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martes, abril 22, 2008

Candil de la calle

Hoy amanecí tarareando una canción de Raúl Torres. La escuché por primera vez quizá en el otoño de 1991. Días más tarde, conocería a su autor e intérprete en una de las descargas que pululaban en La Habana alternativa de esos años. Creo que el encuentro fue en el Café Alhambra —¿del cine Payret?—. Al terminar el concierto, veintitantos insomnes nos reunimos en el césped del Capitolio a cantar nuestro descontento. Pero tanto acorde disminuido, tanto pelo largo y tanta letra inconforme estaban destinados a durar lo que la alegría en casa del pobre. Al poco rato, llegó un policía a interesarse por la identidad y el origen de los allí congregados. Alguien dijo que éramos miembros de la Asociación Hermanos Saíz —lo que era, en el mejor de los casos, una verdad a medias—. El cuadrúpedo respondió con una pregunta: «¿Que ustedes son hermanos de quién?». Risas. Energúmeno acomplejado. Congregación disuelta.

“Candil de nieve” marcó mi iniciación en la guitarra y hasta hace una década la tocaba, con mil forros, en do mayor. Hace años no comulgo con la estética lacrimosa de la Nueva Trova, sin embargo, todavía recuerdo con gratitud la «fuga catatónica, nocturna» con la que —en aquella Habana plagada de candiles de cera— nos quisiera alumbrar Raúl Torres.

2 comentarios:

Los Miquis de Miami dijo...

"no pienso que sufrir es aquella opción que nos dio algún dios para salvarnos...", es así ¿no? bella canción. de las eternas.

bustrófedon dijo...

"(...) No apagues el candil
o la nieve te hunde
en el centro del dolor".