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jueves, junio 26, 2008

Al habla con Paquito D’Rivera

En diciembre de 2007, el Centro Cultural Cubano de Nueva York organizó un concierto-homenaje a Paquito D’Rivera en el Carnegie Hall. El evento, entre otras cosas, incluyó la entrega de la medalla Ignacio Cervantes y me brindó la oportunidad de hacerle algunas preguntas al hombre-orquesta, que luego, para mi fortuna y sorpresa, aparecerían ―en traducción al inglés― en el programa de la función. Hasta ahora la entrevista estaba inédita en castellano. Aquí la comparto con mis lectores (ahorrándoles el párrafo de presentación del músico; me cuesta creer que entre quienes me leen haya alguien que no sepa de quién estamos hablando).
***

Alexis Romay (AR): La medalla Ignacio Cervantes es el más alto reconocimiento otorgado por el Centro Cultural Cubano de Nueva York a individuos cuya labor sobresale en el ámbito de la música clásica. A usted se la otorgan tanto por compositor como por intérprete. ¿Qué significa para Paquito D'Rivera recibir esta distinción?

Paquito D’Rivera (PD’R): Salvando las distancias, al igual que Lizt, Ellington, Kousevitsky o Dizzy Gillespie, mi carrera como compositor va estrechamente ligada a la de intérprete, sobre todo en el jazz, donde cada improvisación sobre un tema propio o ajeno es a su vez una nueva (e irrepetible) composición. ¡Gracias a Dios que nos dio un Thomas Alba Edison!, ¿verdad? En cuanto a la medalla Cervantes, dicen que nadie es “mofeta” en su propia tierra, y para colmo, en nuestra tierra no existen esos olorosos animalitos ni en el zoológico, pues me han contado que los dos que había, se los comieron los vecinos de Bola de Nieve (que vivió sus últimos años en aquel barrio). Pero fuera de bromas, sin importar todos los premios que haya uno podido recibir en el mundo entero, recibir el reconocimiento de los paisanos es como regresar a casa después de un largo viaje.

AR: En sus memorias, describe su vida saxual, desde que empezó a tocar hasta estos días. ¿Hay algún recuerdo de su infancia que resuene en particular? Entre tantos músicos profesionales, ¿tenía amigos de su edad? ¿Tuvo una infancia, digamos, “normal”? ¿Recuerda su primera inclinación a la música?

PD’R: Sí que tuve una infancia feliz, tenía amiguitos de mi edad, y era temido por mis bromas pesadas, algunas que no me atrevo ni a comentar. Pero eso, junto al amor por la música, los animales y los libros, lo heredé de Tito, mi padre, que fue un notorio bromista en su juventud. Una vez le puso mantequilla al teclado del piano a Rafael Ortega, que salía vestido de frac al escenario del Cabaret Sans Souci a tocar un complicadísimo impromptu de Chopin. Vivíamos muy cerca de Tropicana, así que pasé gran parte de mi niñez y de mi vida adulta entre bailarinas, periodistas, cantantes, domadores de fieras, coreógrafos, luminotécnicos y músicos amigos de mi viejo, que era además importador de instrumentos y accesorios musicales. Ernesto Lecuona, Cachao, Pedrito Knight, Bebo Valdés, Gonzalo Roig, Luis y Pucho Escalante, Generoso Jiménez, Chocolate Armenteros y Chico O’Farrill visitaban frecuentemente su oficinita de Virtudes y Prado, y al paso de los años muchos se fueron convirtiendo en mis propios colegas y amigos.

AR: Cuando se sienta a componer, ¿sabe de antemano qué tipo de música será: clásica, jazz, etc.? ¿Trabaja en más de una pieza a la vez?

PD’R: Por lo general, trabajo en una sola pieza a la vez, aunque a veces tengo que dejar a un lado lo que estoy haciendo para terminar algo más urgente o inmediato. Casi siempre sé de qué se trata lo que estoy componiendo, aunque pocas veces (casi nunca) tengo la menor idea de cómo va a terminar la cosa. Compongo igual que improviso, y de la misma forma “jazzística” escribo cuentos, cartas, notas para discos y espectáculos, ensayos, periodismo y otros géneros literarios.

