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miércoles, abril 16, 2008

En Barnes & Noble

Como cantara el gran Charly García: «alguien en el mundo piensa en mí». A quién deba esta promoción de ensueño: ¡mil gracias!

Manifiesto UNEAC

Socialismo con swing, descafeinado,
para retar al ciberchancleteo
y a dormir en los brazos de Morfeo
y a soñar que el Pasado no ha pasado.

¿Qué tenemos? Congreso, celulares,
la dicha del grillete que acaricia,
el par de siglos que promete Alicia,
tantos años leyendo titulares

en busca de ese cambio prometido,
hace treinta, cuarenta… ¿quién se acuerda?
¡Seguiremos siendo incondicionales!

(A pesar de que todo se ha perdido).
Es agrio nuestro vino. (Buena mierda).
¡Que vivan nuestras aguas albañales!

El quinto clavadista

Había doscientos espectadores aglutinados en el estadio municipal. Cuatro centenares de pupilas pendientes de cada paso del quinto clavadista rumbo al trampolín de siete metros que gozaba del privilegio de ser la más alta elevación del complejo deportivo. Al comenzar la contienda, la alberca era de un azul océano que magnificaba sus escasos doce pies de profundidad. Con su inusual configuración de triángulo equilátero hacía más nítido el momento en que los competidores entraban a ella, pues el foco de atención se reducía a un hombre, girando en el aire, teatral y osadamente, hasta precipitarse dentro de aquel microuniverso que lo acogería, previo a un consecuente y eufórico aluvión de aplausos.

“Complejo deportivo” era una licencia poética utilizada para definir aquel espacio de estructura circular, pobremente techado y lleno hasta el límite de su capacidad. Tendría un diámetro de veinte metros y de sus cuatro puntos cardinales colgaban reflectores de media intensidad que lucían anacrónicos atados a las pencas de guano que conformaban la primitiva cúpula del estadio. La electricidad dependía de una extensión que, una semana antes del evento, se empataba varias veces desde la casa más cercana, hasta colarse entre las infinitas hendiduras del techo, convirtiéndose en la instalación eléctrica más impresionante del cuarto y más obsoleto de los mundos. Al igual que para el resto de las casas del poblado, “impermeabilidad” era un nombre de muchacha desconocida y eso justificaba que el evento tuviera una fecha fija: el decimotercer día de agosto, acompañando a un terrible periodo de sequía y a una jornada de festejos callejeros. La ventilación era natural, por lo que los pobladores se jactaban de haber situado el estadio en el descampado más limpio de la zona para aprovechar la brisa que atravesaba las paredes, sin otras cortinas rompevientos. De la misma forma entraban el vapor vespertino, las moscas y el resto de los insectos aéreos, pero en el evento social más importante de Las Palmas y ante la excitación de los competidores y del público, eran obstáculos menores que podían obviarse sin graves problemas.

La rutina había sido dictada por el Presidente y se cumplía con metódica religiosidad: en la mañana celebraban una feria juvenil en el parque del pueblo y las competencias de clavado se realizaban durante esa misma tarde. El resto del año el complejo deportivo permanecía cerrado.

El motivo de que la piscina tuviera tres lados respondía a una innovación en la etapa ejecutoria, que tenía el propósito de ahorrar el material constructivo enviado por el gobierno de turno con una carta de autorización dirigida a los miembros del caserío Las Palmas, en la que oficialmente se aprobaba la construcción de un local de esparcimiento si los vecinos se hacían responsables del diseño y de la futura puesta en práctica del mismo. El vecindario estaba poblado por unas setenta casas con igual número de familias repartidas hasta, a veces, habitar cuatro generaciones bajo un mismo techo, de las cuales, al menos las dos intermedias habían participado activamente en la ejecución de aquel sitial que era el único en la comunidad en donde cabían todos los palmeros apiñados en ocho filas de bancos dispuestos en espiral.

A pesar de que la información que los pobladores tenían del clavado era básica: “deporte olímpico que consiste en un clavadista que salta desde un trampolín u otro sitio de altura hacia una piscina e incluye toda suerte de giros gráciles y artificiosos en su caída”, la premisa les interesó al punto de que había pasado una década desde que se aventuraron en la tarea de ejecutar su propio estadio. Luego gastaron años en entrenar a los atletas nativos y, desde entonces, con la inauguración del evento anual, que andaba ya por su tercera edición, los espectáculos se habían caracterizado por varias constantes, donde la más notable era el público, que estaba presidido por los fundadores de la región, acompañados de sus orgullosos descendientes, que conformaban entre todos una audiencia campechana y jovial en la que nadie tenía permiso para entrar ni bebidas alcohólicas ni armas blancas. En el cinturón del Presidente de la comunidad se oxidaba un revólver que había adquirido un carácter simbólico y ornamental.

