una vez más tengo la oportunidad de admirar la manera en que conjugas lo serio con chispas de broma y hasta de un poquitín de burla, sin llegar a la irreverencia, desde luego.
Proporcionas, en todos tus escritos, por formal que estos sean, con un entretenimiento rico, relajante y a hasta educativo.
Ni modo, tendré que ir a La Habana par ver esto que tan hermosa e interesantemente nos describes.
No dejes de seguir regalándonos con tus "Estampas Habaneras"
Cariñitos

Teresa Dovalpage dijo...

Gracias a ustedes, Max, Yoana, Raquelita y desde luego a Bustro. Max, tienes razón, aquella es una esquinita candente, ahora que Yumurí es por dólares...digo, por CUCs. Los Pasionistas también me gustaba, Yoana, lástima que quedara tan lejos de mi casa. Y Raquelita, ¡gracias, mujer, por asomarte aquí!

Anónimo dijo...

Muy buena prosa, gracias por compartirla. Me gustaría hacer un comentario más largo pero tengo clases en un ratico y, ante tal circunstancia, siento una pequeña voz al oído que me dice: "huye que te coge el moro".

Cariños,

Marlenys

Anónimo dijo...

Una vez más Teresita me lleva de "la mano y corriendo" a esos lugares de La Habana tan conocidos para mí.

Saludos
F.C.

Anónimo dijo...

buhami^^
recuerdo la bon marché en la esquina^^ en las cercanías^ la casa de los tres kilos^^^
dicen que recordar es volver a vivir^ lástima que la memoria va acumulando pátinas y una no tiene tiempo^ suerte la gracia proverbial que tienen 'algunas' para comunicarlo^^^
la iglesia de reina^ una estampa gótica con agujas apuñalando el cielo cubano^^^ sí que el tiempo se detiene 'antojosamente' en nuestra imaginación^ y las reliquias pasan a formar parte de esos detenimientos^^^
búhamente^^^
m.e.

Anónimo dijo...

La iglesia de Reina es un parte importante de mi infancia todos los sábados que recuerdo iba a la misa de 6 con mi madre y mi hermana, eran los años 80 y entrábamos por la puerta de atrás mirando a izquierda y derecha como si fuéramos a cruzar una gran avenida.
No nos enterábamos mucho de la misa pero había que ir…. aunque era agradable el silencio el ambiente apacible que no cambiaba con el tiempo ni con lo que pasase afuera, el poder pedir que las cosas le fueran bien a tu familia, que aprobaras el examen del lunes. La misa… los pellizco de mi madre cuando nos entraba la risa por cualquier tontería y los sshh de los otros tres gatos que estaban cerca
Mi tía era de las devotas veteranas así que de niña la acompañábamos a esa portería de la que hablas por que hacia suplencias gratuitas.
Hace unos años en un viaje a Cuba la visité y estaba exactamente igual como si no hubiera pasado el tiempo y fuera otro sábado de aquellos
Josefina ( Hermana de Mª Estela)

Teresa Dovalpage dijo...

Jose, FC, anónimos lindos, gracias por los comentarios. Jose, ¿cómo está María Estela? Claro que me acuerdo de tu tía, tan angelical ella. Chica si yo empecé a ir a Reina porque María Estela me llevó...cómo pasa el tiempo.