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lunes, marzo 16, 2009

Autorretrato con vértigo y servilleta

[Transcripción]

Yo soy un jodedor, no te lo niego:
un jodedor sabroso y muy cubano
que se burla a diario del tirano
y su imperio vulgar y palaciego.

De mi tierra me queda un fiel apego
al desparpajo libre y soberano,
al color subversivo del verano,
al gemido de un piano viejo y ciego,

a ciertas insondables tradiciones,
a la noche que es mía y es de todos
—esa patria fugaz que me recibe

y me cura del odio y las traiciones:
de los polvos que hicieron estos lodos—
y a una tarde perdida en el Caribe.

domingo, marzo 15, 2009

Cosas y azares

A unos pasos del Templo de la Concordia —uno de los templos de orden dórico mejor conservados en el mundo— en las colinas de Agrigento, una familia española removía con sus alegres pasos el polvo milenario. Al aproximarnos, escuché una algarabía propia de la infancia. Razón sobraba: el más pequeño de los chicos tenía un lagarto apresado en sus manos y con el júbilo de quien descubre el agua tibia lo enseñaba a sus padres, su hermanito mayor y su abuela. El reptil tiraba dentelladas a diestra y siniestra en un intento desesperado por zafarse de su inocente depredador y el chico se jactaba del nuevo juguete cuando sucedió lo inevitable: el animal pudo por fin morderle un dedo. Estas tres acciones que describo acontecieron casi al unísono: el niño lo soltó con más sorpresa que dolor, el lagarto cayó al suelo y puso pies en polvorosa y el hermano mayor tuvo una idea tan feliz como terrible: agarrar al lagarto por la cola.

La cola se partió.

El mayorcito hizo un puchero, pero antes de que perturbara la paz con una perreta, tanto su padre como yo dijimos a la vez y con palabras similares que no tenía que preocuparse: la cola regeneraría. El chico se tranquilizó al momento, en tanto los adultos nos saludábamos y despedíamos en castellano. Nosotros íbamos; ellos venían.

Seguimos caminando rumbo al templo. Llevaba en mis manos la consabida botella de agua y una edición bilingüe de la obra poética de Borges: entre ruina y ruina intentaba memorizar su “Poesia dei doni”. Ya sólo me restaba dominar las últimas dos estrofas cuando descubrí con vago horror sagrado que yo era el lagarto: para ganar la vida, había sacrificado un pedazo de mí. La cola que perdió el animal —pasada por el filtro de la metáfora— era ese cúmulo de impresiones y lugares comunes y extraordinarios que el tiempo no borra: mis calles, mis amigos, la mar de tías que hace una década no veo y aún añoro, los ojos de mi abuela que no pude ver apagarse, el olor a mar, el parque donde metía unos goles concebidos en Brasil, la cadencia y el acento del español que se masculla en La Habana y la posibilidad misma de desenvolverme a diario en la lengua que aprendí en la cuna, los baches de mi ciudad natal, en los que no cabía mi incredulidad, pero sí tres cuartas partes de mi bicicleta…

Pasada la reacción inicial, sentí un alivio profundo: en mi caso, por fortuna, la cola ya ha regenerado. Sin más pesares, regresé al poema en italiano. La estrofa que escogí —de manera aleatoria— reza en el original: «Algo que ciertamente no se nombra/ con la palabra azar rige estas cosas».

sábado, marzo 14, 2009

Otorrinolaringólogo vs. podiatra

Me preguntaba mi esposa —cuya lengua adoptiva es el castellano— por qué había usado en un texto del blog un rejuego de palabras que generaba una ligera cacofonía.

Mi respuesta fue rápida y torpe: «Yo escribo con el oído».

La de ella no tiene desperdicio: «Ok. Yo leo con el pie».

viernes, marzo 13, 2009

Viernes decadentes, en Miami, con Alina Brouwer


Estampas habaneras (XIX)

La esquina del pecado
Teresa Dovalpage

Se le llamaba en tiempos más felices a la intersección de Galiano y San Rafael, como recordará todavía algún que otro habanero recalcitrante. Allá por los cincuenta, en el Ten Cent vendían helados de barquillo “a la moda americana.” Las vidrieras de Flogar y de El Encanto exhibían modelitos que parecían sacados de revistas de modas. No muy lejos, por Prado y Neptuno, se contoneaba la Engañadora, aquella chiquita que:
Estaba gordita
Muy bien formadita
Y en resumen, colosal.


