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sábado, abril 25, 2009

Los inocentes

Regreso de una visita que, por conveniente, había sido pospuesta hasta el infinito y más allá. Me refiero al Mausoleo Ossario Gianicolense, ubicado en la colina que debe su nombre a Jano bifronte.

Entro al recinto. Le doy una vuelta a la plazoleta. Me cuelo entre sus muy rectangulares columnas. Tomo fotos que servirán de monumento al monumento y recuerdo que el origen en latín del término que aquí repito es, precisamente, “recordar”. Me entretengo mirando esas siglas que alguna vez indicaron la pertenencia al senado y al pueblo de Roma —SPQR— y no puedo evitar que me sobrecoja un poco el carácter marcadamente fascista de este tipo de arquitectura.

Me siento en un banco y me distraigo (aunque no en ese orden). Para darles un respiro a los problemas de ajedrez, resuelvo un ejercicio de sudoku y se me va el tiempo entre números que encajan y desencajan. Cuando salgo del puzle matemático, la rigidez de las columnas y la pesadez del memorial a los caídos en la defensa de Roma me empaña la mañana, que, por lo demás, es en extremo luminosa. Pienso en los inmolados —de la bota italiana, del caimán caribeño—, en quienes dieron la vida en nombre de la Causa, cualquiera que ésta fuese. Y me viene a la memoria aquella fatídica y redundante consigna que me persiguió desde que tuve conciencia hasta que me fugué de la isla.

Se me ha nublado el día. Busco refugio en las áreas verdes que rodean al complejo arquitectónico y entonces los veo. Son dos —como la canción del general—, dos perros que juegan en la hierba, al margen de la ciudad y su historia, desentendidos de todos y de todo: desde la ambulancia que sube la colina a revientacaballo hasta mis ganas de divulgar por todos los confines
las víctimas de ese proceso que algunos llaman “revolución cubana”.

Miro a los cachorros mataperrear, ajenos al cubaneo, a la maldita suspicacia por todas partes y a la sombra nefasta de ese régimen que sigue detentando el poder en mi tierra. Entonces pienso en los cientos de miles de compatriotas que viven en países democráticos y en el no minúsculo por ciento de ellos que prefiere no meterse en política para garantizarse la entrada y la salida en su tierra natal y, en términos generales, una vida más llevadera.

Me entran un cansancio y un desánimo difíciles de describir. Sé que pasarán y que en breve estaré escribiendo alguna décima burlona, desgranando un soneto satírico, buscando una nueva manera de mofarme de los hermanos Castro y su decrépita dictadura cincuentenaria. Pero admito que en un instante de flaqueza, añoro ese candor animal —de los cachorros, de los cubanos que prefieren desentenderse de la realidad de la isla—, esa inocencia, por suerte, ya irrecuperable.

miércoles, marzo 18, 2009

Memoria, verdad y justicia

En el Valle de los Templos, a poco menos de un kilómetro del Templo de la Concordia yacen los restos del que fuera dedicado a Jove. El mismo —entre sus columnas a medio derribar, sus estatuas dilapidadas, su esplendor antiguo— incluye un área dedicada a los sacrificios.

Sí, en el antiguo imperio —por la época en que convivían humanos y deidades— los dioses tenían la costumbre de recibir ofrendas de sus devotos. Dichas ofrendas variaban en dependencia del poder adquisitivo de quienes las hacían. Las más comunes involucraban diferentes tipos de alimentos: vegetales, frutas, miel... aunque también recibían ofrendas de animales, denominadas, no sin razón, “sacrificios”. En el altar de los sacrificios, se cortaba el cuello de la bestia —que solía ser blanca y, por lo general, de la familia de los bovinos, aunque no escatimaban aves u otros cuadrúpedos de menor tamaño—; luego, el animal era parcialmente quemado. Si la quema de la víctima era total, el acto era denominado “holocausto”. En las ocasiones en que toda la población celebraba un sacrificio público de muchos animales, el rito era conocido como una “hecatombe” (que significa “cien bueyes”).

