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viernes, febrero 20, 2009

Estampas habaneras (XVIII)

Vergüenza en el patio de los laureles
Teresa Dovalpage

Claro que es más agradable hablar de éxitos (sobre todo si son los propios), pero hoy quisiera referirme al lugar donde tuvo lugar mi primer fracaso académico, allá en el corazón de la Colina Universitaria.

Durante todo el pre yo había sido una comelibros (rata de bibliotecas, nerd, abelardita, empollona, etc.). Tenía un promedio altísimo y me creía, ingenuamente, la última Coca Cola del desierto educacional. No me había dado cuenta todavía de la certeza del refrán aquel: en tierra de ciegos, el tuerto es el rey… Por eso a la hora de seleccionar carreras pedí Cibernética Matemática —que sonaba tan chic— aunque lo que en realidad me gustaba eran las letras, como bien dice mi socia Loreta.

Y entré al edificio Felipe Poey, la facultad de Matemáticas. Bella la construcción. Bellas las escaleras limpias y las aulas con pizarras sin huecos. Bello el patio de los laureles, con un aliento tropical que templaba la frialdad de los logaritmos… Lástima que este idílico ateneo se convirtiera en el escenario de mis derrotas.

Porque, señor, aún no llevaba un mes tomando clases cuando me di cuenta de que si había sobresalido tanto en el pre no había sido tanto gracias a méritos auténticos sino por la falta de competencia. Al verme por primera vez rodeada de criaturas diez veces más nerds que quien escribe, me encontré de pronto en la cola de la cadena alimenticia de los abelarditos.

Confieso que nunca entendí el misterio de los números imaginarios (3 + 2i) ni aprendí a demostrar un maldito teorema. Cada vez que escribía al final de un ejercicio c. q. d. (como queda demostrado) me sentía una impostora de primera categoría porque lo único que quedaba demostrado era mi supina ignorancia. Para hacer el triste cuento cortito, diré que al acabarse el primer semestre suspendí álgebra y análisis y si no me pasó lo mismo con geometría fue porque un gordito buena gente, que me tocó por compañero de asiento, me dejó copiar de él. Pero no hay mal que por bien no venga, como diría Pancho el Pirulero. En el próximo post les hablaré de lo que tuvo de positivo mi pérdida de estatus...

jueves, febrero 19, 2009

¡Se buscan caricaturas para la protesta!

Caricaturistas de todos los países, ¡lucíos!

Papeles son papeles, cartas son cartas

miércoles, febrero 18, 2009

Para curarnos la nostalgia

Una amiga querida y bienintencionada me acaba de enviar un texto sobre La Habana que ha circulado ampliamente a lo largo y ancho del internet nuestro que está en todas partes, excepto, ay, precisamente en Cuba. El texto en cuestión es muy ingenioso, está muy bien escrito, goza de un impecable humor y de un sentido del timing más afín a los relojes suizos. De hecho, las primeras doscientas veces que pasó por mi bandeja de correo me sacó alguna sonrisa amarga y otra no tanto.

Lo que me llama la atención del mensaje que me esperaba esta mañana en mi Inbox no es el texto en sí, sino un detalle al margen del mismo: como preámbulo y con la mejor de las mejores intenciones, mi amiga ha escrito: Para curarnos la nostalgia.