Antes de que se descubriera el relleno que la aderezaba, a manera de pavo navideño…


Pero ya en los setenta no quedaban ni el olor de la Engañadora ni helados de barquillos ni ropita de moda. En cuanto al concepto de pecado, éste entonces se hallaba bastante devaluado —ahora lo está más todavía, claro—. El caso es que a mis cinco o seis años caminaba yo por aquellas calles de la mano de mi abuela, a quien se le ocurre decirme que estábamos pasando por “la esquina del pecado”.

—¿Y qué quiere decir pecado, abuela?

La susodicha hizo una pausa antes de contestarme. Miró alrededor, en silencio. Yo seguí la dirección de su mirada y vi lo mismo que ella: la acera sucia, manchada de desperdicios entre los que se destacaba un plátano podrido; Flogar cerrada por reparaciones, como medio país; cuatro pomos de champú y un par de ollas de aluminio en las vidrieras sucias del antiguo Ten Cent; una guagua Leyland que pasaba junto a nosotras, echando al aire vapores nauseabundos… Mi abuela abarcó todo aquello con un ademán y contestó, bajito:

—Esto es pecado, corazón.

jueves, marzo 12, 2009

Texto en harapos

La semana pasada el siempre aguzado Manuel Sosa hacía notar que se le agotan las metáforas al compañero, en referencia a la sobrecogedora escasez de imágenes que agobia al Reflexionista en Jefe. Hoy, con cierto atraso, he leído un alucinante artículo de ese amante de dictaduras ajenas que es el diputado Jordi Miralles. Por lo visto, esta agudísima carencia de metáforas no es patrimonio del modelo de Adidas, sino que pica y se extiende entre los miembros de la izquierda de caviar más furibunda.

Donde el vetusto dictador, a principios de febrero de este año, dictaba: «Hay quienes se rasgan las vestiduras si se expresa cualquier opinión crítica sobre el importante personaje, aunque se haga con decencia y respeto (…)»; el señor Miralles, un mes más tarde, escribiría: «Tergiversan, se excitan y se rasgan las vestiduras si diputados de izquierdas van a manifestaciones que no son —a su entender— políticamente correctas (…)».

¡Vaya obsesión con la ropa vieja!

Mientras tanto, somos los lectores —y quienes tenemos un mínimo de sentido común o de decencia y quienes apreciamos la libertad por sobre todas las cosas y quienes en resumidas cuentas sabemos lo que es (sobre)vivir en Cuba— quienes nos rasgamos las vestiduras ante tanta idiotez desparramada.

La cacareada batalla de ideas es —sobre todas las cosas— la batalla de las imágenes. Y, como queda visto, a estos pobres diablos ya les van quedando muy pocas.

Esto, damas y caballeros, hay que celebrarlo.

miércoles, marzo 11, 2009

Carne de identidad

Anoche fuimos a cenar a una trattoria local. A la entrada, el camarero nos recibió con amabilidad extrema, nos escoltó hasta la mesa con sendos menús, me trajo una cerveza a falta de Gin & Tonic y —en el momento en que me levanté para ir al baño— le preguntó a mi esposa sobre nuestra procedencia, dado que parlamos el italiano con poco acento y mucho desparpajo. Mi esposa nos ahorró mi pasatiempo favorito, que practico en todas partes y en todas las lenguas. En inglés es mucho más divertido: la semana pasada, por ejemplo, un interlocutor pasajero que intentaba adivinar mi origen en un Starbucks cualquiera camino de cualquier parte me llamó libanés, luego, egipcio, luego, israelí. Para ponerle la tapa al pomo, dijo que quizá era del Caribe francófono o angloparlante y que a lo mejor había estudiado en Inglaterra. Ahí fue cuando mi esposa, entre risas, reveló el secreto.

