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domingo, febrero 08, 2009

El diablo está en los detalles

Leo con par de días de atraso —y con el buen humor que pide la noticia— que Amaury Pérez Vidal estrena novela. ¡Son dos!, como la canción de El general. Si no me creen, remítanse a Marilyn Bobes, que da cuenta de ello —en el periódico Granma— y se extiende en un comentario que tiene la rara virtud de ser anodino y laudatorio simultáneamente. Después de citar a Pérez Vidal, que en nota introductoria a su segundo libro advierte que «es mucho más fácil mezclar el aceite con el vinagre que la rima y la prosa» —sumido en la pereza dominical, me pregunto: ¿qué sabrá éste de la una o la otra?—, Bobes habla de los escritores que sí y de los que no y que si la sana envidia y el desafuero y los temas peliagudos y la mágica alquimia y, ante tanta puerilidad, termina por excusarse declarando que «ya habrá tiempo para críticas más rigurosas».

Mi intención no es ensañarme con quien oficia de reseñadora del hijo de la célebre Consuelito Vidal. Y no comentaré la novela por razones de peso: no la he leído y no pienso hacerlo, pero quiero destacar un par de detalles que no dejan de ser interesantes. El más obvio: el hecho de que el diario que en la mañana de la investidura presidencial de Barack H. Obama dedicara parte prominente de su portada al plan de acopio de café en Guantánamo encuentre espacio en sus muy limitadas ocho páginas para publicar un texto que —en palabras de quien lo escribe— no se caracteriza por su rigor. No nos llamemos a engaño: no espero rigor en la prensa oficialista cubana. Simplemente me limito a señalar que quienes la escriben y la publican tampoco se lo plantean como meta. Ya sé que muchos hemos pasado el punto del asombro, pero eso no hace que la situación deba ser vista como algo “normal”.

Por otra parte, me apuro a ser el primero en traducir el título de la segunda novela de Pérez Vidal: Diez meses y veintinueve días. Para los no cubanos este lapso puede resultar irrelevante —como la obra del cantautor devenido novelista—, pero, para los naturales de la isla de los rehenes, dicha extensión de tiempo es el límite permisible para regresar a la isla a quienes han logrado agenciarse un viaje allende los mares. Si no regresan al undécimo mes, las autoridades de la isla declaran al viajero emigrante, desertor, exiliado, persona no grata o cualquiera que sea la terminología al uso, privándole así del derecho —que en nuestro caso es pesadilla— de regresar a Cuba. En vista de lo cual, para ediciones futuras de Diez meses y veintinueve días propongo un título más a tono con la temática del libro: El largo de la correa.

7 comentarios:

Lazaro Gonzalez dijo...

Quizas por ello Fidel dijo alguna vez en un circulo reducido que no respetaba a los hombres que no le prestaban atencion a los detalles.

Teresa Dovalpage dijo...

Yo quisiera que alguien me explicara qué significa exactamente "escribir con desafuero". ¿Y a qué se refiere la reseñadora cuando habla de un "aprendizaje libresco"?

Otilia dijo...

A mi me parece que el titulo de la novela "Diez meses y veintinueve días" es muy bueno. Recuerda al de la pelicula rumana "Cuatro meses, tres semanas y diez dias"... Es posible que entre ambas haya más paralelismos.

Otilia dijo...

PostData: Nada que ver con "Nueve Semanas y Media" (mucho menos con 21 gramos).

Oti dijo...

Cambiando de tema, como va el asunto de la manifestación?

Manuel Sosa dijo...

Y yo que le tenía el ojo echado a esa noticia, pero he estado estos días metido en hospitales (la suegra).

Pero aquí lo has dicho todo. Gracias.

Anónimo dijo...

Y tú que no eres el diablo, sí estás en esos detalles, te quedó buenísimo, estás muy afilado.

Saludos
F.C.