Sí, La Habana es la ciudad de mi infancia y mi juventud; alguien ha dicho que ya eso constituye la patria. Quizá lleve razón. La Habana fue testigo de lo malo que soy jugando pelota; me vio partirme el brazo, meter goles cuasi brasileños, bailar —cambiar, vender, ganar, perder, comprar— trompos, empinar chiringas, chapotear en charcos donde por aquellos días casi cabían carros, engancharme a más de una guagua en movimiento, colarme en los cines, montar bicicleta desde y hasta cualquier confín de la capital, coger ponches en seco, pagar por conciertos que no valían el precio de admisión, acabar con mis dientes de leche (es un decir) comiendo raspadura y tomando agua con azúcar; La Habana fue cómplice de mis broncas ganadas y perdidas; bautizó a los primeros compinches y la novia iniciática, la del beso con dientes que chocaban; La Habana me enseñó a caminar sus calles a cualquier hora, a no meterme donde no me llamaban, a evitar chanchullos —cosa rara—, a ser amigo de mis amigos, a compartir un pedazo de pan viejo, a beber a pico de botella de una cosa que quería ser ron aunque sabía a perfume; La Habana me escamoteó a Cabrera Infante, llenándome las librerías con ejemplares de Manuel Cofiño; me hizo fumar y, una década después del puro humo, dejar el vicio; me obligó a escribir poemas horribles y algún verso que quizá merezca ser rescatado; me lanzó a estudiar una carrera universitaria para huirle al servicio militar; me demostró cómo se duerme con calor, cómo se amanece con hambre, cómo se detecta al primer vistazo en quién se puede confiar y lo fácil que es equivocarse en esos veredictos. La Habana me regaló este entronque de calles —Belascoaín y Neptuno— donde presencié infinidad de accidentes —era una esquina maldita—, hice incontables fiestas en la azotea —en las que cantábamos canciones prohibidas compuestas por amigos que invariablemente terminaron entrando por el aro— y una madrugada me mostró a un vecino —que dormía en el alero de su balcón del segundo piso— caer de plano en el asfalto, levantarse, sacudirse el polvo y regresar a casa, como si nada hubiese pasado en esa ciudad donde todo pasa.

A pesar de este inventario de recuerdos, la nostalgia no figura en el aluvión de emociones que me provoca La Habana. Ya ni siento nostalgia de no sentir nostalgia. No es pose. La Habana es también la ciudad de mi primer arresto; es la cuna de la infamia perpetrada contra mi madre y mi hermana —a quienes no dejaron verse en el aeropuerto internacional Jose Martí mientras la segunda hacía una escala de horas y la primera se había lanzado a esos parajes exclusivamente a darle un abrazo de hola y adiós—; es el contexto del acoso policial a que fui objeto desde que cumplí los 16 años hasta el momento que, con Papillón, me fugué con la séptima ola; es la sede desde la cual amigos probados de antaño —que compartían mis ascos y mis miedos ante aquella cosa que algunos aún llaman revolución cubana— me escribieron cartas de repudio con insultos impensables —por mi posición contra el régimen que les provoca esa alergia virulenta ante las ideas de otros—, insultos que no devolví, pero tampoco he olvidado de los mismos amigos que ahora, sin que mediara disculpa, me invitan a que me una a sus conexiones en Facebook.

Ya saltará algún tonto a acusarme de ser un resentido. Pero a palabras necias, chocolate espeso. Por el momento no hay más que alegar. He escrito todo esto para decirle a mi amiga que no puedo sentir nostalgia por La Habana. Otras cosas sí siento. De ahí estos desvaríos.

Alexis Romay
Nueva Jersey, 18 de febrero de 2009

Oda al contrainformador

Contrainformador que informas
de lo humano y lo divino
y te importan un comino
la dignidad y sus normas,
¿no has encontrado las hormas
que ajusten a tu zapato?
Si te fascina el castrato,
la dictadura, el castrismo,
la represión… da lo mismo:
¡Quédate en Cuba, pazguato!

martes, febrero 17, 2009

De los símbolos

Signs are taken for wonders. “We would see a sign!” — T.S. Eliot

Carnero descerebrado
de testículos enormes,
con tus patitas deformes
de animal mal acabado,
¿eres la señal del Hado,
del Comandante, el relevo?
¡Y tienes herniado un huevo!
¡Cruel guiño de la fortuna!
Cara oculta de la Luna:
¿es éste nuestro Hombre Nuevo?

Declaración de Nueva York

La Revolución Cubana acaba de cumplir medio siglo en el poder. Fue un movimiento que tuvo en sus inicios el respaldo mayoritario de la población, pues significaba entonces el fin de una tiranía y la promesa de recuperar la República, con su constitución, sus leyes, su sistema democrático.

Pocos sospecharon entonces que aquel enero se iniciaba la destrucción de la República; la suspensión definitiva de la Constitución del 40, de las elecciones libres, de las libertades básicas; los fusilamientos tras juicios sumarios y la violencia de las turbas en mítines de repudio; la ilegalización de todas las asociaciones políticas, económicas, educativas, sociales y culturales independientes del estado y del partido único; el control absoluto de la economía desde el poder como el más efectivo instrumento de sometimiento de la población; la eliminación de la prensa independiente; la división de las familias; el exilio y el presidio político más numerosos de nuestra historia; la implantación de un sistema totalitario que permitiría al nuevo caudillo imponer su voluntad en el país por los próximos 50 años.