Han pasado siglos y siglos y ha llovido a borbotones —literal y figuradamente— desde que el último cuello de una res se encontrara con el despiadado frío del acero. Sin embargo —como se puede apreciar en la foto que acompaña este texto—, las manchas de sangre provenientes de hecatombes y holocaustos aún no se han borrado.

Hoy, 18 de marzo de 2009, día en que se conmemora el sexto aniversario de la tristemente célebre Primavera Negra —aquella infame ola de represión que sacudió Cuba de uno a otro confín— y ya cumplidos cincuenta años de totalitarismo, en los que si algo se ha derrochado es precisamente sangre, me tomo la libertad de recordar al gobierno de la isla que mientras exista un cubano digno, sus crímenes no quedarán impunes ni serán olvidados.

La sangre —por suerte o por desgracia— es tan espesa como indeleble.

miércoles, febrero 04, 2009

Protesta en NY (Update #2)

Acabo de dejar un extenso comentario en el blog de Zoé Valdés, sobre la protesta del próximo domingo 1 de marzo. Su señalamiento me parece muy atinado y pienso que mi respuesta intenta evacuar las posibles dudas al respecto. Antes de seguir leyendo este post, tengan la bondad de remitirse a esta nota.

***
Estimada Zoé:

En primer lugar, permíteme agradecerte enormemente por difundir la convocatoria a la protesta en Nueva York. Tu apoyo es muy importante para mí, en el plano personal y como cubano digno. Esperaba contar con él y me alegra constatarlo.

Respecto a lo que señalas: entiendo que puede parecer ingenuo lo de la convocatoria, y no es para nada la intención. Estoy convencido de que la ingenuidad y la ignorancia han sido dos nutrientes básicos que han contribuido a que el régimen cubano aún no sea condenado unánimemente en todos los foros posibles como lo que es: una dictadura que suprime las libertades básicas ya no sólo de quienes viven en su territorio, sino incluso de quienes habitan allende los mares. (La sistemática violación del artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que establece en su segundo acápite que «Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país», afecta lo mismo a los cubanos de la isla, que a los exiliados que a quienes se llaman emigrantes económicos).

Créeme que no hay nada de prurito a que no haya partidos políticos apoyando esta manifestación. Es simplemente un hecho. La protesta no ha sido convocada por ningún partido político ni organización no gubernamental. Yo, por poner el ejemplo más obvio, soy miembro de la Junta de Directores de Archivo Cuba (una ONG, no partidista) que se dedica a documentar “el costo en vidas del proceso político-histórico conocido como la Revolución Cubana”. Luego de leer las crónicas de las protestas en Madrid y Barcelona, pensé que sería fabuloso si pudiéramos los días primero de cada mes hacer un acto de protesta en una o varias ciudades distintas, mientras dure esa vergüenza que es la dictadura cubana. Y entonces lancé la convocatoria en un arranque de entusiasmo. En vistas de que fue sin consultar con la Junta de Archivo Cuba o con miembros de otras organizaciones no gubernamentales o partidos políticos, hice el llamado como individuo, ciudadano libre de un país libre. No quiere esto decir que no sean bienvenidos los políticos, provengan de cualquier partido, o las ONG, de cualquier índole. ¡En lo absoluto! Yo tampoco le veo ningún inconveniente ni ningún pecado en que haya políticos y sus respectivos partidos luchando por la libertad de Cuba, del lado nuestro, en las manifestaciones. De tal suerte, la convocatoria está abierta, sin excepción, a todos aquellos que quieran manifestarse contra medio siglo de totalitarismo. Por mi parte, intentaré aunar a personalidades de la cultura, la política y gente que tenga un peso específico en la cosa pública, para que el acto gane en notoriedad y tenga mayor cobertura mediática. Tan pronto se vayan sumando nombres de peso los iré dando a conocer en mi blog.

Por lo demás, tomaré tu sugerencia de implicar a los Clinton, Barack Obama, McCain y ojalá que, como dices, éstos respondan con ganas de solidarizarse con los amantes de la libertad. Sí, es hora de que Obama y su gabinete se pongan clara y explícitamente del lado de la libertad de nuestro país.