El Presidente de la comunidad basaba el éxito del torneo y de toda su campaña política en una teoría que había heredado con su cargo de máximo responsable de Las Palmas y que nunca tuvo una idea exacta de quién la había originado: “Sin importar su tamaño, su nivel cultural o sus aspiraciones, lo realmente necesario para dominar a cualquier grupo social es la distribución de pan y circo. Es imprescindible darles algo de comer y un poco de entretenimiento”.

En efecto, desde que el Presidente decretó feriado aquel caluroso día del octavo mes para que los vecinos pudieran disfrutar del evento deportivo, el impacto en los grupúsculos inconformes de la población había sido palpable. Organizaban menos revueltas callejeras, pintaban menos carteles en el triste mercado del pueblo, hacían menos comentarios subversivos y, finalmente, se dejaban llevar por el jolgorio y se reunían con el resto de los pobladores a compartir cervezas mal fermentadas y de producción casera, mientras los competidores se catapultaban y con ellos las apuestas, que iban desde una hasta tres gallinas y dos sacos de arroz.

El quinto clavadista comenzó su caminata hacia el trampolín con el pleno convencimiento de que estaba cercano a alcanzar la cumbre de su carrera. La teatralidad con que se desplazaba dio margen a que la excitación de los espectadores se desbordara en decenas de gritos y chiflidos. Era el último competidor y sobre él pesaba la responsabilidad de concluir aquel campeonato municipal. Aunque su entrenamiento lo había preparado para ese instante, los nervios lo estaban traicionando públicamente. Convirtió cada peldaño de la escalera que lo conducía al trampolín en el escenario de un drama personal que los palmeros no entendían.

Evitó mirar dentro de la piscina, pues sentía un vértigo monumental que siempre había interpretado como símbolo del peligroso acercamiento al éxito. Al llegar al final de su trayecto, se le escapó una lágrima que los presentes no pudieron notar. Su cuerpo estaba rígido y los músculos sobresalían embadurnados con la crema reglamentaria, que era preparada con manteca de majá de Santa María (una culebra fácil de encontrar en los riachuelos cercanos a Las Palmas).

La trusa del quinto clavadista era un pantalón corto, carmelita y oscuro, que todavía mostraba huellas de su reciente etapa en el trabajo agrícola.

¿En qué pensaba en ese momento tan cercano a su más elemental noción de gloria?

Los palmeros habían estado en plena algarabía, dando brincos y hurras mientras los concursantes anteriores recorrieron el estadio para concluir parados en la cúspide de sus vidas, pero luego guardaban un respetuoso silencio para propiciar un ambiente tranquilo en el que los deportistas pudieran concentrarse y superar sus miedos. Cuando el quinto clavadista se preparó para ejecutar sus audaces maniobras voladoras, las expresiones de los vecinos del caserío Las Palmas lucieron petrificadas, como si solamente sus órganos vitales estuvieran al tanto de mantenerlos respirando.

De los saltos de los cuatro competidores anteriores, lo más notable fue cuando el segundo estuvo a punto de tocar el techo con sus pies (que puntearon, buscando prolongar la línea vertical en el giro que marcó la altura máxima de su parábola); el primer contendiente, al igual que el cuarto, intentó un doble salto mortal en el que se encogió durante las vueltas para entrar parado a la piscina; el tercero ejecutó el famoso “uno y medio”, que era un complicado ejercicio que exigía dar una vuelta entera y luego estirarse en posición perpendicular a la alberca, con las manos por delante. El quinto clavadista pegó los brazos a su cuerpo y después de aguantar la respiración se dejó caer.

La calma se rompió con el impacto. Al ver como se hacía pedazos, uniéndose a los cuerpos destrozados de los cuatro participantes anteriores y a los aplausos eufóricos de aquel público que escandalizaba una alegría incomprensible. Un público igualmente digno de haber perdido la voz siglos atrás en los entretenimientos salvajes del coliseo romano.

La piscina nunca tuvo agua pues nadie del gobierno de turno le explicó al Presidente que el clavado era un deporte acuático.

