Hizo época su máxima rojiza
y el furor de saberse en sus palabras
incitó violentos abracadabras,
algún acto de oprobio y su paliza.
Repitió su metáfora sangrante.
Fue best-seller de la inocencia ajena.
Su índice conjuraba la condena.
Su pulgar aplastaba al discrepante.
Equivocó lo diestro y lo siniestro…
Un cubano se opuso a sus mandatos
y encontró mucho exilio y pocas nueces.
La ironía hoy actúa en favor nuestro:
sus venas se abren sólo a los ingratos,
convierten sus victorias en reveses.
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