Respecto a lo de que la manifestación carece de fondos es otra realidad. Como mencioné arriba: la convoqué yo, en un arranque de entusiasmo. Ergo, no hay otros fondos que no sean los propios. Sin embargo, me parece importante demostrar que no hacen falta fondos para congregar un centenar (o varios) frente a la misión cubana ante la ONU para manifestarse a favor del pueblo de Cuba y en contra de su gobierno.

Una vez más: ¡mil gracias por tu apoyo! Te mantendré muy al tanto de lo que acontezca en los preparativos.

Un abrazo,
Alexis Romay

miércoles, diciembre 10, 2008

De Cuba y otros demonios

Ayer no pude dedicarle un minuto al blog pues pasé parte del día en la carretera —“tuve que manejar noventa millas”, parafraseando a Willi Chirino— rumbo a Blair Academy, una escuela ubicada a un respiro de la frontera con Pensilvania. Pero vayamos al principio. Hace un par de meses, Blair Academy me había invitado a dar una charla sobre “la transición” en Cuba. En algún momento de mi intercambio epistolar con el Dr. Miller —director del programa de Skeptics, que cada martes lleva a un orador a estimular la curiosidad del estudiantado—, le había dicho que con gusto arrastraría a esos parajes una perspectiva inédita del problema que es Cuba y de paso comentaría sobre el deplorable estado actual de cosas en la isla, pero ¿transición?, ¿de qué transición estábamos hablando? En ese punto, el Dr. Miller —que para mi fortuna resultaría un iluminado, sobre todo en lo concerniente a totalitarismos de izquierda— me recordó que era probable que los estudiantes —de noveno a duodécimo grado— tuvieran una idea bastante inexacta de la nación caribeña y que por tanto lo más efectivo y apropiado sería que les brindara una panorámica general del país y luego abriera el foro a las posibles preguntas. Yo, que hasta entonces tenía en mente hacer una presentación del recién publicado North of Hell —mi traducción al inglés de una imprescindible novela de Miguel Correa Mujica, que cuenta las cosas que han sido, las que son y las que serán—, opté por seguir su consejo y darle al evento un cariz más conversacional, cuyo tono facilitaría el intercambio.

Llegué a la escuela —de una belleza descomunal, asentada en una propiedad de quinientos acres— poco después de las cuatro de la tarde. Mi anfitrión me recibió en el acto y a los pocos minutos estábamos hablando cómoda y animadamente en la sala de su casa. Se nos fue la hora y media sin que nos diéramos cuenta. Nos recomendamos libros, películas, debatimos la cosa cubana sin repetir clichés y nos vimos forzados a interrumpir el diálogo a las seis de la tarde para enrumbar al comedor, donde cenaríamos con el resto de la escuela. La cena, deliciosa. Al concluir la misma, el director de Blair Academy agarró el micrófono y, no con poco entusiasmo, presentó al primer escritor cubano que arribaba a esos lares para pararse en el podio a hablar sobre la isla. Y me cedió el artefacto. Mi locución aquí sería el anzuelo, pues el evento tendría lugar en un auditorio que estaba en otro edificio. Comencé —¡horror!— con un chiste que nadie entendió, pero rescaté de inmediato la debacle diciéndoles que teníamos en común el hecho de que yo también había asistido a una escuela becada, pero que las diferencias eran notables pues mi adolescencia había transcurrido en una sociedad completamente militarizada y, para colmo, mi escuela era una academia castrense —la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, de la cual, para mi eterno orgullo, me habían expulsado tildándome “una deshonra al uniforme militar”. Omití la parte de la expulsión. Por modestia. Por no hablar de mí mismo—. Y luego les dije que si venían a mi presentación les revelaría la única similitud que existe entre Cuba y Estados Unidos.