Ningún demócrata auténtico va a celebrar medio siglo de totalitarismo en Cuba. Eso es y eso ha sido la Revolución Cubana. Lo que sí vamos a celebrar en las calles de Nueva York, como nuestros compatriotas ayer en Madrid y en Barcelona, es nuestra voluntad de ponerle fin a esa infamia.

Nuestra protesta en Nueva York es la continuación y el preámbulo de otras, parte modesta de un movimiento que toca a los jóvenes y también a los veteranos de la lucha anticastrista, que crea y recrea sus vínculos en la diáspora y en la isla, en la realidad virtual y en las calles de Europa, de América, de Cuba, y que no va a detenerse hasta tocar la libertad.

Éste es un llamado al castrismo a respetar los derechos de todos los cubanos, como individuos y como pueblo. Pero es también una señal inequívoca de que no vamos a resignarnos a vivir sin ellos. Vamos a conquistar los derechos, independientemente de la voluntad del castrismo.

A los gobiernos democráticos del mundo, les recordamos que la solidaridad con Cuba no puede ser a expensas de nuestro propio pueblo. No se puede defender la soberanía de Cuba sin defender las libertades básicas de los cubanos para ejercerla. Soberano es el pueblo, no un caudillo, no un partido.

Para los demócratas cubanos, la hora del aislamiento va llegando a su fin. Por una Cuba democrática nos vamos a pronunciar en Nueva York los cubanos y también nuestros amigos de otras nacionalidades, hombres y mujeres libres de las más variadas edades, religiones y razas, de cualquier orientación sexual, ideológica o política, sin necesidad de ocultar ni disimular nuestras diferencias. Con ellas cabemos todos en una Cuba libre, independiente y democrática.

¡Patria y libertad!

lunes, febrero 16, 2009

Me gustaba cuando...

Transcribo un poema de Carlos Pintado, del libro Los nombres de la noche.
***
Me gustaba cuando...

Me gustaba cuando leía
un poema de San Juan de la Cruz,
y yo pensaba en la noche
como la única puerta a lo posible,
cuando hablaba de mi sombra
o el cadáver de mi sombra,
arañando en silencio
la piel del silencio,
o cuando descansaba frente a la tarde,
mirándome a los ojos,
diciéndome: nada nos salva de la noche,

ni la noche.

domingo, febrero 15, 2009

Tareas de choque

Los voceros del castrismo no se cansan de repetir la cantaleta de la educación gratis (que no es tal) y la salud pública (que da grima). Para ello, están dispuestos a ignorar la penuria material y espiritual que ha atravesado y aún atraviesa el pueblo cubano y de la cual el único culpable no es otro que el grupo que ha detentado el poder por espacio de cinco décadas en la isla.

Al margen de dónde nos ubiquemos en el tema de la “excepcionalidad” de nuestra nación, tenemos que admitir que esta ceguera selectiva de los amanuenses del régimen no es patrimonio de la cosa cubana. Luigi Barzini advirtió en Los italianos (1964) que hay seres que «desean, muy patéticamente, no querer ser contradichos por los hechos». Vamos, que no importa el tamaño de la evidencia. Siempre se negarán a darle crédito.

Qué escuelas ni qué hospitales ni qué escolar muerto. Puestos a ser sinceros, lo único que la revolución cubana ha producido con efectiva periodicidad a lo largo de medio siglo es emigrantes —llámense “económicos” o exiliados— y violencia. Y esta es una verdad de Perogrullo: la violencia ha sido el rubro más distintivo del accionar revolucionario, desde su debut, cuando tomó el poder armas mediante hasta el momento en que tecleo estas líneas.

¿Por qué traigo esto a colación? Por la más reciente de las afrentas de la dictadura. He leído alarmado ya no los insultos —que son los mismos de siempre; los castristas pecan de cualquier cosa menos de ser originales— sino las amenazas a plena luz del día, a cara descubierta, que Marilyn Leyva, Guadalupe Ramírez y Reinier Izquierdo —desconozco si son seudónimos o gente de carne y hueso— les profieren a dos ciudadanos cubanos residentes en la isla. Los amenazados: Yoani Sánchez —Premio Ortega y Gasset, punta de lanza de la blogosfera cubana— y Orlando Luis Pardo Lazo —escritor, blogger y fotógrafo—. El motivo: la presentación por parte de la primera de un libro del segundo; el acto tendrá lugar a la intemperie, en un espacio público, mañana lunes 16 de enero. Eso, si la turba castrista no lo impide.

