sábado, junio 07, 2008

Paseíllo diurno por Toronto

No hago más que llegar a una ciudad y ya quiero adentrarme en sus librerías independientes. (Admito que me hacen sentir un poco voyeur: los hábitos de lectura de sus vecinos tienden a reflejarse en los anaqueles). A unos pasos del China Town y la Universidad de Toronto, encontramos una en la que se precian de “reciclar” libros. Me gusta su atmósfera, su olor a páginas leídas una y otra vez, la perra que tira un pestañazo en el mostrador y no se inmuta con el trasiego de gente y volúmenes… Fiel a mis vicios, compro un libro de ajedrez (envuelto en nylon, editado en los noventa). Horas después, en el hotel, notaré que ―como debí sospechar―, el texto está escrito en “notación descriptiva”. Entonces resolveré un par de problemas y lo olvidaré a un lado de la cama. Pero por el momento no hay queja. El clima es ideal. La compañía, perfecta.

4 comentarios:

  1. Las Librerías son el alma de una ciudad, los libreros son médicos del alma. Besos. Grosse Tête.

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  2. Como dice Grosse Tête, y gracias, Bustro, por llevarnos contigo.

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  3. Gracias estimadas Grosse Tête e Isis y muy dilecto Eufrates. Besos y abrazos, según correspondan.

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