AR: Me pica la curiosidad: ¿qué música escucha en el carro?

PD’R: Casi siempre, la llamada música clásica, preferiblemente de compositores desde el romanticismo europeo hasta los contemporáneos. Stravinsky es uno de mis favoritos, aunque disfruto mucho a Brahms, Falla, Ravel, Franzetti, Jobim, Piazzolla, Lecuona, Billy Strayhorn y Chic Corea.

También escucho jazz, música brasileña y cualquier cosa interesante que me caiga en las manos. La orquesta de Count Basie me pone a saltar. Me emocionan Bola de Nieve, Carlos Embale y Rolando Laserie. Me fascinan Las Hermanas Márquez y la orquesta Aragón. También me apasiona el silencio; no entiendo que si no hay nada decente en el radio, para que escuchar cosas irrelevantes, cuando no desastrosas. Yo prefiero en casos análogos sintonizar el silencio y dejar descansar el oído. Y recordar, que es volver a vivir, como dice la letra del bolero que cantaba Blanca Rosa Gil.

AR: En 2007, fue compositor residente del Festival de Música Clásica de Caramoor. A petición de Caramoor, compuso “Conversaciones con Cachao”, un híbrido de música clásica y música popular que constituye un recorrido por la trayectoria artística de su amigo y colega Israel López Cachao, a la vez que todo un paseo por la historia musical de su país. La obra consta de tres movimientos (“Israel”, “Guajira en la nieve” y “El regreso”) compuestas a orillas del río Hudson y que, sin embargo, son profunda, tremendamente cubanas. ¿Puede decirnos algo de esta suite? ¿Cómo hace para componer guajiras en la nieve? ¿Tiene en planes grabar estas “Conversaciones”?

PD’R: “Yo descubrí a Cuba a orillas del Sena”, dijo Lydia Cabrera, exiliada en París casi desde que nos llegó la “liberación” castrista y castrante en 1959. Yo podría expresar algo similar con relación al río Hudson y la música cubana. La patria se agiganta en la distancia. Cachao ha sido una constante en la vida de muchos, pero sólo se conoce una parte muy limitada de su carrera. Yo quise rendir tributo a su versatilidad, desde su contribución al danzón y otros géneros musicales cubanos, hasta sus años como músico de variedades, operático y sinfónico. Hay en la pieza hasta una pequeña alegoría a los chinos, pues Cachao, como casi todos los músicos habaneros, siempre hablaba del restaurante “El Pacífico” en un quinto y ventilado piso cerca de la calle Zanja, y de la famosa sopa china de madrugada en la Plaza del mercado, al salir de los cabarets. Aunque muchos contrabajistas se han interesado en tocarla, nadie habla aun de grabar la obra, pero a propósito de grabar conversaciones, Fidel es un verdadero experto en eso; ¡sino que le pregunten a Vicente Fox!

AR: Usted nunca ha sido Paco, ni Francisco, sino Paquito, un diminutivo que anuncia su personalidad juguetona, gustosa del trato familiar y siempre presta a gastar una broma... Por otra parte, su más reciente nominación al Grammy fue como mejor solo en el tema “Paq-Man” del disco “XYZ”. Paq-Man es además el sobrenombre con el que firma su correspondencia. Sin embargo, de Paquito a Paq-Man no hay mucha distancia: uno es un niño; el otro tiene pinta de superhéroe. Todo este preámbulo para decir que goza de un humor estupendo. ¿Qué lo saca de sus casillas?

PD’R: Las camisetas, t-shirts, pullovers, remeras o como quieran llamarle, del Che Guevara. Es curioso (e indignante) que la gente use la imagen de un ser tan lamentable, del que no sabe absolutamente nada.

AR: ¿Qué proyecto(s) tiene entre manos?