***
Fragmento de Salidas de emergencia.

martes, abril 15, 2008

Diario de Campaña de José Martí (VII)

15.―Amanecemos entre órdenes. Una comisión se mandará alas Veguitas a comprar en la tienda española. Otra al parque dejado en el camino. Otra a buscar práctico. Vuelve la comisión con sal, alpargatas, un cucurucho de dulce, tres botellas de licor, chocolate, ron y… José viene con puercos. La comida―puerco guisado con plátanos y malanga.―De mañana… frangollo, el dulce de plátano y queso, y agua de canela y anís, caliente. Viene a… Colombié, montero, ojos malos: va… de su perro amarillo. Al caer la tarde, en fila la gente, sale a la cañada el General, con Paquito, Guerra y Ruenes. ¿Nos permite a los 3 solos? Me resigno mohíno. ¿Será algún peligro? Sube Ángel Guerra llamándome, y al capitán Cardoso. Gómez, al pie del monte, en la vereda sombreada de plátanos, con la cañada abajo, me dice, bello y enternecido, que aparte de reconocer en mí al Delegado, el Ejército Libertador, por él su Jefe, electo en consejo de jefes, me nombra Mayor General. Lo abrazo. Me abrazan todos.―A la noche, carne de puerco con aciete de coco, y es buena.

Viñeta desesperada

Yo, un ente sonriente, silbante, sonante, constante cantante, vibrante, urgente y decente, puedo notar que tú que eres tan suave como la nave clave o el ave que sabe lo que cabe en el casabe, ciudad adicta a la guaracha, buena racha, coge el hacha sin tacha pues te escacha la confesión del melón y el útil diapasón de la canción, que viva el vacilón de esta generación con ilusión en la historia, (las tumbas de) la gloria, muerte a la escoria, gran victoria, notoria, nuestra euforia se perdió, cayó, rompió, soñó, saltó, inspiró a más de tres poetas, con tretas concretas, discretas, tibias metas, sin profetas ni viñetas, abajo los trompetas que estropearon el amor, el candor del trovador generador o el resplandor del verdor de aquel señor, ¡señor, no!, compañero, sincero, primero de enero, tercero para el cenicero y el florero, ¿quién dice que esto es cuero?, ¿y dónde está el baño?, es que desde antaño los extraños orinan por el caño, todo el año usan un paño y eso no me pone huraño, pues no soy tacaño, no me empaño, no regaño ni hago daño y vivo con cuatro pulmones, dos riñones, mil canciones (muchos sones), rincones y constelaciones (sabias evasiones), proyecciones e inyecciones de memoria compilada: Lada, mermelada, alguna abogada pelada y más nada que cada marejada empleada en la bajada a la cañada y la escalada forzada por la tonada del aburrimiento, mal ungüento y si no miento y cuento reviento de contento y el intento contra viento y viento me recuerda a la ¿carne de res?, ¡seguro que yes!, uno, dos y tres, me duelen los pies, siempre es ¿veintitrés?, ¡que viva el Marqués!, aunque el tipo es Conde y esconde y esconde, ¿me pregunto en dónde?, pero no hay respuesta porque mucho cuesta entender su fiesta fuera de la cesta con esta fiera bandera colgada en la tendedera y en la gozadera, ruñidera, bailadera, cumbanchera, al igual que el gato Asrael, personaje cruel, dictador sin piel, dentro de la miel detectamos hiel, con tanto papel, ¿no podré ser fiel?, ¿lealtad a quién?, ¿uno igual a cien?, me gusta Dan Den, pero no el vaivén de este viejo tren, lo repito bien: no es tan fácil, men, y aunque desahuciado, fatigado, descartado del listado de habaneros valiosos, sabrosos, generosos, caudalosos, me alegran los osos y los marsupiales, los pavos reales y los animales que no son virtuales, los caudales, los habituales y los verbales y normales recuerdos que mi paso por tus calles me entregó.

***
Publicado originalmente en Encuentro en la red.

lunes, abril 14, 2008

Diario de Campaña de José Martí (VI)

14.―Día mambí.―Salimos a las 5. A la cintura cruzamos el río, y recruzamos por él―bayás altos a la orilla. Luego, a zapato nuevo, bien cargado, la altísima loma, de yaya de hoja fina, majagua de Cuba, y cupey, de piña estrellada. Vemos, acurrucada en un lechero, la primera jutía. Se descalza Marcos, y sube. Del primer machetazo la degüella: Está aturdida: Está degollada. Comemos naranja agria, que José coge, retorciéndolas con una vara: “¡qué dulce!” Loma arriba. Subir lomas hermana hombres. Por las lomas llegamos al Sao del Nejesial: lindo rincón, claro en el monte, de palmas viejas, mangos y naranjas. Se va José. Marcos viene con el pañuelo lleno de cocos. Me dan la manzana Guerra y Paquito de guardia. Descanso en el campamento. César me cose el tahalí. Lo primero fue coger yaguas, tenderlas por el suelo. Gómez con el machete corta y trae hojas, para él y para mí. Guerra hace su rancho; cuatro horquetas: ramas en colgadizo: yaguas encima. Todos ellos, unos raspan coco, Marcos, ayudado del General, desuella la jutía. La bañan con naranja agria y la salan. El puerco se lleva la naranja, y la piel de la jutía, en la parrilla improvisada, sobre el fuego de leña. De pronto hombres: “¡Ah, hermanos!” Salto a la guardia. La guerrilla de Ruenes, Félix Ruenes, Galano, Rubio, los 10.―Ojos resplandecientes.