Diez minutos más tarde, para mi profunda sorpresa, no cabía un alma en el auditorio. Luego de una muy amable presentación del Dr. Miller, tomé el podio. Empecé revelando lo que ambos países tienen en común: tanto en Cuba como en Estados Unidos se puede hablar mal de Estados Unidos. Hubo risas. Di la panorámica empezando con el golpe de estado de Batista y concluyendo con que el remedio había sido siete veces peor que la enfermedad: en su fase dictatorial, Batista estuvo en el poder siete años; Castro multiplicó su estadía por siete y se aplatanó en el trono (para luego cederlo a su heredero) durante cuarenta y nueve años; en cuanto a número de víctimas: los muertos de ambos bandos desde aquel 10 de marzo en que se malogró la República hasta el 1 de enero en que se malogró la Nación no llegaban a los 2300 —cifra horrenda por demás, que un muerto por razones políticas ya es demasiada muerte—. Las muertes atribuidas a Fidel Castro y su régimen —de las que da fe el
Archivo Cuba— a fecha de hoy sobrepasan las 9000. Aclaré que estas muertes sólo abarcan los fusilamientos, las muertes en prisión, los asesinatos, las ejecuciones extrajudiciales, pero excluyen las decenas de miles de personas —el cálculo es conservador— que han perdido y pierden la vida en el mar, huyendo del tan cacareado paraíso socialista. Y, ya expuestas las vísceras de la isla, invité al debate.

La primera reacción vino de un profesor de la escuela, inmigrante de origen haitiano. Dijo que ya quisieran en su tierra natal tener los problemas que tenemos nosotros en Cuba. (Este maniqueísmo es enternecedor por su torpeza). Le respondí que en ningún momento me atrevería a minimizar la problemática haitiana —en donde la situación, lo sé, es de cuidado—, y que por respeto a las víctimas de ambas tragedias no me permitía comparar cuáles muertos eran más muertos, pero que el hecho de que su país viviera un infierno no justificaba en forma alguna el infierno que es Cuba. A esto respondió con el sonsonete de los “logros de la educación”; mi contraargumento: de qué servía educar a las masas para luego prohibirles los libros. Al hablar del muy limitado acceso a la información en la isla, mencioné que la negativa del diario Granma de darle el 5 de noviembre de 2008 la cobertura en primera plana que merecía la elección del primer presidente negro de este país —destacando en su lugar los resultados de alguna cosecha de cítricos u otro tema absolutamente irrelevante—, se debía al hecho de que mientras nosotros vivimos en el mundo de la realidad, la prensa cubana vive en el mundo de
Las crónicas de Narnia. La carcajada sacudió el recinto. Y el maestro de ceremonias cortó el careo, alegando que el resto del público también tenía derecho a participar en el intercambio.

Las preguntas de los estudiantes fueron, en su totalidad, cándidas e inteligentes —dos categorías que no tienen por qué excluirse entre sí— y abarcaron desde lo personal —si en mi “malestar” con Cuba había espacio para encontrar algo digno de ser rescatado luego de este medio siglo (en realidad, la joven dijo “odio”, pero después me comentó que había usado un término impreciso)— hasta lo global —la razón de ser del embargo—, a lo que respondí alegando, por una parte, que, obviamente, mi malestar no era con Cuba, sino con los miembros de la cúpula que la dirige (que aunque hayan intentado, con éxito, metamorfosearse en una misma entidad, eran dos cosas separadas) y, por la otra, al hecho de que, como reportara Roger Cohen en su
tendencioso artículo para The New York Times: «Estados Unidos es el mayor exportador de comida a Cuba, alcanzando el monto de $600 millones este año» y que el único embargo que en realidad me preocupaba es el que el gobierno cubano le ha impuesto durante medio siglo al pueblo de la isla. En algún momento señalé un par de pifias —entre tantas— del texto de Cohen: se refiere a Castro como alguien que ha sido durante cincuenta años “intermitentemente despiadado”; declara que en la isla parece existir “una especie de apartheid económico”. Lo cuestionable, claro está, yace en lo de “una especie”. Hay apartheid o no hay apartheid, señores. Y en medio siglo de calentar el trono sin intervalos, se es despiadado o no se es despiadado, pero sin intermitencias. Y, no faltaba más, destaqué la joya de la contradicción que contamina el reportaje: «Ha habido cientos de ejecuciones, sobre todo en los primeros años, pero él nunca ha sido un dictador sangriento, un Ceausescu caribeño». Ay, y con estos bueyes tenemos que seguir arando.

Al final de la velada, se me acercó un grupo de estudiantes y continuamos la conversación en privado, haciendo hincapié en la novela de Correa Mujica, la obra de Reinaldo Arenas, la fascinación hollywoodense con el matón argentino. La plática pudo haberse extendido hasta el infinito, pero ellos se debían a sus quehaceres y a mí me esperaba una hora y media en la carretera.