He visto con horror la escalada bélica del tono en que se les conmina a los participantes a desistir del evento. Lo que empezó como sugerencia, transitó a advertencia y luego a intimidación explícita, que promete golpizas y rostros desfigurados, rostros que no serán capaces de reconocer las madres de quienes se atrevan a asistir a la lectura en «la explanada exterior frente al parqueo delantero de la Cabaña, inevitablemente a la derecha de la calle de entrada a la Feria [del Libro]».(Ahora mismo pienso en Hebe Bonafini —quien es a la vez fundadora y vocera de las Madres de la Plaza de Mayo y defensora a capa y espada de la brutal dictadura cubana— y no puedo evitar una náusea incontenible).

Y ya que estamos, pienso en la indefensión de mis compatriotas —qué palabra tan fea, compatriotas—. Pienso en la forma burda en que el régimen castrista viola una y otra vez el derecho de asociación a quienes habitan bajo su cetro. Pienso en Estados Unidos —mi tierra adoptiva— y añoro para Yoani y Orlando y el resto de los cubanos los derechos que me asisten en la patria de Lincoln. Acá, ante amenazas de esa índole no hay más que ir a la policía —cuyo objetivo claramente definido es “servir y proteger”— y los agentes del orden se ocuparán de darle seguimiento al caso y evitar que las amenazas se materialicen.

Ay, pero mis compatriotas —qué palabra tan fea, compatriotas— en la isla no gozan de esa suerte. No pueden ir a la policía a denunciar las amenazas ya que dicha institución además de ser “nacional”, es “revolucionaria” y, por tanto, no está para amparar a quienes son catalogados desde los círculos de poder como “contrarrevolucionarios”.

En medio de la rabia y el desconsuelo, dedico este mensaje —que no es amenaza sino promesa— a Marilyn Leyva, Guadalupe Ramírez, Reinier Izquierdo y las catervas de promotores de la intolerancia: sus nombres pasarán a la posteridad, pero con más penas que glorias. Desde hoy mismo les hemos reservado sus respectivos palcos en la historia universal de la infamia.

Protesta en NY (Update #5)

Invitación a todos los que no pueden venir

Como hemos anunciado, el próximo 1 de marzo nos reuniremos (de 1-3 PM) frente a la sede permanente de Cuba ante la ONU, en Nueva York (315 Lexington Avenue, esquina a la calle 38), en una manifestación a favor de las libertades y derechos fundamentales de todos los cubanos y en contra del régimen castrista.

Muchos nos han hecho llegar su apoyo desde ciudades distantes, lamentándose de no poder estar con nosotros ese día.

A todos los que quisieran estar aquí físicamente y no puedan, a todos los cubanos que estén dispuestos a reclamar abiertamente sus derechos, los invitamos a enviarnos su nombre (con ciudad, estado o provincia y país de residencia) dejando un comentario en este post. Imprimiremos sus nombres en pancartas, organizadas por ciudades, estados o países y los traeremos con nosotros.

Será una presencia simbólica, pero plena de sentido. Queremos dar una imagen visual de la diáspora que ha provocado el castrismo, pero, sobre todo, que se conozca la unidad de propósitos de los demócratas cubanos, dentro y fuera de Cuba. Nos une el rechazo a la dictadura imperante y la convicción de que sin las libertades y derechos fundamentales los cubanos no podemos ser dueños de nuestro destino, ni como individuos ni como pueblo.

Esperamos contar con suficientes firmas para tener pancartas de Miami y La Habana, de España, Francia, México, Puerto Rico, Venezuela, de Texas y California. Sobre todo de Cuba. Todo el que envíe su firma, será parte de esta marcha.

