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jueves, marzo 05, 2009

Apuntes sobre el gardeo a presión

Si usted intenta visitar el blog Generación Y, de Yoani Sánchez, así como el resto de los blogs alojados en la plataforma “Desde Cuba”, se encontrará con una nota en varios idiomas que advierte que «la página no se encuentra disponible en estos momentos».

He aquí el verdadero bloqueo que sufren los cubanos:


H/T: Rosa.

domingo, febrero 15, 2009

Tareas de choque

Los voceros del castrismo no se cansan de repetir la cantaleta de la educación gratis (que no es tal) y la salud pública (que da grima). Para ello, están dispuestos a ignorar la penuria material y espiritual que ha atravesado y aún atraviesa el pueblo cubano y de la cual el único culpable no es otro que el grupo que ha detentado el poder por espacio de cinco décadas en la isla.

Al margen de dónde nos ubiquemos en el tema de la “excepcionalidad” de nuestra nación, tenemos que admitir que esta ceguera selectiva de los amanuenses del régimen no es patrimonio de la cosa cubana. Luigi Barzini advirtió en Los italianos (1964) que hay seres que «desean, muy patéticamente, no querer ser contradichos por los hechos». Vamos, que no importa el tamaño de la evidencia. Siempre se negarán a darle crédito.

Qué escuelas ni qué hospitales ni qué escolar muerto. Puestos a ser sinceros, lo único que la revolución cubana ha producido con efectiva periodicidad a lo largo de medio siglo es emigrantes —llámense “económicos” o exiliados— y violencia. Y esta es una verdad de Perogrullo: la violencia ha sido el rubro más distintivo del accionar revolucionario, desde su debut, cuando tomó el poder armas mediante hasta el momento en que tecleo estas líneas.

¿Por qué traigo esto a colación? Por la más reciente de las afrentas de la dictadura. He leído alarmado ya no los insultos —que son los mismos de siempre; los castristas pecan de cualquier cosa menos de ser originales— sino las amenazas a plena luz del día, a cara descubierta, que Marilyn Leyva, Guadalupe Ramírez y Reinier Izquierdo —desconozco si son seudónimos o gente de carne y hueso— les profieren a dos ciudadanos cubanos residentes en la isla. Los amenazados: Yoani Sánchez —Premio Ortega y Gasset, punta de lanza de la blogosfera cubana— y Orlando Luis Pardo Lazo —escritor, blogger y fotógrafo—. El motivo: la presentación por parte de la primera de un libro del segundo; el acto tendrá lugar a la intemperie, en un espacio público, mañana lunes 16 de enero. Eso, si la turba castrista no lo impide.

He visto con horror la escalada bélica del tono en que se les conmina a los participantes a desistir del evento. Lo que empezó como sugerencia, transitó a advertencia y luego a intimidación explícita, que promete golpizas y rostros desfigurados, rostros que no serán capaces de reconocer las madres de quienes se atrevan a asistir a la lectura en «la explanada exterior frente al parqueo delantero de la Cabaña, inevitablemente a la derecha de la calle de entrada a la Feria [del Libro]».(Ahora mismo pienso en Hebe Bonafini —quien es a la vez fundadora y vocera de las Madres de la Plaza de Mayo y defensora a capa y espada de la brutal dictadura cubana— y no puedo evitar una náusea incontenible).

Y ya que estamos, pienso en la indefensión de mis compatriotas —qué palabra tan fea, compatriotas—. Pienso en la forma burda en que el régimen castrista viola una y otra vez el derecho de asociación a quienes habitan bajo su cetro. Pienso en Estados Unidos —mi tierra adoptiva— y añoro para Yoani y Orlando y el resto de los cubanos los derechos que me asisten en la patria de Lincoln. Acá, ante amenazas de esa índole no hay más que ir a la policía —cuyo objetivo claramente definido es “servir y proteger”— y los agentes del orden se ocuparán de darle seguimiento al caso y evitar que las amenazas se materialicen.

Ay, pero mis compatriotas —qué palabra tan fea, compatriotas— en la isla no gozan de esa suerte. No pueden ir a la policía a denunciar las amenazas ya que dicha institución además de ser “nacional”, es “revolucionaria” y, por tanto, no está para amparar a quienes son catalogados desde los círculos de poder como “contrarrevolucionarios”.