Al llegar a casa, cansado y cayéndome de sueño, me di el salto de rigor por Penúltimos días para enterarme no con poca tristeza de la brutalidad policial perpetrada contra un grupo de opositores pacíficos en Cuba, en la víspera del aniversario del Día Internacional de los Derechos Humanos.

Hoy escribo esto a la carrera, con el asco inevitable ante la infamia y con la esperanza de que alguno de mis interlocutores de anoche lo lea. Si alguien se lo hace llegar al profesor haitiano —cuyo nombre desconozco—, quedaré inmensamente agradecido.

martes, julio 22, 2008

Cuando un amigo se va

Con profundo pesar, transmito la noticia del fallecimiento de María “Cuca” Pino tras una larga y penosa batalla contra el cáncer. Nuestra amistad nació a principios de este siglo, cuando nos conocimos gracias al Archivo Cuba —un imprescindible proyecto que está documentando el costo en vidas del proceso político-histórico conocido como la Revolución Cubana; este empeño es capitaneado por su hija, María Werlau—.

Cuca fue fundadora del Archivo Cuba, así como del capítulo de M.A.R. Por Cuba (Mothers Against Repression) en Puerto Rico y directora de dicha organización. La última vez que la vi en vida fue hace cuestión de cuatro meses, cuando nos reunimos en su casa para una reunión ordinaria de la Junta de Directores del Archivo Cuba. Hasta entonces, mi estima y admiración por Cuca eran muy altas, pero verla —en medio de su batalla contra la terrible enfermedad— librar otra batalla que le era igual de importante —por la memoria, verdad y justicia de las víctimas del totalitarismo cubano— me hizo tener una idea mucho más cabal de su grandeza.

Cuca nos deja en desconsuelo a quienes tuvimos la dicha y la suerte de conocerla. A su hija, mi querida María Werlau, sus nietos, familiares y amigos, les extiendo mi más sentido pésame.

En paz descanse, María “Cuca” Pino .

lunes, abril 14, 2008

Donde dije digo, digo Diego

Muy a mi pesar, al hablar del foro en Madrid y el espectador airado, combiné dos anécdotas en una. María Werlau me corrige: quien la acusó de mentir no fue un miembro del público, sino (lo que es aún más triste) un panelista. Cosas veredes, Sancho.

A los lectores y a María, ofrezco mis más sinceras disculpas por tergiversar los hechos.

En palabras de Werlau:

Querido Alexis:

Para ser preciso, te sugiero corregir la anécdota. [Tu descripción] se trata de un evento que se suscitó a propósito del foro en Madrid en marzo del 2007. Fue un debate televisivo en CNN Plus que sostuve con Manuel Martín Medem, autor del libro Fidel, ¿Por qué no me enseñaste cómo se vive sin ti?, reciente corresponsal de televisión española en Cuba durante cuatro años. Éramos los invitados de un conocido programa cuyo anfitrión es el destacado periodista español José María Calleja. Medem no pudo más que alegar, al tratarse el tema de las víctimas, de que eran puras mentiras.

Por cierto, entre otras cosas, veo en el internet en entrevistas que ha condedido Medem que él sostiene que Cuba no es una dictadura comparada con los regímenes militares que gobernaron en Latinoamérica el siglo pasado, calificó a Osvaldo Payá de mercenario, y se refiere a la FNCA [Fundación Nacional Cubano Americana] como “mafia terrorista de Miami”.

Para tu información, fue un intercambio muy cívico (el mismo Calleja luego me dijo que era el debate más sobrio que había visto sobre temática cubana). Luego, invité a Medem a acompañarme a Madrid en el carro que me llevaba de regreso a la ciudad contratado por el canal. Le dije que para qué utilizar dos carros y así podíamos conversar. Tuvimos una conversación cordial y aproveché para entregarle material sobre el proyecto y contarle más sobre las víctimas. Le pedí que me avisara qué le parecía. Nunca más supe de él. Me parece que traté de llamarlo por teléfono antes de irme de Madrid y no di con él. Así que si sigue insistiendo en que es mentira, al menos ya no puede afirmarlo con la conciencia limpia.