Abrazos. Todos traen rifle, machete, revólver. Vinieron a gran loma. Los enfermos resucitaron. Cargamos. Envuelven la jutía en yagua. Nos disputan la carga. Sigo con mi rifle y mis 100 cápsulas, loma abajo, Tibisial abajo. Una guardia. Otra. Ya estamos en el rancho de Tavera, donde acampa la guerrilla. En fila nos aguardan. Vestidos desiguales, de camiseta algunos, camisa y pantalón otros, otros chamarreta y calzón crudo: yareyes de pico: negros, pardos, dos españoles,―Galano, blanco. Ruenes nos presenta. Habla erguido el General. Hablo. Desfile, alegría, cocina, grupos. En la nueva avanzada: volvemos a hablar. Cae la noche, velas de cera, Lima cuece la jutía y asa plátanos, disputa sobre guardias, me cuelga el General mi hamaca bajo la entrada del rancho de yaguas de Tavera. Dormimos envueltos en las capas de goma. ¡Ah! antes de dormir, viene, con una vela en la mano, José, cargado de dos catauros, uno de carne fresca, otro de miel. Y nos pusimos a la miel ansiosos. Rica miel, en panal.―Y en todo el día, ¡qué luz, qué aire, qué lleno el pecho, qué ligero el cuerpo angustiado! Miro del rancho afuera, y veo, en lo alto de la cresta atrás, una paloma y una estrella. El lugar se llama Vega de la…

Invitación

A los interesados: Foreign Policy Association busca bloggers voluntarios.

Donde dije digo, digo Diego

Muy a mi pesar, al hablar del foro en Madrid y el espectador airado, combiné dos anécdotas en una. María Werlau me corrige: quien la acusó de mentir no fue un miembro del público, sino (lo que es aún más triste) un panelista. Cosas veredes, Sancho.

A los lectores y a María, ofrezco mis más sinceras disculpas por tergiversar los hechos.

En palabras de Werlau:

Querido Alexis:

Para ser preciso, te sugiero corregir la anécdota. [Tu descripción] se trata de un evento que se suscitó a propósito del foro en Madrid en marzo del 2007. Fue un debate televisivo en CNN Plus que sostuve con Manuel Martín Medem, autor del libro Fidel, ¿Por qué no me enseñaste cómo se vive sin ti?, reciente corresponsal de televisión española en Cuba durante cuatro años. Éramos los invitados de un conocido programa cuyo anfitrión es el destacado periodista español José María Calleja. Medem no pudo más que alegar, al tratarse el tema de las víctimas, de que eran puras mentiras.

Por cierto, entre otras cosas, veo en el internet en entrevistas que ha condedido Medem que él sostiene que Cuba no es una dictadura comparada con los regímenes militares que gobernaron en Latinoamérica el siglo pasado, calificó a Osvaldo Payá de mercenario, y se refiere a la FNCA [Fundación Nacional Cubano Americana] como “mafia terrorista de Miami”.

Para tu información, fue un intercambio muy cívico (el mismo Calleja luego me dijo que era el debate más sobrio que había visto sobre temática cubana). Luego, invité a Medem a acompañarme a Madrid en el carro que me llevaba de regreso a la ciudad contratado por el canal. Le dije que para qué utilizar dos carros y así podíamos conversar. Tuvimos una conversación cordial y aproveché para entregarle material sobre el proyecto y contarle más sobre las víctimas. Le pedí que me avisara qué le parecía. Nunca más supe de él. Me parece que traté de llamarlo por teléfono antes de irme de Madrid y no di con él. Así que si sigue insistiendo en que es mentira, al menos ya no puede afirmarlo con la conciencia limpia.

A propósito de “Tribuna Barcelona”

Esta escena de los amantes del castrismo (allende los mares) defendiendo lo inexcusable me recuerda una anécdota que me contara no hace mucho María Werlau, directora del antes mencionado Archivo Cuba.

El año pasado, Werlau participó en calidad de panelista en un foro sobre la situación en la isla. Dicho foro tuvo lugar en Madrid. Luego de que Werlau expusiera con fechas y datos precisos y constatables un muestrario de las víctimas del régimen cubano, uno de los amanuenses de la dictadura, desde el público, le gritó: «Eso es mentira».

