Además de haberme otorgardo el tiempo y el espacio para terminar mi segunda novela y, de paso, lanzarme de a lleno a otro par de proyectos —que por el momento me reservo—, este mes y medio me brindó la oportunidad de codearme con una fabulosa treintena de artistas y académicos norteamericanos, sobre quienes escribiré en días y meses venideros. Ahora, de un plumazo, me sale esto: gente linda y talentosa, muy a tono con la ciudad que nos dio tan grata acogida.
A este grupo inolvidable, a la Academia Americana en Roma y a la Ciudad Eterna, sin tiempo para más y con gratitud infinita: quienes vamos a viajar, os saludamos.