A propósito de “Tribuna Barcelona”

Esta escena de los amantes del castrismo (allende los mares) defendiendo lo inexcusable me recuerda una anécdota que me contara no hace mucho María Werlau, directora del antes mencionado Archivo Cuba.

El año pasado, Werlau participó en calidad de panelista en un foro sobre la situación en la isla. Dicho foro tuvo lugar en Madrid. Luego de que Werlau expusiera con fechas y datos precisos y constatables un muestrario de las víctimas del régimen cubano, uno de los amanuenses de la dictadura, desde el público, le gritó: «Eso es mentira».

El grito sumado a la caterva de insultos ―por parte del espectador― es significativo. Expone, como pocas cosas, el modus operandi de los seguidores del régimen: ante la incontestable evidencia, agreden.

Viví un episodio similar a raíz del traspaso de poderes que tuvo lugar a finales de febrero en la monarquía cubana: en una mini feria de libros, un colega de la industria osó pedirme mi opinión sobre el Heredero en Jefe©. Cuando le dije que si Pinochet o Franco o cualquier otro dictador pasara el poder a su hermano en The New York Times habría una avalancha de editoriales en su contra, una cadena de infartos masivos o ambas, mi interlocutor contestó que no podía comparar a Fidel con Pinochet, pues este último era un «dictador malo». Lo dijo con esas palabras. Luego de preguntarle si creía que el mandatario cubano era un “dictador bueno” y pedirle que me explicara dónde radicaba la diferencia entre dictaduras buenas y malas ―habida cuenta de que con los 49 años que detentó el poder en Cuba, Castro había casi triplicado el número de víctimas y la permanencia en el poder de su homólogo chileno―, el castrista light me dijo que habíamos ido a la feria del libro a hacer negocios, no a discutir de política.

Estos ejemplos muestran la férrea voluntad de no escuchar que se gastan quienes prefieren creer en aquella utopía que les vendieron a precio de saldo a principios de los sesenta. Es duro para ellos, después de tantas décadas, admitir que les dieron gato por liebre. A nadie le gusta que le pinchen el globo, aunque sea un globo tinto en sangre.

Al margen de eso, debemos seguir insistiendo en mostrar la naturaleza despótica del régimen en cuanta oportunidad se presente, aunque esté más que demostrado que no se le puede dar la verdad a quien no sabe qué hacer con ella.

Crónica de un evento anunciado

Ayer, en horas de la tarde y como parte de las actividades del Festival de Cine de La Habana en Nueva York, fue presentada en New York University (NYU) la mejor lograda obra de ficción de Estela Bravo. Este largometraje de fantasía parcial y desbordante se titula Fidel. Su contenido se podría resumir de la siguiente manera: “documental” donde la manipulación reina y la objetividad brilla por su ausencia.

Mi amiga y colega María Werlau, directora del Archivo Cuba, asistió a la presentación de Fidel. Desde aquí le agradezco la gentileza de compartir esta crónica del evento con los lectores de Belascoaín y Neptuno:

La sala estaba abarrotada y no había donde sentarse cuando llegué. Había sillas y gente parada hasta en los pasillos y la entrada. Por suerte, me colé por una esquinita de atrás. Me cogió bastante tráfico en el túnel para entrar a la ciudad, así que llegué cuando Estela Bravo estaba terminando de hablar antes de comenzar la proyección del documental. No sé qué dijo aparte de que fue a última hora que se decidió incluir una sección más larga sobre los logros de Fidel en África.