El grito sumado a la caterva de insultos ―por parte del espectador― es significativo. Expone, como pocas cosas, el modus operandi de los seguidores del régimen: ante la incontestable evidencia, agreden.

Viví un episodio similar a raíz del traspaso de poderes que tuvo lugar a finales de febrero en la monarquía cubana: en una mini feria de libros, un colega de la industria osó pedirme mi opinión sobre el Heredero en Jefe©. Cuando le dije que si Pinochet o Franco o cualquier otro dictador pasara el poder a su hermano en The New York Times habría una avalancha de editoriales en su contra, una cadena de infartos masivos o ambas, mi interlocutor contestó que no podía comparar a Fidel con Pinochet, pues este último era un «dictador malo». Lo dijo con esas palabras. Luego de preguntarle si creía que el mandatario cubano era un “dictador bueno” y pedirle que me explicara dónde radicaba la diferencia entre dictaduras buenas y malas ―habida cuenta de que con los 49 años que detentó el poder en Cuba, Castro había casi triplicado el número de víctimas y la permanencia en el poder de su homólogo chileno―, el castrista light me dijo que habíamos ido a la feria del libro a hacer negocios, no a discutir de política.

Estos ejemplos muestran la férrea voluntad de no escuchar que se gastan quienes prefieren creer en aquella utopía que les vendieron a precio de saldo a principios de los sesenta. Es duro para ellos, después de tantas décadas, admitir que les dieron gato por liebre. A nadie le gusta que le pinchen el globo, aunque sea un globo tinto en sangre.

Al margen de eso, debemos seguir insistiendo en mostrar la naturaleza despótica del régimen en cuanta oportunidad se presente, aunque esté más que demostrado que no se le puede dar la verdad a quien no sabe qué hacer con ella.

Crónica de un evento anunciado

Ayer, en horas de la tarde y como parte de las actividades del Festival de Cine de La Habana en Nueva York, fue presentada en New York University (NYU) la mejor lograda obra de ficción de Estela Bravo. Este largometraje de fantasía parcial y desbordante se titula Fidel. Su contenido se podría resumir de la siguiente manera: “documental” donde la manipulación reina y la objetividad brilla por su ausencia.

Mi amiga y colega María Werlau, directora del Archivo Cuba, asistió a la presentación de Fidel. Desde aquí le agradezco la gentileza de compartir esta crónica del evento con los lectores de Belascoaín y Neptuno:

La sala estaba abarrotada y no había donde sentarse cuando llegué. Había sillas y gente parada hasta en los pasillos y la entrada. Por suerte, me colé por una esquinita de atrás. Me cogió bastante tráfico en el túnel para entrar a la ciudad, así que llegué cuando Estela Bravo estaba terminando de hablar antes de comenzar la proyección del documental. No sé qué dijo aparte de que fue a última hora que se decidió incluir una sección más larga sobre los logros de Fidel en África.

La película dura 90 minutos y debería titularse A Fidel Love Fest. Está muy bien filmada, con mucho pietaje original e histórico, mucho de Fidel en cámara en sus momentos más carismáticos, aparte de cuanto líder, intelectual y multitud dentro y fuera de Cuba que aparece adorándolo. El libreto está muy bien hecho para confundir al que no conoce la historia y presentar al líder en su infinita brillantez, avocado al bienestar de su pueblo, a la defensa de la revolución contra el imperio y los que se fueron. Por supuesto, cualquier viso de algo negativo es culpa del bloqueo, la CIA, etc., no sólo en Cuba sino en el Chile de Allende, etc. Hasta el Papa es usado para avalar a Fidel y denunciar el bloqueo. Hay algunos errores crasos (por ejemplo: los 20 000 muertos de Batista), pero éstos son pocos. Lo que sí hay es una enorme y consistente manipulación, y muy bien hecha, de hechos históricos que van desde la Sierra hasta el presente, así como la total omisión de cualquier cosa que pudiera presentar a Fidel en menos que luminosa brillantez, incluyendo la represión, los crímenes del régimen, el descalabro económico, y demás. El público parecía en su inmensa mayoría gran simpatizante de Fidel y algunos aplaudían enérgicamente durante la proyección. Ya para los últimos treinta minutos, miraba mi reloj con ansiedad, creía que no podría soportar más, me dio hasta dolor de pecho.