Les rogamos a todas las publicaciones, bloggers y medios cubanos difundir esta invitación. Todo el que quiera participar tiene hasta el 26 de febrero para enviarnos su nombre.

sábado, febrero 14, 2009

Una definición posible a medio siglo del accidente

Revolución: picadillo
de soya, fusilamientos,
miedo y encarcelamientos,
chismecitos de pasillo,
el guapo contra el pepillo,
los estoicos, los chivatos,
arribistas, insensatos,
amantes de dictaduras,
che-guevaras, caraduras…
¡Diazepán! ¡Meprobamatos!

viernes, febrero 13, 2009

Programa de la Feria del Libro de Minería (UNAM)

ESCRITORAS LATINOAMERICANAS EN LA XXX FERIA DE MINERÍA
(coordinadora: Odette Alonso)

Jueves 26 de febrero, 16:00 horas, Auditorio Uno Sotero Prieto: Lectura de poetas latinoamericanas. Con Eleonora Requena (Venezuela), Ana Franco Ortuño (México) y Odette Alonso (Cuba-México).

Viernes 27 de febrero, 14:00 horas, Galería de Rectores: Lectura de narradoras latinoamericanas. Participantes: Teresa Dovalpage (Cuba-USA), Carla Quintanar (México) y Odette Alonso (Cuba-México).

Viernes 27 de febrero, 17:00 horas, Auditorio Uno Sotero Prieto: Presentación de la novela Espejo de tres cuerpos, de Odette Alonso (Quimera Ediciones). Con Teresa Dovalpage, Sergio Téllez Pon y la autora.

Sábado 28 de febrero, 15:00 horas, Auditorio Cuatro: Sáficas, lectura de poesía lésbica. Con Rosamaría Roffiel, Reyna Barrera, Artemisa Téllez y Odette Alonso.

Sábado 28 de febrero, 17:00 horas, Galería de Rectores: Presentación de la antología Dos Orillas. Voces en la narrativa lésbica (Editorial Egales, Barcelona). Con Minerva Salado (editora), Rosamaría Roffiel, Artemisa Téllez y Odette Alonso. Modera: Bertha de la Maza.

Domingo 1 de marzo, 12:00 horas, Auditorio Cuatro: Mesa redonda: Ensayistas latinoamericanas. Participantes: Carla Quintanar (México) y Teresa Dovalpage (Cuba-USA). Moderadora: Odette Alonso.

Estampas habaneras (XVII)

La furia de Bernarda Alba
Teresa Dovalpage

Y para cerrar con broche… vegetal esta serie de la Quinta de los Molinos, quisiera referirme a un incidente más farandurelo que metafísico (o patafísico, como dice mi amigo Orlando Ignacio) que presencié una vez allí. En las profundidades de La Quinta se alojaba La Madriguera, una casita que lo mismo servía para dar un concierto que para una función de teatro malojero que para montar la exposición de algún pintor no demasiado conocido.

Allá me fui una tarde en que se representaba la madre de todas las obras de grupos amateurs, léase La casa de Bernarda Alba. Sólo que en este caso, mediante una adaptación más libre que el aire, Pepe el Romano aparecía en escena. Pero lo peor no era que apareciera. De alguna manera, el segundo asesino de Lorca se las arregló para vincular a la Bernarda con la “burguesía latifundista” y a Pepe el Romano con un semental guerrillero. En un final clásico de los bodrios del realismo-socialista, luego de liberar a los mujiks (o guajiros o siervos de la gleba, eso nunca quedó muy claro), el Romano salvaba a Adela antes de que ésta llegara a ahorcarse y la obra terminaba dando vivas a la reforma agraria. O supongo que terminaba, que eso nunca se llegó a averiguar.

Mientras Pepe el Romano pronunciaba un discursito con olor a Politburó, alguien tiró un tomate al… no puedo decir escenario, porque allí no lo había, sino al sitio en que los actores soltaban sus perlas de cultivo. Se hizo un silencio sepulcral. Al Romano se le olvidó su parlamento. Adela dejó escapar un chillido. Y la Bernarda, olvidando la existencia de la cuarta pared, recogió el tomate y lo lanzó de vuelta al respetable, soltando sapos y culebras. Allí mismo acabó aquel insulto al arte de Melpómene. En homérica contienda, varias sillas volaron por el techo y un montón de carajos se subieron por las paredes… ¡Cortina!


