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lunes, marzo 09, 2009

Parte del día

Ocho horas de vuelo, una lectura minuciosa de Los apuñaladores y varios poemas de Borges, el repaso de un libro de ejercicios de ajedrez convoyado de una película que olvidé —entre bostezos— tan pronto subieron los créditos, el cansancio transatlántico y familiar que me acoge a cualquier lado del océano, este acceso limitado a internet y, cuando al fin encuentro un par de minutos para conectarme a la red de redes, dos mensajes de sendos amigos que me anuncian que los lectores de Belascoaín y Neptuno han encontrado en su lugar otra esquina notoria: la de Blanco y Trocadero.

Al parecer, los visitantes del blog —quién sabe por cuánto tiempo— sólo han tenido acceso a la columna de la derecha, pero en la izquierda, donde aparecen las entradas diarias, los ha recibido el silencio.

(Hago un aparte para felicitar a los muchachos de la UCI y demás brigadas cibernéticas de apoyo al régimen cubano por laborar horas extra. Les deseo de todo corazón ¡que Castro se los pague con un Moskovich!).

Las conclusiones del día son obvias: es sabido que los escritores —y los lectores— le tenemos pavor a la página en blanco. Pero los dictadores —y sus secuaces— temen mucho más a la página escrita.

lunes, marzo 02, 2009

Jugamos con las blancas

El término es ajedrecístico. Indica que las piezas negras tienen la segunda jugada. Y —ya se sabe—, quien da primero, da doble. Durante medio siglo, el régimen cubano ha maniobrado con ventaja abrumadora, asestando siempre el primer golpe, obligando así a la oposición a actuar a la defensiva, a modificar su agenda en respuesta al accionar de esa eficiente maquinaria maquiavélica y represiva que es el castrismo. Sin embargo, ayer, en las calles de Nueva York, le arrebatamos la iniciativa.

Las agencias calculan entre decenas y un centenar y medio de manifestantes en pro de la democracia en Cuba. Ay, pero en su perenne obsesión con los números, benefician lo cuantitativo sobre lo cualitativo y, al hacerlo, se les escabulle lo esencial. (Sigo pensando que si hubiésemos sido cinco personas, igual habríamos representado a todos los cubanos que —por los motivos que fueren— no pudieron unírsenos en la Avenida Lexington y la calle 38).

A los cortos de vista les reitero que nuestra manifestación fue un éxito no por la cantidad de gente que logró aglutinar, sino por el hecho de que convivieron en un mismo espacio, reclamando los derechos de todos los cubanos —quienes sobreviven en la isla y quienes añoran su libertad desde el destierro— el ex preso político que purgó entre una y dos décadas en el gulag castrista hasta quien nunca le tiró una cáscara de mandarina a la claque imperante; desde quien se niega a tocar suelo patrio mientras exista un prisionero de conciencia en nuestra tierra hasta quien regresó hace un mes de un viaje de visita a la isla; desde el homosexual hasta quien hasta ayer no le habría estrechado la mano; desde el rockero hasta el guapo que no toma sopa; desde el poeta hasta quien apenas lee; desde el bloguero hasta quien difícilmente podría encender una computadora; desde el niño hasta la abuela; desde quien aplaude las ventajas del embargo hasta quien se las discute con sendos argumentos; desde el más demócrata hasta el más republicano; desde quien se opone al aborto hasta quien lo apoya; desde quien sabe que Obama es la solución a los problemas globales hasta quien desconfía del presidente pues éste se cree la última coca cola del desierto; desde el más religioso hasta quien no cree ni en lo que ve; desde quien está convencido de que el saldo total de la revolución es negativo hasta quien estima que hay proyectos rescatables; desde el refugiado político hasta el emigrante económico… Muchos de los manifestantes —sobre todo de mi generación— se me acercaron a decirme que jamás habrían asistido a una manifestación de no haber sido inclusiva. De tal suerte, la lista es larga, bella y diversa, tanto como el grupo que se congregó ayer frente a la misión de Cuba ante la ONU para exigirle al régimen de la isla que respete lo estipulado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la cual Cuba es país signatario.

El éxito de la manifestación radica, entre otras cosas, en que ayer le leímos la cartilla al régimen. Esto es literal. Le leímos los artículos —de la antedicha declaración— que el gobierno de la isla viola sistemáticamente. Y lo hicimos frente a su delegación ante la ONU, que es el organismo que auspicia dicha Carta Magna.