Al final, salí rápido y dejé unos volantes que hablan de la represión y las víctimas [ver volante
aquí] en una mesa donde habían puesto panfletos sobre el Festival y salí a la acera, para interceptar al público que salía. Repartí los volantes a todos los que pasaron y vi que casi todos se iban leyéndolos. Algunos ya los traían de adentro, tomados de la mesa donde los dejé, así que al parecer los organizadores no se dieron cuenta de que eran un “outside job”. Cuando vi pasar al admirador más vociferante de Fidel, quien estaba cerca mío durante la proyección y aplaudía más que nadie, le dije: «Ah, vi que le gustó mucho la película, entonces por favor tome uno de estos volantes». Cuando lo leyó empezó a insultarme y me gritaba mientras se alejaba, pero no me viré y seguí con los volantes. Nadie más fue grosero conmigo.

Cuando se me terminaron los volantes, regresé al salón, donde quedaba alguna gente y me presenté a la mujer que dirige el festival, Carole Rosenberg, la presidenta del Friends of the Ludwig Foundation of Cuba. Comenzamos a charlar cordialmente y me contó cómo comenzaron con el proyecto de la Ludwig Foundation. Me explicó que su interés primordial era el arte, no la política, a lo cual le respondí que eso es prácticamente imposible, especialmente con respecto a Cuba. Luego cuando quedaba muy poca gente, vino a nuestro encuentro Estela Bravo y me saludó, dándome las gracias por haber asistido. De manera respetuosa, le dije que encontraba su película completamente parcializada y que me había causado mucho sufrimiento verla, pues no dudaba que Fidel tiene simpatizantes, tal como lo presentó, pero él también había y ha causado enorme sufrimiento y descalabro, lo que no figura en ninguna parte del documental, como tampoco aparecen opiniones divergentes sobre él. Entonces se viró y me presentó al marido —un argentino que escribió el libreto— y me dijo que le reclamara a él. Les dije que además también había encontrado algunos errores históricos puntuales, tales como aseverar que Batista había dejado 20,000 muertos. Bravo me dijo que en Argentina hay discrepancia sobre los números de las víctimas y después de un breve intercambio sobre esto, se fueron.

Hablé un poco más con la presidenta de la Ludwig Foundation, quien sentía mucho alivio de que no le hubieran hecho un piquete y siguió muy cordial. Le dije que mi objeción al documental no se trata de política, sino que va más allá a un asunto de derechos humanos fundamentales. Le pregunté si pondrían películas hechas desde la perspectiva de cubanos en el exilio y me dijo que sí, pero que nunca se las habían presentado. Creo que se deberían buscar varias películas sobre Cuba para presentarlas para el próximo festival.

Por cierto, me confirmó que Bravo y su marido viven en Cuba hace años. No he podido encontrar quién financió la película Fidel y los otros documentales que hace Bravo sobre Cuba y los oprimidos de América Latina. No dudaría que fuera el estado cubano, ya que al menos éste es pura propaganda a favor del régimen. Si alguien sabe algo concreto sobre esto, favor de escribirme a
info@CubaArchive.org.

domingo, abril 13, 2008

Diario de Campaña de José Martí (V)

13.―Viene Abraham Leyva, con Silvestre cargado de carne de puerco, de cañas, de buniatos, del pollo que manda la Niña. Fernando ha ido a buscar el práctico.―Abraham, Rosario al cuello. Alarma; y preparamos, al venir Abraham, a trancos. Seguía Silvestre con la carga; a las 11. De mañana nos habíamos mudado a la vera del río, crecido a la noche, con estruendo de piedras que parecía tiros. ―Vendrá practico. Almorzamos. Se va Silvestre. Viene José a la una con su yegua. Seguiremos con él.―Silbidos y relinchos: saltamos: apuntamos: sin Abraham.―Y Blas.―Por una conversación de Blas supo Ruenes que habíamos llegado, y manda a ver, a unírsenos. Decidimos ir a encontrar a Ruenes al Sao del Nejesial.―Saldremos por la mañana. Cojo hojas secas, para mi cama.―Asamos buniatos.

El regreso del Chacal

1
Hace cuestión de un año, un artículo de The New York Times sobre José Conde suscitó una nota en Penúltimos días, así como un hostil intercambio de comentarios entre al menos un par de lectores de dicho blog.

A decir verdad, la canción de José Conde y Ola Fresca ―cuyo video clip aparece en el enlace a la nota de PD― no se me antojó nada del otro mundo; esto es: ni tan buena como para ameritar una mención en el NYT, ni tan mala como para merecer el despecho o el olvido. Así que me olvidé del asunto.

2
La semana pasada, una amiga me regaló Café cubano, un disco del sello Putumayo Records. (A los melómanos: lo he buscado en todas partes, pero aún no ha salido a la venta; ni siquiera está anunciado en la página web de la disquera). La carátula deja mucho que desear: presenta esa imagen bucólica que a ratos se tiene de la isla. Sólo faltan el taparrabo, el taburete y la tacita de café para convoyar el título del álbum.