Si alguno de mis lectores estuvo presente u oyó hablar del asunto, le pido por favor que deje constancia aquí.

jueves, febrero 12, 2009

Protesta en Nueva York (Update #4)

El comité organizador de la protesta que tendrá lugar el 1 de marzo frente a la misión cubana ante la ONU está compuesto por:
Franshel Abreu
Iván Acosta
Alina Brouwer
Enrique del Risco
Niurkita Palomino
Alexis Romay
Jorge Salcedo

Pormenores de la protesta

Dónde: Frente a la Misión Permanente de Cuba ante la ONU
(315 Lexington Avenue, New York, NY)
Cuándo: Domingo 1 de marzo
Hora: De 1:00-3:00 PM


En breve publicaremos un comunicado. De antemano, gracias por el apoyo. ¡A correr la voz!

Fricciones

A sugerencia de mi amiga QF, leí en El País sobre la polémica que se ha desatado en la tierra de Piazzola y Lionel Messi debido a que una «diputada oficialista presentará un proyecto de ley para repatriar a Argentina los restos del escritor Jorge Luis Borges». Estaba a punto de escribir una repulsa en contra de dicho proyecto de ley y en apoyo a la viuda del escritor, María Kodama, cuando me vino a la mente ese regalo que es “El poema de los dones”, cuyos versos memoricé hace años en un vuelo trasatlántico y todavía recito con entusiasmo de chiquillo. Este desmedido amor por la parodia —que es, ya se sabe, una suerte de homenaje y me viene de leer a uno de los creadores de Isidro Parodi— me impulsó a modificar el primer verso del poema y luego el segundo y luego el tercero y así, sucesivamente, respetando rima, métrica y estructura del texto original. Quiero creer que al autor de “Pierre Menard, autor del Quijote” le habría hecho gracia este guiño.

Lectoras y lectores: tened la bondad de circular este texto entre argentinos y no tanto (como es mi caso). Si algún alma caritativa se lo hace llegar a la señora Kodama, le quedaré eternamente agradecido.

***
Los senderos que se bifurcan


Que alguien rebaje a lágrima y reproche
esta demostración de la osadía
de alguna diputada en su porfía
que quiere perturbar la larga noche

de Borges que descansa entre otros sueños:
sueña con que el sepulcro le transgreden
—¿sus huesos reclamados por qué dueños?—,
con el infierno de quienes se exceden,

con albas que le aguardan, con el día
de torpe exhumación, de torpes ritos
basados en sus arduos manuscritos.
(¿En balde soñó con Alejandría?).

A Buenos Aires (cual fábula ciega)
secuestran su osamenta. Qué trajines:
fatigarán sus restos mil confines:
Odisea argentina (¿acaso griega?).

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
nos dejó escritos, ¿pero inútilmente?

Ya no hay reposo. La penumbra hueca
explora reinventando lo preciso.
Él, que se figuraba el Paraíso
como fantasma en una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
(y aquí no he de nombrar), rige estas cosas;
otro fue repatriado en las borrosas
tardes, sin muchos libros y con sombra.

Al errar por las lentas galerías
ha de sentir su paso confinado:
acaso es otro muerto que ya ha dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos inspira este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importan Aladino ni su alfombra
si es indiviso y uno el anatema?

Demiurgo o Borges, mira este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una burocracia vil y vaga
que se parece al sueño y al olvido.

***
Alexis Romay
Nueva Jersey, 11 de febrero de 2009

miércoles, febrero 11, 2009

Dos buenas noticias

La primera es que mi amigo Enrique del Risco —el irrepetible Enrisco— anuncia —y lo he constatado en persona— que acaba de parar de fumar.

La segunda es que el ex fumador ha descrito estos primeros días del proceso en un texto tan breve como antológico; lo que se dice: una joya.

El común de los mortales deja de fumar y se desespera. Enrisco, que es de otra estirpe, quizá se desespere también, pero se desquita del vicio con ese humor tan fino, tan agudo, tan —cuál es la palabra— adictivo.

Para celebrar ambas noticias, no encuentro mejor manera que —la muy apropiada canción de Vanito Brown— “Yo quisiera parar de fumar”, interpretada en vivo por Gema Corredera y Pavel Urquiza.

Enrique: ¡dímelo cantando!

Desmaya esa trova, compadre

(a Eida, a Enrique y a Sosa)
***
Cuando digo presente

En el borde del camino hay una silla.
La rapiña merodea aquel lugar.
El pintor de las mujeres soles
(como un cuadro del viejo Chagall)
va cabalgando sobre una palma escrita.
Viene a mí.
Blasfemo una nota y apago el reloj.

