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martes, agosto 05, 2008

Réquiem por el 5 de Agosto

Yo no tiré una piedra ni un insulto
cuando el pueblo salió a quemar el cielo
y hermano contra hermano en pleno duelo
daban cuenta de un rencor insepulto.

No formé parte de la barricada
que clamó libertad de cuerpo y mente…
(¿Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue La Habana ensangrentada?).

El miedo, tan endémico a la tierra
que vio nacer a esbirros ilustrados,
me hizo quedarme en casa, cabizbajo,

perdiéndome esta despiadada guerra
de un contingente de obreros armados
contra los desvalidos, los de abajo.
____
La libertad guiando al pueblo (1830, Museo del Louvre, París),
del pintor francés Eugène Delacroix.

9 comentarios:

Jorge Salcedo dijo...

Los de abajo podían haber dicho:
No sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo…
Pero me temo que la bulla era mucha para recitar nada en esas circunstancias. Yo había salido un par de años antes. ¿Cómo te enteraste de lo que estaba pasando?

Ernesto G. dijo...

Muy bueno. Recuerdo ese día claramente. Bustro, me habias dejado un comentario en uno de mis posts sobre Elliot y recien lo acabo de leer. Y te respondi.

Anónimo dijo...

¿El 5 de agosto de qué año?

Anónimo dijo...

Excelente.

CRA

Al Godar dijo...

Yo ya no estaba en Cuba en esa epoca, pero de haber estado, probablemente no hubiera salido por miedo. O peor aún: por no buscarme lios.
"La cobardía es asunto de hombres, no de los amantes". Dijo Silvio y creo que tenía razón.
Saludos,
Al Godar

Anónimo dijo...

y te faltó: "Un Hatuey que vibra en la montaña"

Yoana dijo...

Pues si, el miedo, ese gran enemigo que nos ha mantenido aislados dentro y fuera de la isla jaula. Yo viví ese día de un modo muy particular que relato en mi último post, por puro milagro no caí entre las victimas en un choque insensato con un victimario. Merece la pena no olvidar aunque duela, aquella Habana "ensangrentada" - sobre todo ese malecón y ese mar, tumba de tantos cubanos. Un abrazo,

Ana

Anónimo dijo...

Eso no lo viví en carne propia,
diez mil kms. es muy lejos,
cuánto agradezco tu opción.

Saludos
F.C.

Anónimo dijo...

Ese día terminé La nada cotidiana. Ese día salí a la calle cuando me enteré de lo que pasaba, sólo pude llegar al hospital Amejeiras. Iba en bicicleta. Mi vecino era anestesista del hospital, me contó que llegaron mujeres y hombres heridos de balas. Gracias por el post. Zoé Valdés.