No siempre ha sido así. En mi época de recién llegado a Nueva York, parecía tener un anuncio neón en la frente con la leyenda: «Soy cubano, ¡pregúnteme cualquier cosa!». Años más tarde, el cartel —con la paulatina asimilación— se fue disipando hasta desaparecer; pero entre uno y otro punto me han llamado desde peruano hasta marroquí, desde indio de Bombay hasta descendiente de tribus aborígenes norteamericanas. Un detalle notable: con el paso del tiempo ha desaparecido casi por completo mi “background hispano”. Por estos días hay gente que se asombra cuando —tras pasar revista al listado de países miembro de la ONU— descubre que soy de la isla.

Pero volvamos a la trattoria. Al regresar a la mesa, el camarero más carismático del mundo —muy para mi sorpresa— me dijo: «¡Cubano!». Este entusiasmo a ratos me pone suspicaz. Por lo general, va acompañado de: «¡Me encanta Fidel!», o alguna torpe variación sobre el tema, que hace que una comida que podría haber trascendido sin mayores altibajos se convierta en un intercambio —a veces sensato, a veces no tanto— de impresiones sobre la isla que se repite entre dos seres tan distintos como distantes: uno de los cuales no ha pisado jamás Cuba, mientras el otro se jacta de haberla recorrido desde uno a otro confín, delfín.

Le pregunté cómo había reconocido mi origen. Se señaló a la cara, como diciendo: «lo llevas escrito». No pude evitar una sonrisa. Acto seguido, mientras hacía un gesto con la mano —que luego usaría yo para indicar que el plato fuerte estaba delicioso— me dijo: «¡Chicas!».

(Por cierto, Jorge Ferrer destacaba recientemente el hecho de que en primera plana de El País coincidieran en el mismo día dos Cubas: una, en la deplorable imagen de quien ha luchado a brazo partido por imponer su voluntad así en la tierra como en el exilio; la otra, en un despampanante trasero de mujer).

Para mi fortuna —y quizá para facilitar mi digestión futura—,
el camarero optó por la levedad en el intercambio; a diferencia de todos los “expertos en Cuba” que en situaciones similares argumentan en defensa del régimen, queriendo hacer alarde de conocer la historia de la isla con el simple hecho de mencionar a Batista, para luego desear que se los trague la tierra cuando les pregunto su nombre y no saben responder “Fulgencio”.

Lo cierto es que estas conversaciones de ahora para luego sobre Castro o sobre las chicas cubanas tienen algo en común: la trivialidad.

No saquen las pistolas, lectores, que no aún no termino.

Como lo pide la ocasión, me remito a Los italianos, de Luigi Barzini: «No todos los miembros del partido comunista quieren iniciar una revolución. La mayoría de ellos prefiere disfrutar el estatus de revolucionario en una asustadiza sociedad capitalista».

Aceptémoslo: a quienes defienden lo indefendible les importa un bledo la suerte o desgracia de nuestra nación. No están capacitados para dialogar pues ya han decidido a priori que tienen la razón y no hay argumento en el universo capaz de convencerlos de lo contrario. Más allá de redundar en los ya desmontados mitos de la educación y la salud, no les interesa admitir su ignorancia en el tema que (mal)tratan. Por muy profundo que sea el análisis que hagamos de la realidad cubana, no querrán oírlo, enfrascados como estarán en regresar a donde dan pie: las aguas turbias de los lugares comunes.

Hoy —que duermo cerca del mar— pienso que no quieren profundidad, pues no saben cómo nadar en ella.

martes, marzo 10, 2009

Cuba: ¿cuán linda es Cuba?

Un amigo me anuncia que ya «está abierta la convocatoria para el I Festival Pioneril de la Canción “Cuba, qué linda es Cuba”». En dicho Festival, a decir del periódico Juventud Rebelde —cuyo nombre más apropiado sería Senectud Taimada—, «los pioneros que participen (Moncadistas y José Martí) competirán con obras cubanas del repertorio patriótico, tradicional y de nuestra cancionística».