La película dura 90 minutos y debería titularse A Fidel Love Fest. Está muy bien filmada, con mucho pietaje original e histórico, mucho de Fidel en cámara en sus momentos más carismáticos, aparte de cuanto líder, intelectual y multitud dentro y fuera de Cuba que aparece adorándolo. El libreto está muy bien hecho para confundir al que no conoce la historia y presentar al líder en su infinita brillantez, avocado al bienestar de su pueblo, a la defensa de la revolución contra el imperio y los que se fueron. Por supuesto, cualquier viso de algo negativo es culpa del bloqueo, la CIA, etc., no sólo en Cuba sino en el Chile de Allende, etc. Hasta el Papa es usado para avalar a Fidel y denunciar el bloqueo. Hay algunos errores crasos (por ejemplo: los 20 000 muertos de Batista), pero éstos son pocos. Lo que sí hay es una enorme y consistente manipulación, y muy bien hecha, de hechos históricos que van desde la Sierra hasta el presente, así como la total omisión de cualquier cosa que pudiera presentar a Fidel en menos que luminosa brillantez, incluyendo la represión, los crímenes del régimen, el descalabro económico, y demás. El público parecía en su inmensa mayoría gran simpatizante de Fidel y algunos aplaudían enérgicamente durante la proyección. Ya para los últimos treinta minutos, miraba mi reloj con ansiedad, creía que no podría soportar más, me dio hasta dolor de pecho.

Al final, salí rápido y dejé unos volantes que hablan de la represión y las víctimas [ver volante
aquí] en una mesa donde habían puesto panfletos sobre el Festival y salí a la acera, para interceptar al público que salía. Repartí los volantes a todos los que pasaron y vi que casi todos se iban leyéndolos. Algunos ya los traían de adentro, tomados de la mesa donde los dejé, así que al parecer los organizadores no se dieron cuenta de que eran un “outside job”. Cuando vi pasar al admirador más vociferante de Fidel, quien estaba cerca mío durante la proyección y aplaudía más que nadie, le dije: «Ah, vi que le gustó mucho la película, entonces por favor tome uno de estos volantes». Cuando lo leyó empezó a insultarme y me gritaba mientras se alejaba, pero no me viré y seguí con los volantes. Nadie más fue grosero conmigo.

Cuando se me terminaron los volantes, regresé al salón, donde quedaba alguna gente y me presenté a la mujer que dirige el festival, Carole Rosenberg, la presidenta del Friends of the Ludwig Foundation of Cuba. Comenzamos a charlar cordialmente y me contó cómo comenzaron con el proyecto de la Ludwig Foundation. Me explicó que su interés primordial era el arte, no la política, a lo cual le respondí que eso es prácticamente imposible, especialmente con respecto a Cuba. Luego cuando quedaba muy poca gente, vino a nuestro encuentro Estela Bravo y me saludó, dándome las gracias por haber asistido. De manera respetuosa, le dije que encontraba su película completamente parcializada y que me había causado mucho sufrimiento verla, pues no dudaba que Fidel tiene simpatizantes, tal como lo presentó, pero él también había y ha causado enorme sufrimiento y descalabro, lo que no figura en ninguna parte del documental, como tampoco aparecen opiniones divergentes sobre él. Entonces se viró y me presentó al marido —un argentino que escribió el libreto— y me dijo que le reclamara a él. Les dije que además también había encontrado algunos errores históricos puntuales, tales como aseverar que Batista había dejado 20,000 muertos. Bravo me dijo que en Argentina hay discrepancia sobre los números de las víctimas y después de un breve intercambio sobre esto, se fueron.

Hablé un poco más con la presidenta de la Ludwig Foundation, quien sentía mucho alivio de que no le hubieran hecho un piquete y siguió muy cordial. Le dije que mi objeción al documental no se trata de política, sino que va más allá a un asunto de derechos humanos fundamentales. Le pregunté si pondrían películas hechas desde la perspectiva de cubanos en el exilio y me dijo que sí, pero que nunca se las habían presentado. Creo que se deberían buscar varias películas sobre Cuba para presentarlas para el próximo festival.

Por cierto, me confirmó que Bravo y su marido viven en Cuba hace años. No he podido encontrar quién financió la película Fidel y los otros documentales que hace Bravo sobre Cuba y los oprimidos de América Latina. No dudaría que fuera el estado cubano, ya que al menos éste es pura propaganda a favor del régimen. Si alguien sabe algo concreto sobre esto, favor de escribirme a
info@CubaArchive.org.

lunes, febrero 25, 2008

Nota del Archivo Cuba

Reproduzco un comunicado de prensa de mi amiga y colega María Werlau, Presidente de la Junta Directiva y Directora Ejecutiva del Archivo Cuba.

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LOS CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD DE RAÚL CASTRO
25 de febrero del 2008.