PD’R: “Cecilio Valdés, Rey de La Habana”, una ópera cubana que usa voces operativas, jazzísticas, populares, de rap y rumberas, en ocasiones al mismo tiempo, en la misma canción.

AR: ¿Por qué se inspiró en una zarzuela cubana de principios del siglo XX para recrear esta obra?

PD’R: Yo leí la novela de Villaverde varias veces, y también La Loma del Ángel, de Reinaldo Arenas. Ambas me impresionaron de diversas formas. Por otra parte, trabajé desde niño con el maestro Gonzalo Roig, autor de la zarzuela del mismo nombre, cuya música es sumamente inspirada, mientras que el libreto deja mucho que desear. Por muchos años entretuve la idea de escribir una versión contemporánea de la historia, pero tenía lagunas que me impedían reconstruir la etapa de los ochenta y sobre todo la de los noventa, que no las viví en Cuba. Yo no vi nunca una jinetera, o un “paladar” por solo citar un par de ejemplos. Es ahí cuando llamo a Enrique del Risco ―a quien he admirado como escritor y humorista por algunos años― le explico mi idea, que Patricia Gamboa es la hija de un general cubano que la quiere casar con un gallego sobrino de su socio en el negocio del turismo. Pero ella se enamora de Cecilio Valdés, un popular mulato cantante. Hablamos de los demás personajes y le pido que me ayude a co-escribir el libreto. A los tres o cuatro días se aparece “Enrisco” en casa con el libreto armado casi completamente y me propone invitar a Alexis Romay ―a quien yo no conocía entonces― a colaborar en las letras de algunas canciones. Esto es a grandes rasgos en lo que estamos, y esta noche se estrenan algunas canciones de este proyecto, que ya ha logrado interesar a los del Teatro Real de Madrid, que inclusive vinieron desde la capital española a reunirse con nosotros.

AR: Es autor de un par de libros: las antedichas memorias y ¡Oh, La Habana!, una novela con tintes autobiográficos. Recientemente ha mencionado que está escribiendo un tercer libro: ¿nos adelanta un fragmentillo?

PD’R: Bueno, ¡Oh, La Habana!, (que es también el título de una conga), es realmente una visión humorística y romántica de La Habana artística de los cuarenta y cincuenta, donde casi todos los personajes ―Ernest Hemingway, Caruso, Las Hermanas Márquez, Tommy Dorsey, Fulgencio Batista, Georges Raft, Chico O’Farrill, Tony Bennet, Celia Cruz, Desi Arnaz, Dámaso Pérez Prado, y hasta su protagonista, el trombonista guantanamero Pucho Escalante― son reales. Pero después de pasear al lector desde Uganda y El Cairo hasta Buenos Aires y El Cuzco, poco a poco la otrora hermosísima ciudad de las columnas se va convirtiendo en el personaje central de la novela.

Ahora trabajo (en mis escasas horas libres) en “Paisajes y Retratos”, un libro de viajes y gente interesante que conocí en ellos. Ya tengo algunos “retratos” de Juana Bacallao, Dizzy Gillespie, Astor Piazzolla, German Pinelli, Bola de Nieva y el compositor Fernando Mulens, que tenía fama de ser muy entretenido y cierta vez paró un carro patrullero de la policía para que lo llevara a Radio Progreso, creyendo que era un taxi. Es muy divertido, sobre todo un capítulo que se llama “Sherlock Holmes en La Habana”, sobre la primera visita de Dizzy Gillespie a Cuba…
***
Foto: © Lane Pederson

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy agradable entrevista. Ambos personajes son un vacilón. Me consta.
Ciao Italia.

Anónimo dijo...

Paquito como siempre...
Genio y figura hasta la sepultura.
Gracias por la entrevista, es un regal.
Saludos
F.C.

Eufrates del Valle dijo...

Excelente, Bustro. Muy buena entrevista. La he disfrutado mucho.

López-Ramos dijo...

Gracias Bustro y Paqman por este vacilable intercambio. Esperamos con entusiasmo esa ópera ceciliana y villa-verdiana.
Abrazo a ambos,
R