En medio de la rabia y el desconsuelo, dedico este mensaje —que no es amenaza sino promesa— a Marilyn Leyva, Guadalupe Ramírez, Reinier Izquierdo y las catervas de promotores de la intolerancia: sus nombres pasarán a la posteridad, pero con más penas que glorias. Desde hoy mismo les hemos reservado sus respectivos palcos en la historia universal de la infamia.

jueves, diciembre 18, 2008

Del ninguneo y otras malas artes

Al leer la diatriba de Mariela Castro contra Yoani Sánchez me salta a la vista no sólo el despectivo “gallita” que le endilga la heredera a la blogger —y al que ésta responde con la gracia y el aplomo que la caracterizan—, sino el hecho de que a pesar de que la representante de la dinastía Castro alude directamente a la ciudadana que la interpeló en días recientes durante una conferencia sobre sexualidad, en ninguna parte se atreve a nombrarla. Alguno dirá que sí, que la mienta, pero no, pues al referirse a ella declara que «después supe que se llama Yoanis» y luego se explaya en acusaciones e injurias de índole personal que aquí no pienso repetir y que evidencian lo obvio: la sexóloga sabe muy bien de quién está hablando. Sin embargo, a pesar de la sarta de acusaciones que dedica a la ganadora del Premio Ortega y Gasset de Periodismo Digital —este detalle no lo menciona—, Marielas, en su afán de ningunear a su interlocutora, le añade una “s” al nombre y le niega el derecho a un apellido. De tal artimaña, surge “Yoanis”. (Este modus operandi no es nada novedoso. Enrique Ubieta, en marzo de este año —en triquiñuela similar— se refirió al blog Penúltimos días como Penúltimos siglos).

La descalificación permea el texto de Marielas. Antes de llamarla por su nuevo nombre (con “s” añadida), se refiere a Yoani Sánchez como una “muchacha joven”. (El error es craso. Al margen de su juventud, Yoani es una mujer, hecha y derecha). En caso de que el mensaje no hubiera sido lo suficientemente claro —debemos recordar que los seguidores de la revolución cubana no despuntan por su sagacidad—, sube la parada y la tilda de “muchachita” y, por si fuera poco, la culpa de estar “jugando a las mentiritas”. Todo a base de diminutivos, para cubrir a la blogger en un manto de insignificancia.

Alguien tendrá que informarle a Mariela Castro que esos trucos ya están más que gastados. Y, de paso, que la ponga al día: en esta ocasión, el tiro le salió por la culata.
___
Ilustración:
Oscar Peñate

sábado, diciembre 06, 2008

Cuento de dos ciudades

Hoy viene a cenar a casa un grupo de amigos. Nada hay de heroico en la oración anterior. Y eso me gusta. No tenemos una agenda específica, pero supongo que hablaremos trivialidades y asuntos de peso. Algo es seguro: descorcharemos un buen vino y despotricaremos a nuestras anchas. A lo largo de la noche, a nadie en mi cuadra o vecindario le importará cuándo llegan, cuántos son los comensales, a qué hora se retiran, o qué temas serán tocados en esta velada invernal. Ninguno de los invitados temblará cuando alguien toque la puerta. Ni a uno solo de mis convidados podría ocurrírsele que en el umbral se aparecerá un policía, empecinado en interrumpir lo armonioso del convite con una orden de arresto pues la cena ha «transgredido todos los límites de la tolerancia».

De este grupo selecto, sólo uno —ay, yo— estará consciente de que el encuentro bajo nuestro techo es legal y posible gracias a la primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de América, que, de un plumazo, nos garantiza libertad de culto, de expresión, de prensa, de reunión, o de petición de cambios al gobierno. En algún momento lo recordaré. (Hay ciertas cosas que no me gusta tomar por sentado). Predigo la reacción de un confín a otro de la mesa: alguien levantará una copa y brindaremos por este derecho, que es en ciertos lugares del mundo —pienso en Cuba, por poner un triste ejemplo— un privilegio inexistente.

Mientras esto acontece en un lugar cualquiera de Nueva Jersey, en La Habana, Yoani Sánchez y Claudia Cadelo —junto a un grupo de la incipiente blogosfera cubana que durante meses, sin publicidad ni secretismo, han venido organizando un encuentro de bloggers que tendría lugar hoy— se enfrentarán a la arbitrariedad del gobierno cubano, que las ha amenazado con «tomar todas las medidas y hacer las denuncias pertinentes y las acciones necesarias» si llevan a cabo dicha actividad.

Por suerte, mis amigos no dicen estupideces de la calaña de: «¿Pero en realidad somos libres en Estados Unidos?». Tengo una paciencia muy limitada para estos casos de miopía política.