Una mujer innombrable
con pamela, impertinentes y botón,
va corrompiéndose al centro del miedo:
unos dicen que aquí,
otros dicen que allá
y Mariana quiere ser canción.

Mi unicornio azul
huye como una gaviota.
Boga, boga, boga, vuelve a bogar.
(Es concebible
y no imposible
que yo sujete mis africanas con imperdibles).

La gota de rocío
está pariendo un corazón
a mil kilómetros del ropero y del refrigerador.
(Es una historia que tiene que ver
con el curso de la Vía Láctea).

Han echado basura en mi verde jardín.
Hay que ayunar al filo del amanecer.
Oh, melancolía.
Te convido a creerme.

___
Este texto está formado exclusivamente por versos —de alguna manera hay que llamarlos— del trovador (devenido diputado devenido empresario) Silvio Rodríguez. Pertenecen, en orden alfabético, a: “Canción del elegido”, “Canción en harapos”, “Cuando digo futuro”, “Debo partirme en dos”, “El extraño caso de las damas de África”, “El mayor”, “El pintor de las mujeres soles”, “El sol no da de beber”, “Historia de las sillas”, “La gota de rocío”, “La era está pariendo un corazón”, “Oh, melancolía”, “Óleo de una mujer con sombrero”, “Sueño de una noche de verano”, “Y Mariana”.

Propongo un ejercicio a los lectores: reescriban el poema —de alguna manera hay que llamarlo— cambiando el orden de los factores, que sí alterará el producto. Podrán escribir los versos más hilarantes esta noche. Escribir, por ejemplo:

Mi unicornio azul
va corrompiéndose al centro del miedo.

Las variantes son ilimitadas. Admito que en pocas ocasiones me he divertido tanto.

***
No en balde había dedicado este post a
Manuel Sosa, cuyo desopilante experimento con versos de Silvio Rodríguez —que antecede al mío— transcribo abajo, invitando a los lectores a que adivinen de dónde salieron los fragmentos:

Si capturo al culpable

En la ciudad que posee la isla en el centro
el nuevo tiempo exige su alimento
con menos humo sobre nuestras calles,
homosexuales por el firmamento
y ballenas felices en sus valles.
Los mares se han torcido
con no poco dolor hacia tus costas,
un reloj se transforma en cangrejo
y la capa de un viejo da con una tempestad de comején
para sacar chispas del agua que me das,
y como combustible me llena de anhelos…
Me quito el rostro y lo doblo encima del pantalón,
el teléfono persiste en coleccionar absurdos:
embrumarme sigue siendo un deporte universal.
El nuevo tiempo se simula en cueros
pintándose la piel sobre el vestido.
¿Quién se atreve a decirme que debo arrepentirme
de la esperma quemante que me trajo?
Y mientras por su esófago paseo voy pensando en qué vendrá.
Seguro estoy requetemal, debo sufrir algo extraño,
pues ni la hiel ni el desengaño me dan razón de funeral.
Porque sangra de abajo yo no vendo ni rajo mi pasión
y al que diga que me aguante debajo de una sotana
le encajo una caravana de sentimientos gigantes.
Mis entrañas no entienden de estética y cambios
y en la espalda del día se queda ese algo...
En mi sábana blanca vertieron hollín,
han echado basura en mi verde jardín.
Luego un rival, narcotraficando el mar,
escupía con ron y alfilereaba un feliz corazón.
Una esponja sin dueño, un silbido buscando resultaba ser yo:
sólo de sal que el delectador también alude.
Me trata de tragar pero se atora con un trébol.
Trota sobre la espuma
seguido por un mar de negros en machete y sin encadenar.
Tú la perdiste, pero aquí se queda,
al fin y al cabo está con un obrero
y yo, con poca voz, pero de pecho,
canto porque el derecho sea más zurdo.
Dicen que me arrastrarán por sobre rocas,
que me arrancarán los ojos y el badajo.
Si capturo al culpable de tanto desastre lo va a lamentar.

martes, febrero 10, 2009

Protesta en NY (Update #3)

¡Tenemos permiso! No, no me refiero al permiso de la ciudad de Nueva York para congregarnos pacíficamente y protestar frente a la misión cubana ante la ONU. Ése ya lo teníamos de antemano. Y, de hecho, no es un permiso como tal. Es un derecho, garantizado en la Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos de América, que abarca las libertades de religión, expresión, prensa y asociación, así como el derecho de pedir al gobierno la reparación de agravios. Son éstas ―entre otras tantas― las libertades conculcadas sistemáticamente por el régimen cubano. Su ausencia en la isla es uno de los motores de la protesta.

