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martes, abril 29, 2008

Road movie

Faltaban un par de horas para el amanecer y yo estaba —junto a mis incondicionales de entonces— incómodo y feliz, en el tren de Hershey, rumbo a Casablanca. Aquello era una matriuska: una locomotora dentro de una locomotora: por entonces, echaba más humo que un tren lechero; encendía un cigarro con el cabo del anterior. De tal suerte (o desgracia), a nadie sorprendió que, al poco rato de que el monstruo metálico diera mil brincos sobre los rieles, estuviera al borde de la desesperación. Minutos más tarde, pasaba el conductor por nuestro coche. Haciendo acopio de carisma y en una estudiada mezcla de súplica y demanda, le pregunté si se podía fumar en ese vagón. Me contestó que no. Acto seguido, repliqué: «¿Y todas esas colillas en el suelo?».

Han pasado quince años y aún no olvido su respuesta: «De los que no preguntaron».

4 comentarios:

Los Miquis de Miami dijo...

nunca se me olvida aquel verano del 92 cuando iba con mi novia a matanzas y montamos ese tren. en medio de un crudo aguacero, aquel tren empezó a echar humo al parecer por un corto circuito y todo el mundo empezó a correr. en medio de aquella gritería, un viejo campesino gritaba: "coge tu mango aquí", mientras mostraba una jaba repleta de ese fruto. algún día habrá que hacerle un homenaje a los que día a día tuvieron que sufrir ese tren lechero.

Eufrates del Valle dijo...

Te paso por pregunton! Acuerdate: en boca cerrada no entran moscas....

Anónimo dijo...

Segun tengo entendido, al Hershey le decian el tren lechero.

bustrófedon dijo...

Sí, Eufrates. Ya sabemos lo que la curiosidad le hizo al minino. De tal suerte, heme aquí; por aquello de que gato escaldado, del agua huye.