¿Cómo es posible congregar a grupo tan variopinto en una misma esquina? Las agencias —ocupadas en agenciarse— se entretuvieron en mirar al bosque y no vieron los árboles. La respuesta es sencilla: sólo se puede aunar estas voluntades si nos centramos en un anhelo común: soñando y haciendo en aras de crear una Cuba democrática, en la que ha de haber espacio para todos; reivindicando la noción de que los derechos humanos son universales y Cuba no puede ser la excepción de esta noble regla; exigiendo la liberación inmediata de los prisioneros de conciencia; dejando al margen toda la retórica divisoria que el régimen cubano ha sembrado en la vía pública para distraernos de lo que debe ser nuestro objetivo primordial: el derecho del pueblo cubano a vivir en libertad.

Ayer aprendí muchas cosas. Aprendí, por ejemplo, lo tóxica que puede ser esa palabreja que tanto daño ha hecho, sobre todo si va antecedida del prefijo “anti”. Dígase anticastro y dejarán de escucharnos al instante. Dígase anticastro y sólo nos darán cobertura los medios del exilio cubano. ¡Y aún así se pasarán con ficha! Hoy la manifestación ha sido portada de El Nuevo Herald. Ay, pero qué titular tan torpe la acompaña. Vuelve al lenguaje del pro y el anti castrismo.

Al estar a favor de la democracia y nuestras libertades, estoy implícitamente en contra de quienes sean los que las pisotean y las conculcan. Hoy y ya durante medio siglo, los que violan esos derechos son los hermanos Castro, asistidos por una minoría que detenta el poder y se ocupa de la penosa labor de perseguir y aterrorizar a los cubanos, que sólo quieren ejercitar derechos naturales e inalienables. Vivo convencido de que nuestros derechos son más importantes que el anticastrismo. Los derechos humanos le anteceden y seguirán existiendo cuando el tirano se retire por fin al infierno que le espera. Exijamos que él, que su régimen, los devuelva al pueblo cubano y ya veremos si se nos une o no la masa.

Me dicen que hubo una contramanifestación. Y respondo: ¿a quién le importa lo que una treintena de personas que no podría ubicar a Matanzas —ni sabría el significado de dicha palabra— piense sobre Cuba? A estos tontos útiles —no es insulto; no hay otra definición posible— también les asiste el derecho a manifestarse; si deciden usar tal derecho para apoyar a una dictadura decrépita y brutal, allá ellos con su conciencia. Ellos estaban en la esquina contraria —literal y figurativamente— para distraernos de nuestro mensaje. Pero no lo lograron.

Las imágenes de nuestra manifestación en pro de la democracia en Cuba le han dado la vuelta al mundo, luego de haber sido capturadas por Reuters y seleccionadas por Yahoo!, anoche, en su Top Stories Photos. Los demócratas cubanos, que siempre hemos sido tildados de “anti”, de “contra” y que nos han colgado todos los prefijos negativos imaginables, ayer nos dimos el gustazo de cambiar las reglas del juego. En los pies de foto de Yahoo! nuestra manifestación es referida como una manifestación “por” los cambios en Cuba. (“Cambio”, no lo olvidemos, es una palabra poderosa. Lo mismo lleva a un presidente a la Oficina Oval de la Casa Blanca que es capaz de hacer que varios jóvenes cubanos sean arrestados en la isla por usar una pulsera que la lleva impresa).

Quiero destacar un detalle importante dentro de la cobertura mediática que trasciende los medios de prensa del exilio cubano. También circulan dos imágenes de la contramanifestación. Pero, en los respectivos pies de foto, son ellos los que están en “contra”. En ese caso, en contra nuestra. Que queremos el cambio.

Yo, que soy ajedrecista empedernido, que miro al mundo como si fuera un tablero de sesenta y cuatro escaques, que me aprendí los fundamentos básicos de la Ruy López a los cinco o seis años, no puedo ocultar mi felicidad al constatar que ayer, en las calles de Nueva York y con las piezas blancas, empezamos a jugar la Apertura Cubana.
***
Alexis Romay
Nueva Jersey, 2 de marzo de 2009

sábado, noviembre 01, 2008

Se busca

Agente literario que responda
correos y llamadas y recados
y lea manuscritos terminados
y tenga su buen gusto y buena onda

—que prefiera el David a la Gioconda,
el ajedrez al póker o los dados,
tristes tigres a tigres disecados,
y sepa por qué va Pilar oronda,

y, ya que estamos, que deteste a Castro,
que haya leído a Orwell y a Kundera,
bostece si se le menciona al Gabo

o cualquier escritor politicastro—,
que trepe como buena enredadera

y me encuentre editor escandinavo.

domingo, septiembre 21, 2008

Alexis Romay: imágenes de archivo

Aun sin sacudirme el consabido polvo de las manos, aprovecho la oportunidad para agradecer a mi madre y mi hermana por rescatar —de ese lugar común que es el olvido— las fotos que siguen, así como por haberse tomado a pecho la tarea de entregármelas en el mejor estado posible.