El incipiente festival toma su nombre de aquella empalagosa canción de Eduardo Saborit Pérez que tanto hizo —el compositor, su dichosa cantaleta— por trastocar a la nación en su tirano.

Es mi deseo que ésta, mi adaptación libre —en toda la extensión de la palabra— de “Cuba, qué linda es Cuba” —que aquí transcribo para deleite de pioneros Moncadistas y José Martí— vaya en aras de enriquecer el «repertorio patriótico, tradicional y de nuestra cancionística».

Cuba, qué horrible es Cuba

Oye, tú que dices que mi Cuba no es tan linda,
oye, tú que dices que lo mío no es tan bello,
yo te invito a que me invites por el mundo:
tantas ganas tengo de ver otro cielo,
una luna tan brillante, una doncella
que me haga olvidar el miedo y la patraña
y a Fidel, esa gran alimaña,
¡ojalá no nos deje ni una huella!

Estribillo:
Cuba, ¡qué horrible es Cuba!
Si tú te escapas, lo entenderás.
¡Qué horrible es Cuba!

Cuba, ¡qué horrible es Cuba!
Si te despiertas, ya lo verás.
¡Qué horrible es Cuba!

***
H/T: EHB.

lunes, marzo 09, 2009

Parte del día

Ocho horas de vuelo, una lectura minuciosa de Los apuñaladores y varios poemas de Borges, el repaso de un libro de ejercicios de ajedrez convoyado de una película que olvidé —entre bostezos— tan pronto subieron los créditos, el cansancio transatlántico y familiar que me acoge a cualquier lado del océano, este acceso limitado a internet y, cuando al fin encuentro un par de minutos para conectarme a la red de redes, dos mensajes de sendos amigos que me anuncian que los lectores de Belascoaín y Neptuno han encontrado en su lugar otra esquina notoria: la de Blanco y Trocadero.

Al parecer, los visitantes del blog —quién sabe por cuánto tiempo— sólo han tenido acceso a la columna de la derecha, pero en la izquierda, donde aparecen las entradas diarias, los ha recibido el silencio.

(Hago un aparte para felicitar a los muchachos de la UCI y demás brigadas cibernéticas de apoyo al régimen cubano por laborar horas extra. Les deseo de todo corazón ¡que Castro se los pague con un Moskovich!).

Las conclusiones del día son obvias: es sabido que los escritores —y los lectores— le tenemos pavor a la página en blanco. Pero los dictadores —y sus secuaces— temen mucho más a la página escrita.

¡Basta ya!

Foto: Alejandro López.

domingo, marzo 08, 2009

El Comandante hace una semblanza de Pichirilo

Pichirilo: periodista,
también expedicionario
del Granma —no del diario,
¡del yate!—; fue un vanguardista.
¡Pichirilo era un artista!
Te lo digo y lo reitero:
Raúl es un pendenciero,
¡me quiere robar la finca!
Aquí el que no baila, ¡brinca!
¡Mi hermano es un cizañero!
***
Foto: Generación Y.

sábado, marzo 07, 2009

Diálogo en el circo ambulante (también llamado “Feria del Libro”), en Ciego de Ávila

—Yo tengo una luz que irradia.
—¿Qué irradia? —¡Sabiduría!
¡La feria de la alegría!
—¿Se puede comprar
Livadia,
o aquel del Infante:
Arcadia
todas las noches? —¡Ni muerto!
Deja de soñar despierto
y contempla el panorama:
Abel Prieto en el programa…
—¡Yo no leo a ese mamerto!

viernes, marzo 06, 2009

Estampa mexicana (para variar)