Pero sí, decía que tenemos un permiso específico, otorgado por el precinto policial en cuya jurisdicción radica la mentada sede cubana ante la ONU. El permiso es para usar altoparlantes, desde la una hasta las tres de la tarde del domingo 1 de marzo. ¿Quién se suma?

Miel de abeja y ron, agua tibia y sal… ¡Hagan gárgaras, damas y caballeros!

lunes, febrero 09, 2009

Todo el horror que ciega y me confunde

Transcribo un poema de Carlos Pintado, del libro Los nombres de la noche.
***

He tenido en un sueño las horas de la noche.
Sus altas horas siempre, sus ruinosos silencios,
sus ecos, sus penumbras, sus fatales contornos
he tenido. La noche ha hecho de mí su casa.
He soñado mi cuerpo como una sombra entrando
en otra sombra, cuerpo de mí o de la noche,
como un fuego en tinieblas despacio devorándome.
He soñado mi muerte como un país lejano,
como un anillo de oro hundiéndose en el agua.
Acaso el sueño acerca inevitablemente
Al muerto con su muerte, al vivo con su espejo.
Yo he sentido ese horror que ciega y me confunde
con la imagen del otro, sombra que en mí persiste,
animal de la noche rompiéndose en la noche.

domingo, febrero 08, 2009

El diablo está en los detalles

Leo con par de días de atraso —y con el buen humor que pide la noticia— que Amaury Pérez Vidal estrena novela. ¡Son dos!, como la canción de El general. Si no me creen, remítanse a Marilyn Bobes, que da cuenta de ello —en el periódico Granma— y se extiende en un comentario que tiene la rara virtud de ser anodino y laudatorio simultáneamente. Después de citar a Pérez Vidal, que en nota introductoria a su segundo libro advierte que «es mucho más fácil mezclar el aceite con el vinagre que la rima y la prosa» —sumido en la pereza dominical, me pregunto: ¿qué sabrá éste de la una o la otra?—, Bobes habla de los escritores que sí y de los que no y que si la sana envidia y el desafuero y los temas peliagudos y la mágica alquimia y, ante tanta puerilidad, termina por excusarse declarando que «ya habrá tiempo para críticas más rigurosas».

Mi intención no es ensañarme con quien oficia de reseñadora del hijo de la célebre Consuelito Vidal. Y no comentaré la novela por razones de peso: no la he leído y no pienso hacerlo, pero quiero destacar un par de detalles que no dejan de ser interesantes. El más obvio: el hecho de que el diario que en la mañana de la investidura presidencial de Barack H. Obama dedicara parte prominente de su portada al plan de acopio de café en Guantánamo encuentre espacio en sus muy limitadas ocho páginas para publicar un texto que —en palabras de quien lo escribe— no se caracteriza por su rigor. No nos llamemos a engaño: no espero rigor en la prensa oficialista cubana. Simplemente me limito a señalar que quienes la escriben y la publican tampoco se lo plantean como meta. Ya sé que muchos hemos pasado el punto del asombro, pero eso no hace que la situación deba ser vista como algo “normal”.

Por otra parte, me apuro a ser el primero en traducir el título de la segunda novela de Pérez Vidal: Diez meses y veintinueve días. Para los no cubanos este lapso puede resultar irrelevante —como la obra del cantautor devenido novelista—, pero, para los naturales de la isla de los rehenes, dicha extensión de tiempo es el límite permisible para regresar a la isla a quienes han logrado agenciarse un viaje allende los mares. Si no regresan al undécimo mes, las autoridades de la isla declaran al viajero emigrante, desertor, exiliado, persona no grata o cualquiera que sea la terminología al uso, privándole así del derecho —que en nuestro caso es pesadilla— de regresar a Cuba. En vista de lo cual, para ediciones futuras de Diez meses y veintinueve días propongo un título más a tono con la temática del libro: El largo de la correa.