A los curiosos: ahí me tienen, en mis facetas tempranas de lector, ajedrecista —enfrascado en aperturas y defensas muy poco ortodoxas— y mostrando fuertes inclinaciones hacia el diversionismo ideológico (palpables en el pulóver con la efigie del aburrido Pato Donald, cuyo consumo estaba contraindicado por aquel entonces en Cuba).


Alexis Romay, lector (a los dos años de edad)

Alexis Romay, ajedrecista (a los dos años de edad)

Alexis Romay, ajedrecista (a los dos años de edad)
Alexis Romay, ajedrecista (a los dos años de edad)

Alexis Romay, diversionista ideológico (a los tres años de edad)

sábado, junio 07, 2008

Paseíllo diurno por Toronto

No hago más que llegar a una ciudad y ya quiero adentrarme en sus librerías independientes. (Admito que me hacen sentir un poco voyeur: los hábitos de lectura de sus vecinos tienden a reflejarse en los anaqueles). A unos pasos del China Town y la Universidad de Toronto, encontramos una en la que se precian de “reciclar” libros. Me gusta su atmósfera, su olor a páginas leídas una y otra vez, la perra que tira un pestañazo en el mostrador y no se inmuta con el trasiego de gente y volúmenes… Fiel a mis vicios, compro un libro de ajedrez (envuelto en nylon, editado en los noventa). Horas después, en el hotel, notaré que ―como debí sospechar―, el texto está escrito en “notación descriptiva”. Entonces resolveré un par de problemas y lo olvidaré a un lado de la cama. Pero por el momento no hay queja. El clima es ideal. La compañía, perfecta.

jueves, mayo 15, 2008

bustrófedon vs. The Walrus of Love

El reto fue en internet. La partida era de cinco minutos, con cinco segundos de incremento por cada jugada. Culminó hace un par de horas. Yo jugaba con las blancas, una variante aburrida del Giucopiano. Mi contrario hacía lo suyo en la defensa. El medio juego no deparó sorpresas para ninguno de los dos bandos. Hasta que el ente que jugaba con las negras me preguntó si era cubano. Antes de contestar, dejé que me picara la curiosidad: ¿cómo lo habría adivinado? ¿Estaba acaso desarrollando una “apertura cubana”, cuya existencia ignoraba por completo? ¿Me había adentrado en alguna versión que popularizara el inmortal Capablanca? En esas estaba, cuando recordé que en mi perfil de jugador en esa página ondea la bandera de la arroba solitaria. De todos modos, respondí con una pregunta: «¿Cómo lo sabes?». Valga aclarar que esto transcurría en inglés de “text message”, con todas las abreviaturas que establece el protocolo ajedrecístico en la red. Su respuesta fue en un castellano alto y claro: «Viva Fidel». Ni corto ni perezoso, le devolví la antípoda: «Abajo Fidel». Y llegó su enternecedora respuesta: «¿Qué quiere decir eso?». «Lo contrario de lo que dijiste».

Y desconectó.

sábado, febrero 23, 2008

Estreno

1.
Hace poco más de un año ―a raíz del pavoneo también llamado Pavonato―, escribí un artículo sobre las ya gastadas técnicas de distracción de las que se ha valido y se vale el régimen cubano para dorar la píldora. Entonces consideré iniciar un blog desde el cual comentaría no los grandes temas del castrismo ―que comentaristas no les faltan― sino las distracciones que éste genera: sus nimiedades, esos pequeños detalles que a veces pasan desapercibidos, pero que ―cual moléculas de ADN― llevan en sí la esencia totalitaria del gobierno de la isla. Sin embargo, la falta de tiempo, la liga de fútbol española, el ajedrez y otras excusas que no vienen a cuento me impidieron saltar a la blogosfera cubana.

La falta de tiempo, la liga de fútbol española, el ajedrez y el resto de las hierbas aromáticas mantienen su asedio, pero la desfachatez de Alarcón al responder a los estudiantes de la UCI, el inminente traspaso de poderes en la isla, los rumores de la fuga a Chile de cierto trovador ex parlamentario y el renovado entusiasmo del Reflexionista en Jefe (que confiesa que no puede estar diez días sin escribir) me han devuelto la invitación a meter la cuchara en tan desabrido ajiaco.

2.
En su introducción a Al norte del infierno ―novela ejemplar de Miguel Correa Mujica―, Reinaldo Arenas define el exilio como un espacio donde «somos como sombras proyectadas por un cuerpo, ay, y por un alma, que se quedaron allá, varados (quizás para siempre) a una esquina, una playa, a un pinar…».

Belascoaín y Neptuno fue mi última dirección en La Habana. En este blog intentaré recuperar esa esquina y el resto de los lugares (y amigos) antaño perdidos.