Summit, New Jersey. La Asamblea Nacional cubana ha nombrado Presidente de Cuba al Ministro de Defensa, Raúl Castro. Por su rol de segundo de una dictadura por más de 49 años, llega al cargo siendo directamente responsable de crímenes de lesa humanidad perpetrados contra miles de personas en Cuba y alrededor del mundo.

Como miembro del Consejo de Estado, Raúl Castro lleva años firmando sentencias de muerte contra opositores y disidentes. Pero su carrera de asesino tiene larga data, comenzando en 1956, cuando mató a un compañero durante su exilio en México. Durante la lucha guerrillera en las montañas, ejecutó a desertores y delatores. A comienzos del gobierno revolucionario, estando a cargo de la provincia de Oriente, hizo matar a cientos de hombres. En un solo día, el 12 de enero de 1959, ordenó fusilar sin juicio previo a 72 hombres en Santiago de Cuba. Durante toda la noche y entrado el día siguiente hizo llevar a sucesivos grupos de hombres a la Loma de San Juan, donde fueron fusilados frente a trincheras recién cavadas. Se cuenta que Raúl dio varios tiros de gracia con regocijo. Al concluir la masacre, un tractor echó tierra sobre las fosas comunes. Entre las víctimas estaba el policía Benito Cortés, ciudadano americano nacido en Puerto Rico y padre de cinco hijos. En 1966, para ocultar evidencias del crimen, Raúl hizo exhumar los cadáveres, forrarlos en concreto y tirarlos a lo profundo del mar en la Fosa de Battle.

Archivo Cuba tiene documentación sobre decenas de asesinatos, incluyendo de niños, en intentos de salida de Cuba de los cuales Raúl Castro es el principal responsable. Su Fuerza Aérea llevó a cabo la Masacre del Río Canímar del 6 de julio de 1980, que dejó al menos 56 muertos. Se estima que muchos más civiles desarmados han sufrido semejante suerte a manos de unidades especiales de las Fuerzas Aéreas dedicadas a buscar balsas con refugiados para hundirlas. Así como muchos otros, el 19 de enero de 1994, los jóvenes Iskander Maleras y Luis Ángel Valverde fueron asesinados por tropas guardafronteras cubanas con órdenes directas de Raúl Castro de disparar a matar al que intentara asilarse en la Base Naval Estadounidense de Guantánamo de los Estados Unidos. La hazaña fue premiada con medallas y promociones.

En su cargo de Ministro de Defensa, Raúl Castro ha sido responsable de crímenes de guerra dentro y fuera de Cuba. Durante el alzamiento campesino de los años sesenta, sus fuerzas armadas prendieron fuego y ejecutaron sin juicio a cientos de prisioneros. Durante la invasión de Bahía de Cochinos, cinco prisioneros fueron fusilados poco después de su captura y nueve murieron asfixiados dentro de un camión sellado. Durante todo su mandato, jóvenes en el servicio militar obligatorio han sido fusilados o asesinados por disentir o querer desertar, tal como Francisco Fernández Galván, fusilado el 20 de abril del 1979. El saldo de víctimas se multiplica geográficamente y en el tiempo con las incursiones militares de Cuba en Latinoamérica, África y el Medio Oriente. Los ataques intencionales a poblados de civiles en Angola forman parte del legado.

El hecho de que se promoviera a Raúl Castro en el aniversario de uno de los crímenes más notables encierra un significado especial. El 24 de febrero de 1996, a la vez que se detenía a numerosos opositores pacíficos en la isla, ordenó que MIGs cubanos derribaran en espacio aéreo internacional a dos avionetas civiles en misión humanitaria del grupo “Hermanos al Rescate”. Murieron tres ciudadanos americanos y un joven que había sido rescatado años atrás por el mismo grupo. La Organización de la Aviación Civil en Montreal condenó el sanguinario acto y una Corte Superior de los Estados Unidos encontró al gobierno cubano culpable de un crimen premeditado. Para más información sobre las víctimas de la Revolución Cubana, visite: www.ArchivoCuba.org

Contacte a: María C. Werlau
Tel. 973.701-0520
Info@CubaArchive.org