Con esos truenos, pospuse el momento de sentarme a escuchar el CD… hasta que por fin anoche decidí meterle mano. Las notas de apertura de la primera canción me recordaron un poco a “Marc Ribot y los cubanos postizos”: una mezcla agraciada de tambores con guitarras, algo que Habana Abierta define ―y ejecuta― con gracia inimitable: el rock and roll con timba. Pero cuando después del segundo compás entró la letra, ésta me hizo soltar lo que estaba haciendo y prestarle atención a lo que cantaba José Conde:

Obligaron a ponerte
en histórica altura,
promovieron tu bravura
al mundo entero con tu muerte.

Aquí se quedó tu cara
en camisetas y postales…
No dicen todas las verdades
del Chacal de la Cabaña.

La canción que interpreta Ola Fresca es un buen ejemplo de cómo arar con útiles mellados o cómo construir sobre los escombros. Conde modificó la letra y la melodía de la plañidera “Hasta siempre, Comandante” ―que compusiera e interpretara hasta el hastío Carlos Puebla― lo suficiente como para hacer que la nueva canción se disfrute y lo ponga a bailar a uno por sus propios méritos, pero no demasiado como para que ésta perdiera vínculo con el lamento guevariano de Charly People.

Hay un inconveniente: “El Chacal” sólo puede ser apreciado a plenitud por un grupo selecto: quienes vivieron en la isla desde finales de los sesenta hasta quienes la habitan estos días. Hoy ―por poner un ejemplo fresquito―, se la tarareaba a unos compatriotas que ―por haberse fugado de la jaula grande hace varias décadas―, desconocían el original de Puebla y, aunque les gustó la idea, no captaron las varias vueltas de tuerca que presupone el tema de Conde. En ese aspecto, “El Chacal” recuerda al proverbial árbol que se cae en medio del monte: si no hay alguien por los alrededores que se entere, ¿se cayó en realidad? (Aclaro que no intento hacer leña del árbol caído).

No es difícil encontrar sátira en la música popular cubana. Sin embargo, una buena parodia cuesta tiempo y talento. El resto del álbum depara muy gratas sorpresas, entre las que se cuentan “Ay, mi vidita”, de Pedro Luis Ferrer, “Morenita”, de La Orquesta Mágica de La Habana y “Fue una de mambo”, de Kelvis Ochoa. Pero si recomiendo que se tomen un buchito de este Café cubano, es para que no se pierdan las venturas y desventuras del Chacal de la Cabaña.

sábado, abril 12, 2008

Diario de Campaña de José Martí (IV)

12.―A las 3 nos decidimos a llamar. Blas, Gonzalo , y la Niña. José Gabriel, vivo, va a llamar a Silvestre.―Silvestre dispuesto.―Por derechos, muy cargados, salimos a buscar a Mesón, al Tacre (Záguere). En el monte claro esperamos, desde las 9, hasta las 2.―Convenzo a Silvestre a que nos lleve a Imía.―Seguimos por el cauce del Tacre.―Decide el General escribir a Fernando Leyva, y va Silvestre. Nos metemos en la cueva, campamento antiguo, bajo un farallón, a la derecha del río. Dormimos―hojas secas―. Marcos derriba: Silvestre me trae hojas.

viernes, abril 11, 2008

Diario de Campaña de José Martí (III)

11.―bote. Salimos a las 11. Pasamos (4) rozando a Maisí, y vemos la farola. Yo en el puente. A las 7½, oscuridad. Movimiento a bordo. Capitán conmovido. Bajan el bote. Llueve grueso al arrancar. Rumbamos mal. Ideas diversas y revueltas en el bote. Más chubasco. El timón se pierde. Fijamos rumbo. Llevo el remo de proa. Salas rema seguido. Paquito Borrero y el General ayudan de popa. Nos ceñimos los revólveres. Rumbo al abra. La luna asoma, roja, bajo una nube. Arribamos a una playa de piedras, La Playita (al pie de Cajobabo). Me quedo en el bote el último vaciándolo. Salto. Dicha grande. Viramos el bote, y el garrafón de agua. Bebemos málaga. Arriba por piedras, espinas y cenegal. Oímos ruido, y preparamos, cerca de una talanquera. Ladeando un sitio, llegamos a una casa. Dormimos cerca, por el suelo.

jueves, abril 10, 2008

Tour de Force

Un excelente post de Manuel Sosa —titulado “Barniz sobre la UNEAC y otros apuntes georgianos”— me empujó a escribirle este soneto a la inmemorial Alicia Alonso. A Sosa: gracias por el pie forzado.