Calle Tacuba, frente a la Plaza Manuel Tolsá
Teresa Dovalpage

Donde queda el Palacio de Minería, sede de la animadísima Feria del Libro... Allí llegué el viernes pasado después de recorrer con terror mal disimulado varias calles del centro. Porque algunas amistades (con excelentes intenciones, qué duda cabe) me habían atiborrado de recomendaciones parapelos antes de salir de Albuquerque. Desde “no cojas taxis en la calle que te hacen un secuestro express” hasta “agarra bien la cartera que te la arrebatan en un decir Jesús.” Así que andaba yo con la cartera abrazada como un bebé y en el coche de San Fernando, un ratico a pie y otro caminando.Pero me protegió la suerte, o los orishas, porque no tuve el más mínimo problema. Aunque eso sí, no pude evitar que se me asomara la oreja de guajira como cuando pasé por un local donde se leía “Café de Tacuba”, situado en la calle del mismo nombre. Yo, toda emocionada: “¡Ay, éste es el que se menciona en La culpa es de los tlaxcaltecas, de Elena Garro!”. Y la aclaración pertinente: “No, güerita, ese que usted dice es el Café Tacuba, que está en la calle Cinco de Mayo. Éste es el Café de Tacuba”. Vaya, cará.

Meteduras del delicado pie aparte, mis experiencias en la Ciudad de México no pudieron ser más agradables. Empezando con la “Lectura de narradoras latinoamericanas”, con Odette Alonso y Carla Quintanar, en la que endilgué mi cuentito “Visa poética para Chihuahua”, y siguiendo con una escapada al Sanborn’s de los azulejos, donde mandé a la luna a la dieta del South Beach y comí como una cochinita… pibil.


Volví a la feria, ya con la panza llena, para el lanzamiento de la novela Espejo de tres cuerpos de Odette Alonso, publicada por Quimera Ediciones. La autora, el editor Sergio Téllez-Pon y una servidora les servimos un aperitivo literario a los asistentes. El sábado fue la presentación de la antología Dos Orillas. Voces en la narrativa lésbica (Editorial Egales, Barcelona). De ahí nos fuimos en bolón para el departamento de Odette y Dora a seguir la pachanga. Y el domingo, ya con una pata en el avión, mi pana venezolana, la poeta Eleonora Requena, y yo nos lanzamos a la caza de artesanías antes de presentar mi ponencia sobre Eve Gil en la mesa redonda sobre Ensayistas latinoamericanas.

¿Qué más les cuento? Pues que me quedé con ganas de volver al DF. Pero con tiempo, eh. Les debo una visita a las pirámides y a la casa museo de Frida Kahlo. Ah, y al verdadero Café Tacuba, pues no faltaba más.


***
En la foto: Odette Alonso, Eleonora Requena, Carla Quintanar, Eve Gil y Teresa Dovalpage.

jueves, marzo 05, 2009

Sobre una lista que no es “smart” ni está “ready”

Leonardo Padura ha preparado para el diario británico The Guardian un listado de las que son, a su juicio, las diez novelas cubanas más importantes.

Noto no con poca alegría que d
icha lista, arbitraria como todas, incluye los Tres tristes tigres de Cabrera Infante, a pesar de que el comentario al respecto escamotea que el propio GCI —junto a Suzanne Jill Levine y Donald Gardner— es uno de los traductores al inglés de la obra. La selección incluye también ese documento maldito, hilarante e imprescindible que es Antes que anochezca, a pesar de que se trata de un libro de memorias.

Hasta ahí, santo y bueno. Pero veo que Cabrera Infante y Reinaldo Arenas aparecen en semejante lista acompañados de Lisandro Otero, ese terrible policía de la cultura, a quien difícilmente se podría acusar de escritor (por la abrumadora falta de evidencias).

Más atención para la próxima, compilador.

***
Para rematar: No paro de reír. El pie de la foto que convoya (con perdón) el artículo de Padura (y que publico abajo) reza: “una mirada más allá de los clichés… Dos músicos en el malecón de La Habana”. Sin comentarios.

Foto: Eamonn McCabe

Los viernes decadentes, con Alina Brouwer

La colmenita

A propósito de las sonadas destituciones en la cúpula del régimen cubano, el vetusto y enajenado convaleciente ha escrito que: «La miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno, (sic) despertó en ellos ambiciones que los condujeron a un papel indigno».

Para seguir a tono con las metáforas del Reflexionista en Jefe: su desfachatez equivale a la del oso que —luego de que con sus garras crueles y su desmedido gusto por el néctar que empalaga— ha destruido el panal y ha aterrorizado a todas las abejas obreras, se dedica a acusar a los zánganos de sabotaje.

