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viernes, marzo 13, 2009

Estampas habaneras (XIX)

La esquina del pecado
Teresa Dovalpage

Se le llamaba en tiempos más felices a la intersección de Galiano y San Rafael, como recordará todavía algún que otro habanero recalcitrante. Allá por los cincuenta, en el Ten Cent vendían helados de barquillo “a la moda americana.” Las vidrieras de Flogar y de El Encanto exhibían modelitos que parecían sacados de revistas de modas. No muy lejos, por Prado y Neptuno, se contoneaba la Engañadora, aquella chiquita que:
Estaba gordita
Muy bien formadita
Y en resumen, colosal.


Antes de que se descubriera el relleno que la aderezaba, a manera de pavo navideño…


Pero ya en los setenta no quedaban ni el olor de la Engañadora ni helados de barquillos ni ropita de moda. En cuanto al concepto de pecado, éste entonces se hallaba bastante devaluado —ahora lo está más todavía, claro—. El caso es que a mis cinco o seis años caminaba yo por aquellas calles de la mano de mi abuela, a quien se le ocurre decirme que estábamos pasando por “la esquina del pecado”.

—¿Y qué quiere decir pecado, abuela?

La susodicha hizo una pausa antes de contestarme. Miró alrededor, en silencio. Yo seguí la dirección de su mirada y vi lo mismo que ella: la acera sucia, manchada de desperdicios entre los que se destacaba un plátano podrido; Flogar cerrada por reparaciones, como medio país; cuatro pomos de champú y un par de ollas de aluminio en las vidrieras sucias del antiguo Ten Cent; una guagua Leyland que pasaba junto a nosotras, echando al aire vapores nauseabundos… Mi abuela abarcó todo aquello con un ademán y contestó, bajito:

Esto es pecado, corazón.

10 comentarios:

Cero Circunloquios dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cero Circunloquios dijo...

Recuerdo que acabada de llegar de Cuba, fuí a un restaurant que entonces estaba frente al Mall de Las Américas, Casa Larios. En las paredes colgadas habían muchas fotos de la Habana, entre ellas una de Prado y Neptuno; no te imaginas cuanto lloré al casi no reconocer esa esquinita de mi Habana, esquina que mis pies caminaron casi diariamente por 27 años... La dependiente, me dijo: ¿Mi niña, que tiempo llevas aquí?, le conteste apenas dos meses a lo que me respondió; Ay mi amor, no sabes nada!!
Por lo menos a mi me duele ver esas imagenes de la Habana y verla como nosotros la vimos caerse a pedazos, desatendida, es como si le tuvieran roña..
Cuando un extrangero me preguntan de donde eres, con orgullo digo, como si ella fuese un país; Yo? yo soy de la Habana... Ante mis ojos así toda fea, descascarada, es una ciudad mágica y con ansias espero el día en que pueda, por fin, compartirla con mi hija......
Niurki

Anónimo dijo...

Mi hermana era modista y acostumbraba a llevarme los fines de semana a" mirar las vidrieras" de las tiendas que en aquella etapa eran muy bonitas. Estaban decoradas por disenadores como si pasearas por El corte Ingles de Madrid. Las empleadas perfectamente bien maquilladas y vestidas se desvivian en atenciones, asi creci hasta que de pronto todo empezo a desaparecer y a deteriorarse al punto que antes de irme de Cuba fui a caminar por Galiano y me encontre, las vidrieras rotas, la mercancia de mala calidad y mal gusto con precios no aptos a la poblacion, grandes colas en los mejores articulos y los portales de las tiendas rodeados de ladrones,vagabundos, y sobre todo churre y mal olor.
Omara

Rosa dijo...

Que pena, que pena que todo acabooo

Que bien lo dijo tu abuela Tessy, el pecado mayor, el de asesinato, es el que han cometido los Castro y compañía con nuestra Habana que se nos cae a pedazos, a ver hasta cuando.

Anónimo dijo...

Razón tenía tu abuelita, eso sí es un pecado, Teresita...

Saludos
F.C.

Teresa Dovalpage dijo...

¡Hola, chicas!
Gracias por sus comentarios. Qué triste debe ser tener buenos recuerdos de La Habana y haberla visto caerse a pedazos, como dice Rosie. Mi generación ya la encontró en ruinas, de modo que no tenemos el "referente" lo cual es una desventaja nuestra sin dudas. Omara, tienes razón al recordar los malos olores, allí olía a rayos, y todavía huele a lo mismo, porque las columnas de los soportales se usaban como urinario público por los noctívagos.

Ernesto G. dijo...

Teresa, mi esposa se acaba de leer uno de tus libros (Muerte de un murciano en la Habana) y le ha gustado mucho. Saludos.

Anónimo dijo...

Así es Tere, es pecado de lesa ciudad.

Saludos

CRA

Cristina dijo...

Tere, en la esquina de Prado y Neptuno vivía una amiga mía. Era un antiguo hotel convertido en muchos cuchitriles. Conservaba un espejo enorme de sus buenos tiempos. Un dia oigo decir que el edificio se cayó y corrí para allá. La mitad del edificio se desplomó; la otra, donde pernoctaba mi amiga quedó intacta, aunque sin escaleras para bajar. La sacaron los bomberos. Otra amiga sí murió en un derrumbe cerca de allí. Murió asfixiada por todo el polvo que se le vino encima. Algunos sobrevivieron para hacer el cuento. Otros no. Es parte de la historia del pecado que nos toca.

Anónimo dijo...

Teresa:

Debes saber que me encanto Posesas de la Habana, me senti dentro de la novela. Soy la mas chiquita y mis hermanos bien mayores que yo por tanto tuve la suerte de conocer las generaciones de tus personajes y sus lenguajes. Fue como si estuviera oyendoles en algun momento.
Por Culpa de Candela tambien me gusto mucho . Muchas gracias por
hacerme vivir momentos tan agradables.
Omara