Tour de Force

Longeva bailarina ensimismada
por su propia figura pizpireta,
cuando en el aire lanza una pirueta
se va en blanco. (La pobre, no ve nada).

Su silueta se pierde en la memoria
de esa nación chillona y paranoica.
Alicia —desde la Era Mesozoica—
entra bailando al aro de la Historia.

La chusma diligente la reclama
—con eso sueña el pobre cisne ciego—.
Venerable a sus años infinitos,

martiriza al chofer y a la mucama,
deja a su partenaire fuera del juego...
que no está el horno para pastelitos.

Dicotomía habanera

Transcribo un fragmento de R.U.Y., de César Reynel Aguilera.

***
Consuelo fue la embajadora entre dos mundos; al principio sola, y después con la ayuda de Bettina, empezó a borrar la última barrera, clase o estrato que seguía en pie: la que separaba a los “guapos” de los “pepillos”.

Pototo es un guapo de libro; el pelo untado con brillantina, el peinado con una raya lateral y un par de motas sobre las orejas, en cuanto pudo un bigotico y una cadena bañada en oro. El cuello de la camisa es puro almidón y está cubierto con un pañuelo fijado con presillas, las mangas tienen un filo que corta, el único ojal desabrochado deja ver un pecho que estornuda talco. La camisa va por dentro y el pantalón se abrocha a la altura del ombligo; la hebilla del cinto reluce y los genitales hacen un bulto donde empiezan las patas del pantalón, unas patas que tienen que bajar en corte recto o en campana. Los machos no se aprietan las piernas. Las botas relucen como charolina, los cordones van entre sueltos y amarrados, el cuero brilla limpiecito, tinta, betún, alcohol y candela, al que me pise lo mato. Camina de lado para que no te conozcan, mientras menos sombra mejor, un hombro por adelante, el brazo abriendo vereda, otro pañuelo tapando la boca, que no sepan si estoy hablando, que no me huelan el aliento, no quiero intriga, comentarios o vicisitudes. Hombre a todo y amigo de unos cuantos, pero de verdad, por la pura lo juro, porque madre hay una sola y padre es cualquiera. En la playa la trusa tiene que hacer bulto y los erizos se aplastan a pisotones, hombre que se deja pinchar es penco, si las púas hincan entonces hay que bañarse con tenis; y nadar con la cabeza afuera, mirando para los lados con cada brazada, sin hacer mucho alboroto, la espuma es cosa de mujeres. Eso es un guapo, el presidio sin haber estado, el peligro en cualquier esquina, los cataos siempre arriba, la candela provocada a fuerza de evitarla.

Un pepillo es Horacio con el pelo largo y despeinado, la camisa ancha y estrujada, el pantalón por la cadera y las patas en tubito; si es un Jean, mejor, si termina arrastrándose sobre unas zapatillas de marca, perfecto. Un chamaco que no está en nada, un tipo mortal, míralo cómo camina, relajado, parece un esqueleto rumbero, y con la trusa puesta se le ven los pelitos del pubis y la punta de la rabadilla. A la playa se va en chancletas o descalzo, los erizos se tantean, se les pide permiso antes de poner el pie en firme, el que se deja pinchar es un cheo que no sabe encontrar la piedra adecuada para el descanso, el que se baña con zapatos es un abusador que maltrata las olas porque les tiene miedo.

En la esquina Pototo se ríe de Horacio, en la playita es al revés, hasta que los dos aprenden a reírse juntos de Buenavista y de Miramar.

Diario de Campaña de José Martí (II)

10.―Salimos del Cabo.―Amanecemos en Inagua.―Izamos velas.

miércoles, abril 09, 2008

Jamás jamé jamón

Acabo de dar con el último grito de la tecnología: el iJam. A los curiosos: pinchen en “Take the guided tour” para ver el video.

Orden en el caos

La cita del día corresponde a Carlos Rivero Collado. Y tanto dio el cántaro que me obligó a ir a la fuente. Así que, ni corto ni perezoso, le eché mano al mataburros.

Encontré esta interesante definición en el Diccionario de la Real Academia Española:

«collado. (Del lat. collis, -is, colina, altura).
1. m. Tierra que se levanta como un cerro, menos elevada que el monte.
2. m. Depresión suave por donde se puede pasar fácilmente de un lado a otro de una sierra».

Fiel a su sino, así pasó este señor (ahora compañero) de un lado a otro de la Sierra.

Diario de Campaña de José Martí (I)

9 Abril.―Lola, jolongo, llorando en el balcón. Nos embarcamos.