Apuntes sobre el gardeo a presión

Si usted intenta visitar el blog Generación Y, de Yoani Sánchez, así como el resto de los blogs alojados en la plataforma “Desde Cuba”, se encontrará con una nota en varios idiomas que advierte que «la página no se encuentra disponible en estos momentos».

He aquí el verdadero bloqueo que sufren los cubanos:


H/T: Rosa.

Los pro (democracia) vs. los contra(tados)

Los seis primeros minutos del video muestran nuestra manifestación en pro de la democracia en Cuba. Los tres restantes se ocupan del grupito de despistados en la otra esquina.



H/T: Enrisco.

miércoles, marzo 04, 2009

Millones de palabras

El refrán reza que una imagen vale mil palabras. Entonces, las fotos que siguen —cortesía de Alejandro López— lo dicen todo.

También recomiendo encarecidamente los álbumes que han subido a las páginas de Flicker y Kodak Adabais y Aymara respectivamente.






Ni derecha ni izquierda: ¡derechos!

Entre los saldos positivos de la reciente manifestación frente a la guarida del monstruo, Enrisco mencionaba las nuevas conexiones que hicimos, ese reconocerse los unos en los otros, en la calle, codo a codo, siendo mucho más que un grupo que se enfrenta en una tarde fría a un régimen, que para la ocasión es un edificio sordo desde cuyas ventanas semi-abiertas las cámaras toman fotos a la velocidad de la mala idea.

El domingo pasado tuve la dicha de compartir megáfono, acera y causa con la irremplazable Alina Brouwer, con ese encanto que son
Niurkita Palomino y Ley Martínez —quienes vinieron desde Miami exclusivamente para la protesta—, con ese poeta ejemplar que es mi amigo Jorge Salcedo y su adorable esposa —quienes se aventuraron desde Boston—, con Bauta y su desopilante media naranja, con mi hermano Enrique del Risco, con los ex presos políticos que residen en el área, con el artista plástico Alejandro López —que se apareció, como pedía la ocasión, vestido de escudo nacional y encadenado—, con ese imprescindible que es Iván Acosta, con el gran Paquito D’Rivera y su vida saxual… La lista de gente grata se extiende y el formato del blog —y la orquesta, que ya empezó a tocar la musiquita— me impide mencionar a cuantos me estrecharon en un abrazo: gente que vino de Connecticut, de Pensilvania, de Newton; familiares de quienes fueran arrestados arbitrariamente y sentenciados de igual forma en la Primavera Negra del nefasto 2003. Gente linda, lo digo sin reparos.

De todas estas nuevas caras ya entrañables, destaco hoy a Carmen Pelaez, la creadora e intérprete de Rum & Coke —obra que tuvo una excelente acogida de crítica y público durante su puesta en escena—. En medio de la vorágine de la manifestación, del saxo soprano del Paq-Man cantándole las cuarenta al régimen, de las voces que clamaban por una Cuba libre y de ese pueblo enérgico y viril que hacía temblar a la injusticia desde el tramo de Lexington entre las calles 38 y 39, Carmen y yo tuvimos un par de minutos (a lo sumo) para hablar de cómo hacer nuestro mensaje más efectivo; tiempo suficiente para que Carmen mencionara el proyecto “Tus Derechos Humanos”, cuyo objetivo es tan sencillo como brillante y transparente: demostrar con una serie de ejemplos de la vida cotidiana en qué consisten los derechos humanos. A tal fin, los gestores han preparado un magnífico cuaderno —que pueden consultar aquí, en PDF— cuya circulación en la isla contribuiría tremendamente a informar al cubano de a pie de sus derechos conculcados a diario.

A quienes lean esta nota, les ruego que tengan la bondad de divulgar “Tus Derechos Humanos” en toda la blogosfera y, dentro de lo posible, en la Cuba que sufre, para la cual, ya lo dijo el Maestro, dedicamos la primera palabra.

***
Foto: Carmen Pelaez.